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Nadia Rodríguez, Norma Montiel y Jonathan Nacar

Aquí el camino tiene cruces rosas. No son adornos ni símbolos. En Nezahualcóyotl y Chimalhuacán son los rastros de la muerte, el testimonio del feminicidio. Un rostro muy distante al de la Ciudad de México.

En estos municipios del estado de México, aunque son tan cercanos a la Ciudad de México (Neza es una de sus fronteras y Chimalhuacán está a menos de 15 kilómetros), parecieran demasiado lejanos en todo. Acá los grupos organizados contra la violencia de género son escasos y tienen poco tiempo; los medios de comunicación prestan atención a los casos como nota roja y las autoridades no parecieran interesadas en resolver los crímenes y mucho menos prevenirlos. También faltan servicios y gran parte de sus habitantes viven con lo mínimo.

A pesar de que aquí la desaparición de mujeres, asesinatos y violencia es cotidiana, los colectivos de la Ciudad de México no se han hecho presentes. Simplemente enfrentan su propia realidad desde el dolor y la rabia, y poco a poco construyen el andamiaje social de su defensa. 

Pero no es sencillo. El 17.4% de las víctimas de feminicidio que hubo en México entre 2017 y 2019 se concentraron en dos estados: la CDMX y el estado de México. Pero la letalidad de la zona metropolitana del Valle de México para las mujeres no sólo implicó que el Edomex sea la segunda entidad del país con más mujeres asesinadas, sólo por debajo de Veracruz, y que la capital del país ostente la deshonrosa quinta posición de esa incidencia. 

Delitos de índole sexual y de violencia de género también registraron sus epicentros en alcaldías y municipios mexiquenses, donde la violencia contra la mujer se ha convertido en una problemática regional. En Ecatepec, considerada una de las localidades más mortíferas para las mujeres, la cantidad de investigaciones por abuso, acoso y hostigamientos sexuales, violación y violencia de género se disparó en 37% el año pasado. 

A manera de espejo, la incidencia de violencia en la Ciudad de México alcanzó a alcaldías como Iztapalapa y Gustavo A. Madero, donde los casos de abuso y acoso sexual crecieron en el último año en un 96 y 47%, respectivamente. Fue precisamente en estas dos alcaldías colindantes con el estado de México donde se concentró el 37% del total de investigaciones por feminicidio que se abrieron en la ciudad en 2019.

En municipios colindantes con estas alcaldías, casos como en Chimalhuacán donde pasó de tres averiguaciones por feminicidio en todo 2017 a un total de 18 que se iniciaron entre 2018 y 2019. Y en Nezahualcóyotl, donde si bien la cantidad de carpetas por feminicidio bajó de 10 a cinco en los últimos dos años, la cantidad de averiguaciones por violaciones y abusos sexuales reflejan una tendencia de crecimiento.

A pesar  de estos número, no planean marchar en la Ciudad de México el próximo 8 de marzo, por algo muy sencillo: 

“En la Ciudad de México no nos necesitan, ellas ya son visibles, por eso hay que trabajar aquí, para que nos volteen a ver”, asegura Patricia Álvarez, fundadora de la Red de Mujeres del Oriente del Estado de México que Luchan.

En la cdmx no nos necesitan 

Cuando esta entrevista termine, Lourdes cruzará la calle, pasará por la cruz rosa que dice “Ni Una Más” y entrará al Palacio Municipal para preguntar, una vez más, si hoy las autoridades hicieron su trabajo, si hay avances en el caso de su hija, Norma Dianey García García, quien desapareció hace dos años y dos meses. 

Lourdes forma parte de la Red de Mujeres del Oriente del estado de México que Luchan, una de las colectivas que convocan a una protesta el 8 de marzo, pero no en la Ciudad de México, sino en un lugar que solo tiene espacio en los medios cuando hay violencia y sangre: Nezahualcóyotl.  

›Las movilizaciones de mujeres en Nezahualcóyotl son muy recientes y se articulan desde un frente común, el dolor y la rabia que causan los feminicidios y las desapariciones. En estos poco más de 63 kilómetros cuadrados (siete veces lo que mide CU) se cometieron cinco asesinatos por razones de género en 2019. 

Este municipio no tiene una, sino dos Alertas de Violencia de Género, una por feminicidios y otra por las desapariciones de mujeres y niñas. 

Este 8 de marzo, Lourdes saldrá a las calles de Neza para exigir justicia, para su hija y para todas las víctimas de violencia, feminicidio y desaparición. Evocando las palabras de Araceli Osorio, madre de Lesvy Berlín, dice que a ella también le gustaría pasar su domingo en el cine o en el mercado con su hija, pero ella no está y por eso ella no la deja de buscar ni un solo día “para encontrarla, como esté, pero encontrarla”.   

La madre de Norma Dianey se integró a la organización tras conocer a Patricia Álvarez García, directora del kínder Alberto Durero, en Chimalhuacán, y fundadora de la Red. 

Álvarez García explica que la idea de la red nació en Chiapas, en el encuentro de las mujeres zapatistas, “ellas nos dijeron ‘tengan esta luz y llévenla con ustedes, a sus comunidades’”. 

A diferencia de la CDMX, lo primero que hay que hacer en Neza es proveer a las mujeres de información y visibilizar el problema, “no hay que enseñarles a las mujeres a ser feministas”, dice.

Es que la realidad es muy distinta. Llamar a la organización en este municipio le puso como obstáculos su intrincada realidad. Sus mil 82 denuncias por violencia contra la mujer hasta enero de 2020, sus 20 desaparecidas de 2015 a 2019, y casi el 40% de sus colonias (cinco de 13), identificadas como focos rojos de violencia de género.  

Como educadora percibe que las familias de Neza son precarias y normalizan la violencia. Su idea no es equivocada. En ese municipio la mitad de la población tiene apenas la educación básica, el 28% llegó a la preparatoria y apenas el 19% ingresó a la universidad, de ahí deriva que 53% de los habitantes ganen apenas un poco más de 140 pesos diarios. Ante esos salarios precarios no sorprende que un cuarto de su población no cuente con ningún tipo de seguridad médica. 

En su último informe el presidente municipal Juan Hugo de la Rosa, dio una cifra alarmante: 43% de las mujeres que denunciaron violencia de género en su contra, retiraron la demanda y viven con su agresor. 

El bordo, la memoria

En el puente que te da la bienvenida al municipio de Chimalhuacán se pueden ver las cruces de madera, grandes, rosas y firmes. Marcan el canal del bordo de Xochiaca, el punto justo donde encontraron el cuerpo de una mujer, y que fueron colocadas, a propósito del Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres.

La imagen no sólo es para recordar la muerte, sino para crear conciencia y evidenciar que el Bordo de Xochiaca es el lugar en el que los asesinos tiran los cuerpos de mujeres violentadas provenientes de otros lugares. Por eso hasta hace poco había otras pequeñas cruces rosas, al menos siete más, que perfilaban el Borde, y cada una era la huella insistente de un feminicidio. 

Uno de esos casos es el de Mariana Lima Buendía, pasante en derecho y ama de casa de 29 años de edad, cuyo cuerpo fue encontrado el 29 de junio de 2010, en la casa donde vivía con su esposo, un policía ministerial de este municipio.

En la periferia también se localiza el basurero Neza III, sitio en el que incluso hasta hace un par de años familias completas vivían en total precariedad. Lugar en el que una noche los gritos de una mujer se escucharon y alertaron a los pocos vecinos que estaban cerca. Era una joven que había sido violada y su atacante le lanzaba piedras para matarla, hasta que una llamada a la policía logró salvarle la vida.

Chimalhuacán está a tan sólo 15 kilómetros del Aeropuerto de la Ciudad de México, y colinda con Nezahualcóyotl, La Paz, Chicoloapan y Texcoco. Se nota las diferencias. Se trata del municipio urbano con más pobreza, sólo detrás de Ecatepec en el estado de México. 

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), 49% de los habitantes vive en pobreza moderada y 13.7 en pobreza extrema; 24% de la población carece de acceso a los servicios de salud y 19% tiene carencia alimentaria.

Y así es, basta ver las calles a medio construir, algunas aún sin los servicios primordiales como drenaje, electricidad o agua, existen unas 166 mil viviendas, de las cuales en 10% tiene hacinamiento; 7.2% cuenta con techo precario y 6.9% carecen de agua entubada. Hogares que albergan a numerosas familias, algunas por una renta que puede ir desde los 600, hasta los mil 500 pesos por un pequeño departamento, sin amueblar y hasta con baño compartido. Una especie de vecindad.

De sus 713 mil 167 habitantes —según el Consejo Estatal de Población 2015—, 350 mil 391 son hombres y 362 mil 776 mujeres. Aquí da miedo ser mujer. En 2019, de los 11 municipios mexiquenses con alerta de violencia de género desde 2015, Chimalhuacán, ocupa el primer lugar en feminicidios, con 2.4 casos por cada 100 mil habitantes, según cifras oficiales.

Pese a tener este primer lugar, en las calles de esta demarcación han sido contadas las protestas por la exigencia de justicia por los delitos por violencia de género. 

Hay una forma de entenderlo, el contexto de las familias que viven en este municipio es muy diferente al de la periferia. Aquí los padres de familia están preocupados por llevar el sustento a casa, de trabajar para vivir al día.

Sin importar la hora del día, en Chimalhuacán, los mototaxistas van y vienen, recorren las colonias, “vuelta tras vuelta”. Se han convertido en una actividad esencial para la movilidad y como fuente de empleo para una demarcación cuyo nivel de escolaridad de los habitantes de 15 años o más con educación media superior es del 24.7% y con educación superior alcanza apenas el  ocho por ciento. La mayor parte de sus pobladores tienen empleos en maquiladoras o fábricas, son conductores del transporte público o se dedican al comercio ambulante.

Aquí no hay grupos o colectivas con fuerza en los medios, en la sociedad o en las redes sociales que muchas veces son canal de comunicación. Pocos grupos como el colectivo Vivas en la Memoria, donde participa la activista Mago, conocedora del fenómeno del feminicidio y residente en este municipio desde hace más de 25 años.

Este 8 de marzo, que es domingo y descansan de sus trabajos habituales algunas mujeres, alistan una movilización para exigir justicia y pelear por los derecho de las mujeres, pero no Chimalhuacán, sino en el municipio vecino, Nezahualcóyotl o de plano en la Ciudad de México.

Pero el 9 de marzo no habrá #UnDíaSinNosotras, porque si paran, si protestan, si piden justicia, quizá al otro día no haya nada qué comer, porque el sueldo no alcanza. Necesitan ganar por lo menos 50 pesos, que en promedio gasta cada habitante de Chimalhuacán para poder moverse a la periferia, llegar a su trabajo y regresar. Así de precario, así de decadente. 

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