Alejandro Alemán

El año que termina será recordado como aquel en que el Estado mexicano mató los apoyos al cine nacional, una industria que si bien sigue siendo incipiente, había demostrado efectividad en producción y número de estrenos. La calidad, claro, quedaba aún en entredicho, pero en vez de curar al enfermo, el gobierno mejor lo mató para luego en la autopsia ver si tenía gripe.

Aún con todo, 2020 fue también un año de grandes cintas nacionales. Para esta ocasión no me impuse reglas, aquí está todo lo que vi en este año, así haya sido en festivales, en Netflix o en screeners que amablemente los cineastas me hayan pasado. Esta es mi lista del mejor cine mexicano que pude ver en el año de la pandemia.

10. Vaquero del Mediodía

 (Dir: Diego Enrique Osorno)

Con una anécdota personalísima (la búsqueda de un amigo poeta desaparecido) Osorno nos lleva por un viaje doble entre el gremio literario mexicano y las calles y bares de Monterrey y CDMX. Un relato urbano sobre autodestrucción, genialidad y poesía.

9. Las Tres Muertes de Marisela Escobedo(Dir: Carlos Pérez Osorio)

La infatigable crónica de un estado fallido como lo es el estado mexicano tiene un terrible episodio en esta historia. Más un trabajo periodístico que documental, su triunfo radica justo en lo estructurado del relato y lo indignante del caso. Han pasado ya 20 años de estos hechos y aún no hay justicia. Probablemente nunca la habrá.

8. El Ombligo de Guie’dani 

 (Dir: Xavi Sala)

Mientras que la Roma de Cuarón habla desde el amor de un niño por su madre sustituta —que no obstante nunca deja de ser la sirvienta de la casa— El ombligo de Guie’dani es una visión crítica y rebelde sobre la labor de las trabajadoras domésticas en nuestro país. Todo al final funciona gracias a la mirada incisiva, penetrante, inteligente de Sótera Cruz, actriz que provee de personalidad este relato de mujeres hermosamente insumisas.

7. La Mami (Dir: Laura Herrero)

Grandes historias suceden en los lugares menos pensados, como por ejemplo, en el baño de mujeres del legendario Barba Azul. Laura Herrero nos presenta a La Mami, la señora encargada de los sanitarios que a su vez se comporta como consejera y guía espiritual de las chicas que fichan en el lugar. Un relato lleno de respeto y comprensión pero absolutamente alejado de todo melodrama.

6. Blanco de Verano 

(Dir: Rodrigo Ruiz Patterson)

Con inevitables reminiscencias a Los 400 Golpes (Truffaut, 1959), su joven protagonista (Adrian Ross) se transforma en una suerte de Antoine Doinel mexicano en esta cinta donde un inadaptado adolescente tiene que lidiar con la aburrida escuela, la soledad, la ausencia de su padre y los ánimos románticos de su madre quien ya anda saliendo con otro hombre. Un duelo de actuaciones filmado con precisión.

5. Leona (Dir: Isaac Cherem) 

Tras la fachada de un coming-of-age, Isaac Cherem esconde una punzante crítica a lo más conservador de las tradiciones judías: aquella que prohíbe entablar relaciones con personas fuera de la comunidad. El peso total de la cinta recae en Naian González Norvind, quien sin más herramienta que su mirada y por momentos una leve sonrisa, carga toda la película para llevarla a buen puerto. Norvind tiene madera, absoluta, de estrella.

4. Ok, Está bien

 (Dir: Gabriela Ivette Sandoval)

Hay un ánimo de ruptura en toda esta cinta que la desmarca del cine mexicano convencional. Una película que claramente es un homenaje a Woody Allen pero con una acidez que dispara, principalmente hacia el gremio, la academia, la crítica y todo aquel que se dice experto en cine. Lo mejor: lo hace desde un ejercicio de cinematografía absolutamente fino. El manejo exacto del lenguaje cinematográfico con el firme propósito de molestar a quién se deje. Una maravilla.

3. Pólvora y Gloria 

(Dir: Viktor Jakovleski)

Vivir de la pólvora, vivir en el peligro, vivir para el éxtasis momentáneo de las luces, las explosiones, y el sinsentido. En Pólvora y Gloria, el director Viktor Jakovleski ofrece una íntima crónica sobre la vida en San Juan Tultepec, lugar donde la pirotecnia es modus vivendi, motivo de orgullo, identidad, y en algunos casos, sentencia de muerte. Se trata de un viaje psicodélico, auténticamente mágico. Esta es la cinta mexicana que nos hizo extrañar las salas de cine.

2. Sin Señas Particulares 

(Dir: Fernanda Valadéz) 

Habrá quien se queje de que el cine mexicano no sale de los mismos temas, y tal vez tenga razón, pero es que el país tampoco ha salido de esos abismos. Sin Señas… no es otra película más sobre narcos y violencia, es un auténtico juego cinematográfico donde la dirección de Fernanda Valadéz y la extraordinaria cámara de Claudia Becerril hacen de esta historia un western visualmente impresionante y temáticamente deprimente. Como el país.

1. Ya no estoy aquí (Dir: Fernando Frías)

Constante del cine mexicano de 2020: la reiteración de viejos temas vistos desde ópticas más interesantes. En Ya no Estoy Aquí, Fernando Frías aprovecha este coming-of-age a ritmo de cumbias rebajadas para hablar sobre la violencia que nos ahoga, la huída al extranjero y la nostalgia por un país que poco a poco el narco y la ineptitud de los gobiernos parece arrebatarnos. 

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