Hannia Novell

México enfrenta a oscuras la pandemia del coronavirus, la caída estrepitosa de los precios internacionales del petróleo, la devaluación del peso en los mercados y la recesión de la economía mundial.

Justo cuando era preciso el reconocimiento de la tormenta y un golpe de timón, el presidente Andrés Manuel López Obrador optó por el autoelogio y las promesas vacías de siempre, para dejar a México a la deriva.

Decepcionante hasta para sus fanáticos, el mandatario mexicano perdió la oportunidad de ser el líder nacional ante la mayor crisis de los tiempos contemporáneos. Invocar a Roosevelt, Bolívar y a Benito Juárez sólo demostró la enorme distancia existente entre esos tres personajes de la historia mundial y el inquilino de Palacio Nacional.

A golpe de limosnas disfrazadas de programas sociales y de ofertas ilusorias, López Obrador pretende enfrentar la desaceleración del crecimiento económico y las secuelas del Covid-19.

Mientras millones de mexicanos se ven obligados a mirar de frente a la pobreza y el desempleo, el presidente insiste en privilegiar sus megaproyectos de la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto de Santa Lucía, dese luego, con cargo al Fondo de Estabilización de Ingresos Presupuestarios.

Las críticas que lanzó contra “quienes durante mucho tiempo aplicaron la política de privatizar ganancias y socializar pérdidas” pierde sentido si ante la emergencia no hay apoyos para pagar deudas de luz, agua y créditos de Infonavit. Tampoco medidas extraordinarias para las micro, pequeñas y medianas empresas que concentran más de 70% de todos los empleos en el país. 

Mientras otras naciones han destinado entre 2, 3 o 4% del Producto Interno Bruto (PIB), el gobernante mexicano prometió crear dos millones de empleos en los próximos nueve meses, sin decir en qué sectores ni con qué inversión. 

No en vano, Gustavo de Hoyos, presidente de la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), advirtió que la economía mexicana terminará el año con un crecimiento negativo de -5% y la administración de AMLO será un sexenio perdido.

El Presidente no ha entendido que con programas sociales, México no va a salir adelante. La entrega de dádivas, dádivas y más dádivas será insuficiente para lograr la reactivación económica. 

No sólo porque no hay recursos públicos suficientes para revertir la miseria, sino porque se precisan proyectos de apoyo para los sectores productivos y que los trabajadores conserven sus empleos. Esa es la fórmula simple para que haya dinero en circulación y poder de compra.

Hasta entre los trabajadores al servicio de AMLO, es decir, al servicio del Estado, hay inconformidad. No perderán sus empleos, pero tienen que decir adiós a sus aguinaldos. Bajo el argumento de eliminar privilegios, López Obrador está decidido a suprimir derechos que establece la Constitución.

Hoy no hay buenas noticias para México. El país se enfrenta a una grave crisis económica y de salud, pero el Presidente está empeñado en aplicar un modelo populista, anquilosado e inútil. Un modelo que se cae como un castillo de naipes y que deja al país a la deriva. 

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