Parras es un Pueblo Mágico y por sus calles se respira la fusión de España y Tlaxcala. La paz que vive Coahuila favorece la industria turística y complementa la tradición vitivinícola de la región.
En la barda del camposanto, la siguiente leyenda:
“AQUÍ FUERON FUSILADOS POR DEFENDER SUS IDEALES LOS CATÓLICOS PARRENSES: ANTONIO MUÑIZ, J. DOLORES GARCÍA, JUAN SILVA GARCÍA, PLÁCIDO ARCINIEGA Y JOSÉ RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, DE LA A.C.J.M.; FRANCISCO GUZMÁN, JOSÉ FUANTOS E ISIDRO PÉREZ VÁZQUEZ; Y EN LA ALAMEDA, ANTONIO VERÁSTEGUI; Y EN RÍO VERDE, S.L.P., MANUEL ÁVILA VERÁSTEGUI Y RICARDO MORALES PADILLA. EN EL 50 ANIVERSARIO, SUS FAMILIARES Y AMIGOS. 1927, ENERO 10, 1977. POR DIOS Y POR LA PATRIA”.
Por estos días se cumplen cien años del inicio de la Guerra Cristera. Las causas del conflicto se remontan al siglo XIX, pero la violencia estalló a raíz de las disposiciones sobre la práctica religiosa incorporadas a la Constitución de 1917. En 1926, la situación se agravó cuando el gobierno promulgó la llamada Ley Calles, que restringía las actividades religiosas e imponía sanciones a los sacerdotes que incumplieran las disposiciones emanadas del jacobino espíritu de la Revolución triunfante.
La respuesta de la jerarquía católica fue radical: suspendió el culto público el 31 de julio. La medida provocó el descontento de los fieles, en especial en las zonas rurales del centro y occidente del país. En defensa de lo que consideraban su derecho a practicar libremente su religión, campesinos, rancheros y otros grupos de creyentes tomaron las armas con el lema “¡Viva Cristo Rey!”. El conflicto se extendió principalmente por los estados de Jalisco, Michoacán, Guanajuato, Zacatecas, Durango, Colima, Nayarit y Aguascalientes.
Entre 1927 y 1928, la guerra alcanzó su clímax. Los bandos recurrieron a estrategias militares que ocasionaron numerosas bajas y afectaron a la población civil. Además de los combates, abundaron los fusilamientos, los desplazamientos forzados y los daños económicos en las regiones involucradas. La situación política se volvió aún más compleja con el fusilamiento de Miguel Agustín Pro y el asesinato de Álvaro Obregón, quien recibió un disparo cuando se disponía a desayunar.
Finalmente, el 21 de junio de 1929 se alcanzaron los llamados “Arreglos”, producto de las negociaciones entre el gobierno y la jerarquía de la Iglesia católica, con la mediación del embajador gringo. Con estos acuerdos se reanudó el culto público y cesaron los enfrentamientos. Sin embargo, las leyes anticlericales no fueron derogadas y muchos cristeros consideraron que sus demandas no habían sido atendidas.
La inconformidad dio origen a un segundo levantamiento cristero, conocido como “La Segunda”. Este se desarrolló entre 1934 y 1941. A diferencia de la primera guerra, fue un levantamiento disperso que careció del apoyo de la jerarquía eclesiástica.
En Coahuila, los sucesos más significativos se dieron en la región sureste. Además de los ocurridos en Parras, se presentaron incidentes en Saltillo y Arteaga. Un libro titulado Cristeros en El Cedrito y en Parras de la Fuente, Coahuila da cuenta de ellos y del sacrificio de jóvenes asesinados por el Ejército.
Los prejuicios y la ignorancia de los actores políticos de nuestro México impedirán una reflexión profunda sobre un conflicto que costó más de 90 mil vidas y que quedó narrado en una de las novelas más importantes de la literatura mexicana. Me refiero a Rescoldo, de Antonio Estrada, quien, por cierto, vio a su padre, un cristero, morir con una estaca atravesada en la garganta mientras los soldados reían a carcajadas.