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Elizabeth Hernández y Francisco Aranguez


El examen al que fue sometido el gobierno encabezado por Andrés Manuel López Obrador no obtuvo una calificación aprobatoria por parte de casi ocho millones de ciudadanos ubicados en las clases medias, que tres años atrás le habían concedido el voto a favor del proyecto del presidente. En todo el país se observaron fenónemos similares. Y esto se percibe, por ejemplo, en las alcaldías de la Ciudad de México y los municipios del noroeste del estado de México.

En comparación con la jornada de 2015 la participación aumentó 5.6 puntos para superar, por primera vez en este tipo de comicios, el 52% de asistencia. Esta cifra histórica toma más sentido en un contexto como el actual, cuando el discurso político ha dividido a la sociedad que se enfrentó en las urnas.

ejecentral realizó un cruce de información en más de 500 municipios con elecciones locales para comparar la participación ciudadana y el índice de rezago social frente a la opción que obtuvo un resultado favorable en cada uno de estos ayuntamientos. 

Los datos demostraron que la votación fue, en promedio, más alta en sitios en donde los partidos opositores al gobierno federal ganaron.

A nivel estatal, los municipios que cambiaron de partido gobernante también registraron una mayor participación que aquellos que continuaron con la misma opción política; en cuanto al rezago social, en las áreas metropolitanas se puede identificar una clara preferencia por los partidos de oposición en aquellas zonas con menor índice de marginación, mientras que en el resto del país esta tendencia es difusa.

Una ciudad dividida

Según la politóloga Rebeca Camarena Hernández, estas elecciones intermedias reflejan la profunda división política que ha surgido en los últimos años y crean un discurso que abona a la polarización de la sociedad, algo que puede ser “muy peligroso” si no se toman en cuenta otros factores más profundos como la distribución total de oportunidades frente al voto, algo que debería ser el verdadero motor de la democracia.

Los resultados de la Ciudad de México, en donde se trazó una clara división entre la zona poniente y oriente, desataron los cuestionamientos sobre las preferencias electorales y el grado de marginación de cada región. Pero ¿es cierto que el rezago social fue el único factor que influyó en el voto de los capitalinos? 

›El análisis que realizó ejecentral de los resultados en la Ciudad de México demuestra que este factor fue determinante a nivel de casillas, es decir, la parte más pequeña del conteo electoral, en donde el voto por la alianza opositora, conformada por los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD), encontró respaldo en las zonas con menor rezago de la capital.

Sin embargo, generalizar esta tendencia podría borrar el matiz de una elección que dividió no sólo a la Ciudad de México sino a buena parte de sus alcaldías, y es que el voto entre los capitalinos contrastó hasta en el nivel más microscópico, lo que permitió entender mejor la dinámica local para trazar un mapa en el que se aprecia como la zona opositora en realidad se concentra en un pequeño núcleo que tuvo una altísima participación.

Por ejemplo, Cuauhtémoc, considerada la “joya de la corona” por su riqueza económica y cultural, quedó en manos de un partido contrario a la administración local por primera vez desde que la Ciudad de México tiene su propio gobierno, pero al analizar las tendencias a nivel casilla esta alcaldía es un reflejo fiel de la división que ocurrió en toda la capital.

Las preferencias electorales dividieron a esta alcaldía en dos secciones, una al poniente, en donde el voto opositor prevaleció al igual que la participación ciudadana que superó el 50%, y en algunas colonias rebasó 60 puntos. En tanto, los distritos del oriente que se decantaron por la opción oficialista registraron índices de asistencia por debajo del 45 por ciento.

Esto mismo ocurrió en Gustavo A. Madero, que si bien no quedó dividida entre oriente y poniente, si muestra una mayor participación en las secciones en donde la alianza “Va por la CDMX” se impuso frente al proyecto que encabeza el presidente López Obrador y la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum. En ambos casos las zonas de alta asistencia a las urnas coinciden con los sectores con menos rezago económico y social, en tanto que las colonias con menor concurrencia son también las que presentan un mayor índice de marginación dentro de la escala elaborada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval).

Pero la tendencia de triunfo del voto opositor respecto a la participación se extendió a los municipios del Estado de México que pertenecen a la zona metropolitana de la CDMX, y es que mientras esta entidad tuvo un contundente apoyo regional a la alianza de “Va por México”, especialmente al PRI, las localidades al oriente del Valle de México optaron por el proyecto oficialista a la par de una baja asistencia a las urnas.

En un cruce elaborado por ejecentral de todos las secciones electorales de la Ciudad de México se puede observar como existe una relación directa entre el nivel de estrato social (IES) que calcula el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), y la votación que obtuvo Movimiento Regeneración Nacional (Morena), en donde a menor IES, más alto es el porcentaje de este partido.

Rebeca Camarena, politóloga egresada de la Universidad Nacional Autónoma de México,  destaca en entrevista para ejecentral que “este tipo de fragmentación en el voto concuerda con el discurso de “chairos contra fifis” en el que la participación tan alta en algunas secciones responde tanto a la campañas sucias que buscan infundir miedo, como a las legítimas intenciones de cambiar un proyecto que no corresponde a sus intereses”.

La experta explicó que existen diversas condiciones para que este tipo de participación, excepcionalmente alta para una elección intermedia, se pueda dar, aunque en general se reducen a lo que debería ocurrir en cualquier régimen democrático sano en el que las ideas políticas se puedan contrastar sin caer en la polarización o la intimidación para decantarse por alguna opción en específico.

La revolución de las clases medias

Desde las primeras horas del domingo 6 de junio, cientos de personas comenzaron a llegar a las casillas para emitir su voto. 

Las imágenes de largas filas en algunos puntos electorales del país anticipaban una jornada electoral agitada, en donde la participación ciudadana se convertiría en herramienta clave para definir el destino político de cara al segundo periodo del presidente Andrés Manuel López Obrador.

›De acuerdo con el texto publicado por Azucena Serrano Rodríguez, ganadora del quinto concurso de ensayo político de la UNAM, para que exista la participación ciudadana debe haber respeto a las garantías individuales, canales institucionales, marcos jurídicos competentes y una plena confianza de los votantes en las instituciones electorales. Esto último es algo que otros expertos señalaron como el mayor triunfo durante esa jornada, en la que se ratificó la naturaleza ciudadana de los comicios.

Para la politóloga Camarena Hernández otra de las motivaciones que impulsó, aunque de forma velada, la participación de los votantes fue el temor de perder la estructura ciudadana del Instituto Nacional Electoral (INE) debido a comentarios desafortunados que amenazan a uno de los organismos con mayor confianza entre los habitantes de México.

La fragmentación que provocó esta elección intermedia, especialmente en la Ciudad de México, arrancó diversas reacciones en las que se fortaleció el discurso de polarización política; sin embargo, algunos analistas han señalado que más que una guerra entre ricos y pobres, se trata de una revolución de la clase media, quien se ha visto particularmente afectada por la pandemia de Covid-19 y los resultados de su manejo.

Simon Levy, político y empresario mexicano, escribió un mensaje en redes sociales respecto a la polarización de esta elección y resaltó que “las clases medias no son manipuladas, son informadas. No se mueven por campañas de odio, sino por necesidades reales” una visión que comparten otros analistas y politólogos en torno a estos resultados.

Algunos politólogos afines al proyecto nacional también se han adherido a esta idea y piden apostar por una reflexión más profunda que apunte a la crítica interna en lugar de la descalificación inmediata o al discurso de polarización de clases, algo que se comprueba en el análisis territorial de estos estados, ya que más allá de la marginación de cada localidad, los proyectos políticos que triunfaron lo hicieron por la participación ciudadana y la búsqueda de otras opciones.

Tabasco, el brazo fuerte del Presidente

Mientras en gran parte de los estados en donde hubo elecciones municipales se registró alguna división entre un partido dominante y otros de oposición, en el caso de Tabasco, entidad beneficiario de varios de los megaproyectos del sexenio, imperó el voto oficialista con 13 de 17 ayuntamientos en la bolsa; sin embargo la inspección a nivel distrital refleja nuevamente que la participación fue más alta en aquellas localidades en donde se impuso algún partido de oposición.

Además, se suma el hecho de que el municipio de Paraíso, lugar donde se está construyendo la refinería de Dos Bocas pasó a manos de Ana Luisa Castellanos del PRD, que no se alió a otro partido en estas elección, quien derrotó a la candidata del gobierno actual, la morenista Beatriz Milland por más de dos mil 800 votos.

En el caso de Paraíso, también se comprueba que el voto por una opción distinta o de alternancia tuvo una mayor participación ciudadana, que en aquellos distritos en donde triunfó el partido que gobierna actualmente dicha localidad, lo que abona a otros resultados similares y que prueban cómo la búsqueda de un cambio, sin importar en qué sentido, fue el motor principal para las altas asistencias reportadas ese día en algunos lugares.

Además, es importante resaltar que este resultado unificado por Morena en Tabasco no está relacionado con el tamaño del estado. Baja California Sur, que está conformada únicamente por cinco municipios, también quedó dividida entre dos fuerzas políticas, y así como ocurrió en otras entidades, la participación nuevamente fue mayor en aquellas localidades en donde triunfó la alianza opositora.

Otro ejemplo peculiar sobre la distribución del voto respecto a la participación ciudadana se registró en Jalisco, en donde más allá de la división entre la alianza “Va por México” y Morena, se pudo observar cómo aquellos distritos que optaron por una opción distinta a la de Movimiento Ciudadano, que perdió 7 de los 47 municipios en los que gobernaban, tuvieron una mayor asistencia a las urnas. 

¿Quiénes y cómo votaron?

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