Ilustración: ejecentral

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Jonathan Nácar

Aún antes de nacer la ideología corría por su sangre. Una de las figuras más emblemáticas en su familia es la de su abuelo Wenceslao Roces, discípulo de Miguel de Unamuno, miembro del Partido Comunista, referentes del exilio español en México y el gran traductor de El Capitalismo de Marx. Un hombre al que describen quienes lo conocieron como honesto, trabajador, discreto, muy culto, de bromas inteligentes, tenaz y un profundo luchador social.

Ella, su nieta, también es determinante y se ha asumido como una luchadora social. Su nombre es María Elena Álvarez-Buylla Roces, la primera mujer en dirigir el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt).

Ella escucha, evalúa, y decide. Marca su postura con argumentos, pero cuando estos le resultan insuficientes, opta por una férrea defensa ideológica que no fácilmente admite críticas u objeciones, así la describen quienes la conocen desde tiempo atrás.

Con ella no hay espacio para vacilaciones. Seria en demasía, procura siempre hablar con propiedad. Tiene un carácter sobrio y fuerte, tajante. Es una persona muy directa, honesta, pero su rectitud suele rozar con la dureza e intransigencia de alguien quien cree fervientemente en sus convicciones y muestra poca apertura a la contradicción de sus ideales. Quienes la conocen y han estado cerca de ella, ya sea en el ámbito laboral, la academia e incluso algún encuentro informal o en alguna de sus tantas ponencias públicas, la reconocen como una mujer empoderada, amable, solidaria y sumamente inteligente. “Parece que su cerebro siempre va a mil por hora y está pendiente de todo”, recuerda una persona quien trabaja con ella. 

Álvarez-Buylla está convencida de que el activismo y la ciencia pueden converger en una misma dirección, algo que le ha acarreado algunas críticas de compañeros, pero que ahora la llevó a dirigir el destino del órgano rector, instrumentador y evaluador de la política nacional en ciencia y tecnología. Sólo que se topó con un monstruo, aseguran algunos de sus colaboradores, que no sólo es un elefante que camina lento, como suele decir su jefe el presidente Andrés Manuel López Obrador, sino también una profuso enjambre de intereses. 

Bastaría con analizar los hallazgos y necesidades de lo que heredó en Conacyt, para entender la complejidad de la vasta reingeniería que impone el estar al frente de un organismo de 50 años de edad que no ha cumplido con su objetivo, porque el mayor tiempo ha carecido de todo. No tiene un marco legal que le dé sustento, tampoco un presupuesto suficiente, ni visión y continuidad de un plan de desarrollo transexenal y a ello se suma una empobrecida y desigual vinculación con los sectores productivos. Tan grave es su situación que Enrique Cabrero Mendoza, antecesor de Álvarez-Buylla, llegó a declarar a finales del sexenio anterior que el organismo seguía siendo “poco más que un distribuidor de becas”. 

Álvarez-Buylla, la experta en la biotecnología de sistemas de plantas (particularmente de la Arabidopsis thaliana) y doctora en Botánica por la prestigiosa Universidad de California en Berkeley, quiere cambiarlo todo. Está determinada a desterrar la “ciencia neoliberal”, para dar paso a una ciencia que lleve al el bienestar social, a atender y resolver las injusticias sociales, y la preservación del medio ambiente. 

Sólo que pareciera que no tiene clara la hoja de ruta y a ello tiene que sumar la austeridad que le ha impuesto su jefe, y que sigue sin chistar. Esa vuelta de timón sin aparente brújula la han obligado a ser resiliente, tras enfrentar muchas críticas por sus decisiones y por su silencio. 

A partir de casi una decena de entrevistas a personas que conocen a Álvarez-Buylla, ejecentral describe a quien en menos de un año ha tenido que salir al paso para intentar resolver dos crisis del gobierno de López Obrador, el sargazo que derrumbó la economía del Caribe mexicano, y ahora la pandemia por el Covid-19, siendo quien procese la data que se genera y coordine la construcción de alternativas para enfrentar la Covid-19, como es el caso de la construcción de ventiladores que deberán presentarse este viernes. 

Una historia de descalabros

El declive del Conacyt comenzó durante la administración de Miguel De la Madrid, a quien le tocó lidiar con la crisis económica que habría heredado de su predecesor. Que entre el tercer trimestre de 1982, cuando se dio el cambio de gobierno, hasta el final de 1983, el PIB se redujo en 3.23% y la inflación se disparó  en un 96 por ciento. 

El presupuesto asignado entonces a los rubros de la Ciencia y Tecnología (CyT) fue dos quintas menores al del último año de López Portillo. Para el último año de la administración, en el año de 1988, el presupuesto para CyT tocó un mínimo histórico, apenas del 0.19 por ciento del Producto Interno Bruto del país (PIB).

Para el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y su intención de fomentar la ciencia y la tecnología, acorde a su Plan Nacional de Desarrollo, tanto a nivel de gasto como de recursos humanos, durante los primeros cuatro años de su gobierno, el presupuesto en la materia creció alcanzar el 0.35% del PIB.

Si bien durante este periodo, la integración del Conacyt a la Secretaría de Educación Pública, permitió que en 1992 se reorganizaran diversos centros de investigación y desarrollo en lo que ahora se conoce como el conjunto de centros Conacyt, pero que a la vez implicó un obstáculo para la transectorialidad; el intento de conformar los Sistemas Regionales de Investigación, sólo terminó por prosperar en el Mar de Cortés. En buena medida, este fracaso se debió a la falta de financiamiento, toda vez que para 1993 el presupuesto para CyT fue el mínimo histórico en términos del PIB, llegando apenas al 0.18 por ciento. 

Pasando por un presupuesto para ciencia y tecnología que creció de manera lenta pero sostenida hasta alcanzar el 0.36% del PIB en el quinto año del gobierno de Ernesto Zedillo, quien incluso tuvo que recurrir préstamo con el Banco Mundial para el Programa de Apoyo a la Ciencia en México que tenía entonces como propósitos el profesionalizar, descentralizar, difundir, vincular y financiar la actividad científica y el desarrollo tecnológico; para el sexenio de Vicente Fox, el Programa Especial de Ciencia y Tecnología en su administración establecía que la inversión nacional en Investigación y desarrollo debería alcanzar el 1% del PIB, sugerido por las Organización de la Naciones Unidas. No obstante, hasta ese momento, nunca se había llegado siquiera al 0.4%, cifra que, de hecho, se alcanzó al término de su administración. 

Ya en el gobierno de Felipe Calderón se empezó a poner atención al concepto de innovación, es decir, en la llegada al mercado de los productos creados, mejorados o renovados desde la ciencia y la tecnología, lo cual implicaba la inclusión del empresariado y el posible derrumbe de la barrera existido entre la iniciativa privada y los científicos mexicanos. Sin embargo, en 2012 la reducción del presupuesto federal para ciencia y tecnología cortó los planes.

En ese mismo año, el entonces presidente del Foro Consultivo Científico y Tecnológico, Juan Pedro Laclette, presentó sendas denuncias ante Función Pública y la Auditoría Superior de la Federación, para investigar a los funcionarios responsables por no presupuestar el equivalente al 1% del PIB a ciencia y tecnología entre los años 2006 y 2011. En ese sentido, el sexenio de Calderón, si bien no llegó ni al 0.5%, estuvo cerca con 0.49% en 2010 y tuvo el promedio más alto de cualquier sexenio en inversión en CyT como porcentaje del PIB con 0.45 por ciento.

›Aunque el entonces presidente Enrique Peña Nieto ofreció ir aumentando gradualmente y presupuesto en ciencia tecnología e Innovación para alcanzar finalmente el 1% del PIB, fue evidente desde principios del sexenio que esta cifra no se podría cumplir. De hecho, sucedió lo contrario, el presupuesto terminó por caer en un 0.31 por ciento del PIB. Consecuentemente, ya en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien a unas semanas después de haber resultado presidente electo recibió en la UNAM el documento Hacia la Consolidación y Desarrollo de Políticas Públicas en Ciencia Tecnología e Innovación; acto en el que se prometió a revisarlo, pero sin dejar de reconocer que en su administración tampoco se alcanzaría el financiamiento recomendado por la ONU.

Consecuente, ya en su administración, el presupuesto para 2019 tuvo una reducción de 13.6% con respecto al último año de Peña Nieto, además de recortes en universidades y centros de investigación; para 2020, hubo un pequeño aumento de 7.6% con respecto al año anterior; no obstante, la cancelación de convocatorias como el Programa de Estímulos a la Innovación, la reducción de presupuestos en los centros Conacyt y otras dependencias, el que se dejara sin financiamiento al Foro Consultivo Científico y Tecnológico A.C, y la revocación de becas de estudiantes en el extranjero; así como las acusaciones de presunta corrupción que culminaron con la renuncia de la investigadora  Beatriz Xoconostle, quien en julio de 2018 había tomado protesta como directora general del Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) para el periodo 2018-2023, así como del doctor Leopoldo Altamirano, quien fungía director del Instituto nacional de Astrofísica, Óptica, Electrónica (Inaoe). Pero que a la fecha no ha habido una confirmación o conclusión al respecto por parte de la Función Pública.    

Asimismo, las consecuencias que trajo consigo el reciente decreto presidencial que ordenó la extinción de fideicomisos, 64 de los cuales pertenecen al sector de la ciencia y tecnología. Pues si bien la transferencia de los fondos a la Secretaría de Hacienda no ha sido concluyente, dichos recursos se mantiene congelados, por lo que buena parte de comunidad científica se ha enfocado en reclamar a la actual titular de Conacyt por no haber defendido su pertenencia. 

“Estas son las características de la ciencia neoliberal que nos encontramos y que imponen retos muy grandes al país frente a una epidemia como la que tenemos una dependencia tecnológica, capacidades de articulación muy limitadas, una baja eficiencia en innovación, transferencias millonarias al sector privado, pero con pocas capacidades de articulación con el mismo para enfrentar estos retos, abandono de la ciencia básica de frontera y un sector privado que hasta ahora ha aportado una proporción muy baja al presupuesto de ciencia y tecnología”, reiteró la doctora Álvarez-Buylla durante la conferencia del 23 de abril pasado en Palacio Nacional, en la que acompañada por el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, la , galardonada con el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2017, anunció el compromiso para a más tardar el 15 de mayo hacer entrega de al menos 700 equipos de ventiladores mecánicos, en el marco de lo que entonces pronosticó como los primeros picos epidémicos del Covid-19 en diferentes regiones del país.

La justicia social desde adentro

Si se le escucha hablar cae muy bien, porque da esa sensación de ser una mujer directa y honesta. También algo ingenua. Cuando llegó al Conacyt no tenía experiencia en administrar un organismo, pero después de un primer diagnóstico resolvió que había que limpiarlo y comenzó a quitar pieza por pieza. 

Centralizó los recursos y recortó presupuesto en áreas clave del Consejo. De ocho direcciones adjuntas se redujeron a dos. Los fondos y fideicomisos se detuvieron y comenzaron a eliminarse o transformarse porque no servían, de acuerdo a Álvarez-Buylla, servían como estímulos para la conformación y enriquecimiento de decenas de despachos y consultorías, emanados del propio personal del Conacyt, quienes al ya no pertenecer al organismo sabían cómo ganar los contratos.

Está alineada desde un principio al eje de la política de austeridad el gobierno federal. Una de la primeras acciones que hizo la también cofundadora y coordinadora de investigación del Centro de Ciencias de la Complejidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) al llegar al Conacyt fue el decretar la cancelación de prácticamente todos los contratos externos, de los cuales el Consejo tenía muchos. Históricamente habían sido señalados como vehículos para legalizar la corrupción, pero sin hacerlo con un plan estratégico el dejar al personal de la institución a cargo de todo este trabajo que ya no se contrató propició el descontento del personal y que se dieran despidos o renuncias forzadas.

En contrario, Álvarez-Buylla ha hecho lo que nunca se había hecho en el Conacyt logró una gran cercanía con el personal de base, el sindicato y autoridades de la institución. Una de esas formas de buen trato lo dejó ver en el polémico comedor que se instaló para los trabajadores del Consejo, pero que buscaba una alimentación de calidad para los empleados, aunque para ello se gastaran 15 millones de pesos.

“No entendíamos muy bien a dónde nos dirigíamos al ver este tipo de decisiones. El comedor fue un gran escándalo, pero desde que llegó (María Elena Álvarez) cuestionaba la alimentación de los empleados, que en realidad era bastante mala, con productos de mala calidad, aceite reutilizado. Entonces, los sindicalizados, el personal en general, vieron una preocupación genuina para con ellos”, relató un empleado del Consejo para la Ciencia y la Tecnología.

Ante la ola de citicas, en junio del año pasado, el Conacyt atajó el tema y enfatizó en un comunicado oficial que en el camino de suprimir gastos superfluos, y con ahorros significativos, la instalación del comedor que se aseveró, “no es un lujo ni se ofrece comida gourmet”, correspondía a un esfuerzo con un presupuesto estimado en 6.9 millones de pesos anuales a fin de ofrecer comida balanceada, con ingredientes agroecológicos e insumos agroecológicos producidos por familias campesinas y pequeños productores, del cual las tarifas resultan proporcionales al salario: paga menos quien gana menos y paga más quien gana más. 

Fue una prueba más de su determinación por la justicia social.

El golpe a lo neoliberal

El cuestionamiento de los privilegios de ciertos grupos de científicos, muchos de ellos reconocidos investigadores nivel III al igual que ella, ha persistido dentro de la retórica de una ciencia comprometida socialmente, más enfocada a llegar y beneficiar a grupos vulnerables y un aspecto social mucho más amplio, y no sólo a reproducir las riquezas de manera desigual a lo que la doctora y sus colaborados cercanos sostienen fervientemente es la manera ya acostumbrada en que se concebía la ciencia en México. 

“Cuando ella llega quiere controlar todos los recurso que tenía el Conacyt. Aunque históricamente siempre ha tenido pocos recursos, esta imposición de querer asumir el control de los fondos con los que operaban los fideicomisos han generado una situación de falta de confianza y confrontación con una buena parte de la comunidad científica, innecesaria porque no ha permitido, por un lado que ella avance en su proyecto, y de igual manera ha generado inestabilidad incluso en los procesos de investigación”, sostuvo a este periódico una de las fuentes directamente afectadas por estos cambios, quien optó por reservar su identidad.

›Y es que a decir del personal y las personas consultadas respecto a la toma de decisiones de Álvarez-Buylla, el proceso de reinterpretación que se ha hecho desde su arribo a la Ley de Ciencia y Tecnología y el rumbo que debe tomar le Conacyt ha derivado en una falta de consensos y una confrontación que contrasta con lo dicho en lo que fue la primera conferencia de prensa de María Elena Álvarez-Buylla, cuando aseguró que en materia de política pública no daría “el volantazo” que podría derrapar y terminar en la cuneta. 

Si dio el volantazo. Una persona que conoce su trayectoria asegura que se vio en la disyuntiva de cortar definitivamente lo que denomina beneficios equivocados y reorganizar todo, desde lo que considera la visión de un México más justo. Pero en eso estaba cuando debió atender el sargazo y la crisis de salud por Covid-19, al mismo tiempo que hacía el rediseño institucional y aplicaba la austeridad republicana que ya la obligó a reducir operativamente casi el 50% de su presupuesto. 

La pandemia de Covid-19 evidenció un Conacyt debilitado, que tuvo una reacción tardía y hasta el momento se mantiene en una participación limitada, a pesar de ser el epicentro de la Ciencia y Tecnología de México, pero pareciera que se encuentra más bien a la espera de que sistemas científicos más eficaces elaboren vacunas o tratamientos que hagan frente a la pandemia.

Desde antes de la llegada del coronavirus y ahora más, el Consejo comenzó a guardar silencio, dejó de estar abierto e informar, y así perdió aún más el contacto con la sociedad. 

México, economía de desigualdad e ignorancia

Manuel Lino

A pesar de haber sido en 2019, por el tamaño del producto interno bruto (PIB), la economía número 15 del mundo, se puede decir que México sustenta su riqueza en la desigualdad y la ignorancia. 

En cuanto al primer factor, medido por el índice Gini, según cifras del Banco Mundial ocupamos el lugar 140 de 159 países; es decir, solo hay mayor desigualdad económica en países como Honduras, Brasil, Zambia y Namibia.

La ignorancia es más difícil de medir, pero podemos hacer un estimado a partir de cuánto invertimos en superarla. Según cifras de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), en 2019 México invirtió el 0.31% de su PIB en investigación y desarrollo. Mientras que Israel invirtió el 4.94 y Corea del Sur el 4.53 por ciento. 

En América Latina, con cifras de 2018, mientras México dedicaba el 0.33% del PIB a investigación y desarrollo, Chile invertía el 0.36 y Argentina el 0.54 por ciento.

La comunidad científica ha señalado este problema durante años. Con la nueva administración los senadores integrantes de la Comisión de Ciencia y Tecnología en un punto de acuerdo que mandaron a la comisión de presupuesto y cuenta pública de la Cámara de Diputados durante la discusión del presupuesto de egresos de la federación 2019, señalaron:

“Tanto la UNESCO como la OCDE, organismos cuyo mirador internacional aseguran una visión objetiva de las condiciones necesarias para promover el desarrollo integral de los países, recomiendan a México invertir cuando menos el 1% de su Producto Interno Bruto o incluso incrementar al 1.5 por ciento… el gasto en ciencia y tecnología, dado que el desarrollo científico, tecnológico y la innovación son puntales indispensables para el progreso económico y social sostenible”.  De nada sirvió.

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