Raúl García Araujo

Él pensó que había encontrado al amor de su vida. La conoció por Facebook. Con tan solo un clic, se hicieron amigos. Él la vio hermosa en la fotografía que tenía en su perfil. Ella lo sonrojaba con los mensajes que le enviaba. 

Las ganas de verse iban en aumento. Las conversaciones que mantenían todos los días parecían las de una pareja de novios. Él estaba entusiasmado por ver a la mujer de la cual se había enamorado. Deseaba tomarla de la mano, tocar su mejilla, salir con ella.  

La joven finalmente aceptó verlo. La cita, el 7 de mayo en punto de las 11:30 horas en la que dijo era su casa, una vivienda ubicada en el municipio de Valle de Chalco. 

Él acudió entusiasmado, sin medir los riesgos. Tocó la puerta, la cual se abrió en dos minutos. Finalmente se encontraron en persona después de varias semanas de haber entablado contacto por internet.  

La mujer lo invitó a pasar. Feliz, entró a la casa. Le pidió que se sentara en la sala mientras ella iba por algo. De pronto, todo cambió. La atmósfera de amor se convirtió en terror. La joven volvió con dos hombres y otras cuatro mujeres. Tomaron al enamorado de los brazos para empezar a golpearlo. Después, lo ataron, interrogaron y amenazaron. 

Uno de los hombres ahí presentes se comunicó con el jefe de la banda. Se trata de un interno del Reclusorio Oriente a quien apodan «El Hardy». 

«Jefe, ya tenemos al güey. Vamos a comunicarnos con la familia para que suelten la lana para liberarlo», decía por el teléfono el secuestrador para después colgar. 

Vino entonces la tortura. En casa de la víctima sonó el teléfono. Un familiar contestó, y no daba crédito a lo que escuchaba. 

«Tenemos a este güey, y si no pagan el rescate, lo vamos a matar. No anden con sus mamadas de ir a la policía porque lo matamos. Junten el dinero, y nosotros les hablamos». Y colgó. Hicieron un video donde torturaban a la víctima como prueba de que no estaban jugando. 

Pasaron varios días, y el teléfono de la familia de la víctima sonó de nuevo. Los secuestradores ya habían ideado un mecanismo financiero para cobrar el rescate. El dinero tenía que ser depositado en diversas cuentas bancarias, en sumas diferentes para evitar sospechas de la autoridad. Los familiares hicieron el pago, y los secuestradores no se comunicaron más. 

Desesperada por no tener noticias del joven, la familia denunció el secuestro. Lo primero que decidieron fue que no lo harían en el Estado de México debido a que la Fiscalía de Justicia, a cargo de Alejandro Gómez, es una de las más corruptas del país. Acudieron entonces a la Fiscalía de Justicia de la Ciudad de México, a la Coordinación General de Delitos de Alto Impacto. 

Los policías de investigación recabaron toda la información, principalmente los depósitos y las cuentas bancarias. Con la orden de un juez, lograron intervenir los teléfonos de los presuntos secuestradores, quienes se hacían llamar «Los Corazones». En una de esas llamadas, los agentes ubicaron a uno de los jefes de la banda, de nombre Polo Páez Medina, alias «El Hardy», que se encuentra preso en el Reclusorio Oriente. Él dirigía a la red que enganchaba a sus víctimas por redes sociales. Sabían dónde operan: en la capital del país y el Estado de México. 

Los oficiales estaban a la espera de que los captores establecieran comunicación con la familia para saber si la víctima continuaba con vida. Entonces vino lo peor. El joven fue encontrado muerto el 24 de mayo en calles de Valle de Chalco. 

El equipo comandado por el jefe general de la Policía de Investigación, Francisco Almazán Barocio, pidió a un juez librar ocho órdenes de aprehensión contra los ochos integrantes de «Los Corazones». Ya con ellas en mano, solicitaron colaboración a la Fiscalía del Estado de México, que los tenía ubicados en Valle de Chalco, Nezahualcóyotl y Chimalhuacán, así como en las alcaldías Coyoacán y Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México. 

Para que no se filtrara información y los delincuentes escaparan, los policías montaron un operativo conjunto que logró la captura de todos los sospechosos. 

El pasado 1 de agosto, un juez de control dictó a cada uno de los miembros de «Los Corazones» el auto de vinculación a proceso por el delito de secuestro, los ocho están bajo prisión preventiva.

La banda de Los Corazones es investigada por otros secuestros en los que se usó el mismo modus operandi de enganchar a sus víctimas por redes sociales.  

En Cortito: Nos cuentan que el crimen ha superado a las autoridades del Estado de México encabezadas por el gobernador priísta Alfredo del Mazo. El video que circula en redes sociales, donde se ve a usuarios del transporte público propinar una golpiza para defenderse de un asalto es prueba de ello. Nos dicen que lo peor es que ocurrió en la carretera libre México-Texcoco, donde aunque usted no lo crea, sí hay policías de la Secretaría de Seguridad Pública a cargo de Maribel Cervantes, pero no están para detener a los ladrones que se suben en las combis del servicio público, sino para robar y extorsionar a los automovilistas que por cualquier pretexto detienen y con la amenaza de no llevar sus vehículos al corralón, les sacan hasta cinco mil pesos para dejarlos circular en territorio mexiquense. Un llamado al gobernador Alfredo del Mazo para que los ponga a trabajar. 

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