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Muy calladito se encuentra el ex jefe de gobierno del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, en todo este episodio de los normalistas desaparecidos en Iguala y la crisis por la que atraviesa el gobernador de Guerrero, Ángel Heladio Aguirre. Hace bien don Marcelo, pues mucho tiene que ver en este asunto. Por supuesto que no con los muertos y los desaparecidos, sino con Aguirre. Él fue quien lo convenció de traicionar al PRI y saltar de barco para que contendiera por la gubernatura bajo los colores del PRD, con recursos políticos y financieros que le aportaron los contribuyentes capitalinos a la campaña. En pago, Acapulco se convirtió en una especie de santuario para Ebrard que iba al puerto y el gobernador le daba el blindaje político y público que necesitaba. Muy cercanos, hoy con el silencio buscan protegerse.

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