Simón Vargas

La educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo.”

Nelson Mandela

Con el transcurrir de los años la educación se ha convertido en un componente significativo, representando un parteaguas en la vida de los niños y jóvenes, ya que no sólo permite incrementar las oportunidades laborales y de ingresos, sino que es una plataforma que concede la oportunidad de formar ciudadanos, aprender sobre valores y normas e incluso establecer modelos de sociabilización.

Sin embargo, hablar sobre este imperante tema, implica también aceptar que hoy son necesarias mejoras urgentes, no sólo se requiere enfocarse en el perfeccionamiento de técnicas de estudio, reconocimiento de nuevos modelos de enseñanza, identificación de avances tecnológicos y su aplicación, o reformar y aplicar nuevas teorías pedagógicas y educativas; sino que hay que dar un giro de 180° y convertir la escuela no solo en un lugar donde se enseña sino en un espacio que fomente el aprendizaje, y que no coarte sino que ayude a crecer, es decir, es primordial repensar el sistema educativo.

Si bien es cierto que desde la instauración del artículo 3° en nuestra Constitución, las políticas públicas se han enfocado en ampliar las oportunidades para que los niños y jóvenes puedan asistir a la escuela; esto no ha sido suficiente, ya que de acuerdo al Programa de Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) 2018, los estudiantes en México obtuvieron puntajes más bajos que el promedio de la OCDE en lectura, matemáticas y ciencias; solo alrededor del 1% demostró un rendimiento superior en lectura, lo que significa que alcanzaron el nivel 5 o 6 en la prueba y cerca del 44% de los estudiantes logró el nivel 2 o superior en matemáticas, cuando en promedio el 76% los alumnos de los países de la OCDE obtuvo dicho grado.

Los datos con respecto a la insuficiencia en la habilidad de lecto-escritura en el caso de América Latina es alarmante, ya que en cifras del estudio de The World Bank titulado: Ending Learning Poverty: What Will It Take? si bien la mayoría de los chicos de 10 años asisten a la escuela en la región, un 51% de ellos no tienen la capacidad de poder leer y entender un texto simple, lo que al final repercute seriamente, reduciendo las habilidades y el capital humano necesario para impulsar su bienestar económico y social.

Aprender es un proceso que implica adquirir experiencias, pero más allá de la vivencia o la modificación y aprobación de habilidades, destrezas, conocimiento y conductas, involucra la adaptación de éstas para futuras ocasiones. El aprendizaje es mucho más que leer, escribir y resolver operaciones matemáticas, pero estas son las competencias básicas para desarrollar el pensamiento crítico, la creatividad, la perseverancia y la autoconciencia que tanto nos hacen falta como sociedad.

En la situación actual queda claro que cantidad no es sinónimo de calidad, ya que, si bien hasta el momento la escolarización se ha incrementado en casi todas las partes del planeta y prácticamente se ha logrado universalizar la escuela primaria, desafortunadamente, dicho crecimiento se ha dado de tal manera que, aparentemente, se ha dejado de lado el objetivo final: el aprendizaje.

La crisis a la que nos enfrentamos proviene de distintas sendas: evaluaciones de aprendizaje carentes; condiciones externas a los alumnos como malnutrición, pobreza o enfermedades; falta de docentes adecuadamente preparados, con vocación de servicio y con la sencillez para orientar y enseñar, porque no sólo se trata de dominar los temas sino de encontrar los métodos pedagógicos oportunos para cada uno de los estudiantes; carencia de participación de los padres y madres de familia en el proceso de desarrollo de sus hijos y finalmente, una escasa administración escolar que ha limitado el crecimiento profesional y personal del educador.

Es así como actualmente en una sociedad donde se requiere de personas comprometidas con el bienestar debemos comenzar a entender que cada pieza involucrada en la ecuación de la educación tiene que reconocer su importancia: 1) las políticas públicas deben continuar enfocándose en abrir posibilidades de calidad a los alumnos y profesores; 2) los directores han de ser líderes pedagógicos seleccionados y formados para ser administradores de instituciones complejas como las escuelas; 3) es necesario que los docentes interioricen el impacto directo y profundo de su labor, que consideren su vocación y el amor a la enseñanza como punto de partida y destino; 4) en cuanto a los alumnos es necesario que miren al futuro, y se responsabilicen por él, no sólo asistiendo sino indagando y comprometiéndose en absorber los conocimientos; y 5) finalmente en cuanto a los padres de familia es fundamental que se consideren parte del proceso, apoyen y guíen a sus hijos. Porque solo si cada uno de los elementos aporta su máximo esfuerzo, el saldo negativo comenzará a revertirse.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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