¿Y la educación, Apá?

18 de Septiembre de 2026

¿Y la educación, Apá?

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Yazmin Jalil

Hay cosas que me parecen particularmente indignantes. Una de ellas es que alguien haga trampa para conseguir algo que otro se ganó con mucho esfuerzo. Y cuando hablamos de entrar a la UNAM, no estamos hablando de un concurso para ganar boletos de concierto. Estamos hablando del futuro.

Recuerdo que, al salir de la preparatoria, mis amigos y yo estudiamos muchísimo para pasar el examen de ingreso a la universidad. Todos tenían su primera opción: no importaba si era la Anáhuac, la Ibero o cualquier otra. Absolutamente todos íbamos a hacer el examen a la UNAM. Pasar esa prueba era demostrar que estabas bien preparado. Era una medalla personal. Era motivo de orgullo.

La UNAM es una institución de enorme reconocimiento académico y prestigio. En el ranking QS de América Latina y el Caribe 2026 ocupa el noveno lugar entre casi 500 universidades y obtuvo la puntuación más alta de la región en reputación académica. No estamos hablando de cualquier universidad. ¿Se imaginan la quemada?

Estudiar una carrera, tener una profesión y prepararse debería ser una de las mejores apuestas de la vida. La educación abre puertas. Cambia historias. Rompe ciclos. Por eso lo que acaba de pasar con el examen de admisión de la UNAM me parece muchísimo más grave que un simple escándalo tecnológico.

En 2026, por primera vez, el examen de ingreso a licenciatura se hizo en línea. Participaron 158,712 aspirantes. La plataforma utilizó tecnología e inteligencia artificial para vigilar que nadie hiciera trampa. Sonaba moderno, eficiente, seguro. Pues… no.

Después de publicarse los resultados empezaron las sospechas. Algo no cuadraba. Hubo un incremento extraordinario de calificaciones altísimas, fuera de lo habitual. Y vino la pregunta: ¿cómo?

La UNAM formó una comisión técnica y detectó evidencia robusta de fraude colectivo. Cerca de 58 mil aspirantes tendrán que presentar un nuevo examen presencial de control.

Aquí viene lo delicado. Además de los alumnos que pudieron haber hecho trampa, está Territorium Life, la empresa encargada de la plataforma y de los mecanismos de supervisión. Y ojo: una cosa es que existan fallas en un sistema y otra afirmar que la empresa cometió fraude. Eso tendrá que investigarse. Pero la pregunta es inevitable: ¿de qué sirvieron tantos filtros, vigilancia, inteligencia artificial y controles si el proceso quedó bajo sospecha?

Y hay otro dato: de acuerdo con información del IISUE de la propia UNAM, la Universidad pagó casi 42 millones de pesos por este servicio.

¿CUARENTA Y DOS MILLONES? Estamos hablando de dinero, tecnología, seguridad, transparencia y confianza.

Porque mientras algunos presuntamente buscaban la manera de burlar el examen, había miles de jóvenes estudiando durante meses para conseguir un lugar. ¿Y qué les decimos ahora? “Perdón. Vuelve a presentar el examen”.

Entiendo que la UNAM necesita recuperar la certeza del proceso. Pero también entiendo la indignación de quien hizo las cosas bien.

Y aquí está lo verdaderamente preocupante: ¿qué estamos enseñando? Porque la educación no consiste solamente en memorizar. También enseña honestidad, disciplina, responsabilidad y respeto por el esfuerzo ajeno.

Y esto no termina en un examen. Algunos medios decidieron poner a prueba ciertos cursos de certificación de las empresas involucradas y lograron obtener diplomas en áreas tan delicadas como la vacunación pediátrica sin saber siquiera cómo tomar correctamente una jeringa. Burlaron el sistema y consiguieron un documento que, en teoría, acredita conocimientos y habilidades que claramente no tenían.

¡Esto es gravísimo! Porque una cosa es hacer trampa para sacar una buena calificación. Y otra muy distinta es conseguir una certificación que acredita algo que no sabes hacer. Y cuando hablamos de niños y de salud, ya no estamos hablando solamente de educación. Estamos hablando de un peligro.

¿En qué momento dejamos de valorar realmente el conocimiento? ¿En qué momento la trampa dejó de darnos vergüenza y se convirtió en una estrategia?

Porque esto ya no se trata solamente de unos jóvenes que engañaron en un examen. Se trata de algo mucho más profundo: ¿qué estamos haciendo como sociedad?

Estamos premiando el atajo y poniendo en duda el valor de quien sí estudió, sí se preparó y sí hizo las cosas bien.

Porque un examen se puede repetir. Un lugar en la universidad se puede volver a pelear. Pero ¿qué pasa cuando el que hizo trampa consigue un título, una certificación y después tiene en sus manos la responsabilidad de otra persona?

Ahí ya no hay examen que repetir. Ahí hay vidas que pueden estar en juego.

La educación debería enseñarnos a saber más, pero también a ser mejores. Y si para conseguir un papel estamos dispuestos a fingir que sabemos lo que no sabemos, quizá el problema no está solamente en los sistemas que estamos burlando.

Está en nosotros.