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Ana Saldaña

Independientemente de San Valentín, estoy convencida que siempre resulta vigorizante para la vida de pareja escaparte y juntos descubrir nuevos lugares. Además, no siempre hay que gastar cantidades desorbitantes. En lo personal considero que es un gran lujo quedarse en hoteles pequeños y visitar lugares en donde uno puede tener experiencias únicas.

Así, con este ánimo, el pasado fin de semana decidimos aventurarnos al estado de Querétaro y recorrer el municipio de Ezequiel Montes. Aquí además de contar con atractivos turísticos como el pueblo mágico de Bernal y su Peña, también ofrece para los amantes del buen vivir, la oportunidad de recorrer la zona de viñedos y queserías.

Ezequiel Montes (2 of 2)

El pintoresco pueblo de Bernal es reconocido por la venta de cuarzos y minerales que son obtenidos de la zona, además de que ofrece todo tipo de actividades de deporte extremo como el rapel o para los menos aventureros la oportunidad de subir a la Peña por unos senderos.  Confieso que mejor optamos, por recorrer el pueblo y después sentarnos a comer en una mesa con la vista de la plaza en el restaurante Arrayan. Para abrir boca disfrutamos de unos ricos tacos de cabrito maridados con una cerveza regional Toro Golden, que en boca tenía sabores cítricos y clavo y estaba muy bien armada. Después pedimos unos huanzontles y un mixiote de pollo acompañados de un vino tinto Cuatro Regiones de Viña Dolores, elaborado como su nombre lo indica con uvas de cuatro estados: Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y Zacatecas, que resultó ideal para acompañar la comida. La sazón era muy buena y la cocina del lugar mostraba un buen manejo de las especias que resultaban en sabores que se apreciaban en el paladar.

Decidimos por quedarnos en el hotel Cantar el Viento. Desde que hice la reservación me sentí acogida por su dueña, Tony, quien me mandó desde recomendaciones para empacar, así como información precisa para llegar al hotel. El lugar, cuenta con 6 habitaciones. Nosotros nos quedamos en la Villa Cometa, que brindaba unas vistas espectaculares de la Peña, sobre todo en el amanecer cuando uno desde su cama podía ver como al salir el sol, iban cambiando los colores de la impresionante Peña. El hotel es sencillo, pero está inmaculado. La tarifa incluye desayuno y si uno corre con suerte, puede desayunar las típicas gordas de la región, que están rellenas de queso y chile martajado, que son una verdadera delicia.

A una media hora se encuentra la zona de viñedos. Para iniciar nuestro recorrido fuimos a los Viñedos de la Redonda. Ahí, llegamos justo a tiempo para iniciar el recorrido, pero no contábamos con su impuntualidad. Después de esperar más de 20 minutos con un grupo de aproximadamente 30 personas que se iba incrementando conforme pasaba el tiempo, decidimos mejor pasar a su tienda y solo probar sus vinos. Cual sería nuestra sorpresa, que únicamente se podían probar los vinos de su línea económica , pero ninguno de su línea premium. Fue evidente que en esta vinícola su objetivo es más turístico. Para ellos es más importante el volumen de gente, que en realidad ofrecer una experiencia lujosa en la que un consumidor serio de vino pueda familiarizarse con sus vinos. Después, decidimos pasar a Freixenet, sin duda el viñedo más importante de la zona. El estacionamiento era enorme y se veía muchísima gente, por lo que prácticamente, nos dimos la vuelta y seguimos en la búsqueda de una experiencia menos masiva.

Mientras salíamos huyendo de Freixenet y de las hordas de gente que lo visitan, nos topamos con el viñedo De Cote, que en ese momento se mostró frente a nosotros como una bocanada de aire fresco.

De Cote es un viñedo que recién fue inaugurado hace aproximadamente 6 meses. Su arquitectura es impresionante. Diseñado por la famosa firma de arquitectos Serrano Monjarraz, es una belleza con imponente estructuras que hacen evidente que no se escatimó en nada.  Ese día tuvimos la suerte de conocer a uno de sus dueños: Pepé Calderón, quien junto con su hermano incursionaron en cumplir su sueño de sembrar vides hace siete años y ofrecer vinos de buena calidad que reflejaran el terroir de la zona. Nos contó que el concepto del lugar era ofrecer experiencias enoturísticas en las que el visitante pueda recorrer el viñedo a pie, pasear por el viñedo en bicicleta o para los más comodinos, conocerlo a bordo de un camioncito con la opción de terminar el recorrido con una experiencia sensorial en su Bistro.

ana01

¡Y vaya que fue una experiencia memorable! La cocina es comandada por el joven y talentoso chef  Adán Flores, quien es pupilo de Enrique Olvera. Ese día nos preparó un menú de 5 cinco tiempos para acompañar los 4 vinos que se elaboran en la bodega. Al sentarnos en su agradable terraza podíamos observar sus viñedos, mientras escuchábamos el cantar de los pájaros. Para empezar nos sirvió Adán unos pulpos maridados con un vino Sauvignon Blanc, que tengo que en toda honestidad decir que fue el vino que menos me gustó, por sus aromas a epazote y pimiento. Después llegaron a nuestra mesa unos mejillones al vino blanco con cebollas caramelizadas acompañados de un ligero Chardonnay que estaban ambos fenomenales, tanto, que detuvimos la degustación y pedimos una segunda porción. Después nos seguimos con unos taquitos de res, acompañados por un Tempranillo/Shiraz, que también ameritaron repetir el platillo y finalmente un cerdo preparado al alto vacio acompañado de su Merlot/Cabernet/Shiraz que estaban también muy ricos y rematando de postre con quesos de la región. Sin duda la calidad de los vinos es excepcional y se muestra el cuidado y la seriedad de la bodega en cada sorbo. Mientras comíamos tuvimos la oportunidad de platicar con el Chef quien nos contaba que su comida giraba en torno al producto fresco que estaba disponible y que, por lo mismo, variaba continuamente. El enólogo de la bodega, el español Alberto González también estaba al pendiente de interactuar con los demás comensales y ahondar más en el tema de vinos. Así, pasamos una tarde agradabilísima.

Me quedó claro, que en la región hay dos opciones para el turista: o puedes optar por visitar los viñedos y tener una experiencia masiva o pagar un poco más y tener una experiencia memorable orientada para satisfacer a los consumidores más exigentes a precios que manejan una excelente relación precio-calidad.

Así, el fin de semana se fue volando, pero las memorias perdurarán. Espero que quedes invitado a visitar la región y en estas fechas de San Valentín, más que regalar flores o baratijas, busques esas experiencias memorables que recordarás con tu pareja toda la vida. Espero que tengas un fabuloso día y recuerda, ¡hay que buscar el sabor de la vida!

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Restaurante Arrayan
Ignacio Zaragoza #6
Centro, Bernal, Querétaro
Tel. (441) 296 4001
www.casatsaya.com

El Cantar del Viento

Calle los Arcos # 3,
Barrio el Gallito 76680,
Bernal, Querétaro,
Mexico.

Tel. (551) 490 8927

www.elcantardelviento.com.mx

Bodegas De Cote

Libramiento Norponiente Km. 5+900

Tunas Blancas, Ezequiel Montes, Querétaro

Tel. (441) 277-5000

www.decote.mx

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