Gabriela Sotomayor

El presidente Andrés Manuel López Obrador en ningún momento de la cumbre de la CELAC o en las ceremonias con motivo del aniversario de la Independencia condenó de manera inequívoca el asalto a la democracia y las graves violaciones de derechos humanos que tienen lugar en Cuba, Nicaragua y Venezuela. Se descaró.

Sin embargo, al sistema de derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) no le han pasado de noche las graves violaciones que tienen lugar en esos países. El espacio para este texto es muy reducido para poder incluir cientos de declaraciones, decenas de informes robustos y documentos que se han elaborado al respecto, pero valdría la pena recordar los más recientes.

En lo que se refiere a Cuba, Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para Derechos Humanos condenó “el presunto uso excesivo de la fuerza en contra de manifestantes en Cuba y el arresto de un gran número de personas, entre ellas varios periodistas. 

Es especialmente preocupante que entre ellas haya personas presuntamente incomunicadas y otras cuyo paradero se desconoce. Todas las personas detenidas por ejercer sus derechos deben ser liberadas urgentemente”.

“Los arrestos periódicos contra las personas defensoras de los derechos humanos en la isla, la falta de acceso a representación legal durante las detenciones y la vigilancia ejercida por agentes del Departamento de Seguridad del Estado son contrarias al derecho internacional y deben cesar”, dijo Mary Lawlor, relatora especial de la ONU sobre la situación de los defensores de los derechos humanos.

“Los integrantes del Comité de Integración Racial en Cuba que combaten el racismo y la discriminación contra la población afrocubana de la isla han sido detenidos desde 2017 en sus domicilios. Hasta el año 2019, también se les ha impedido viajar a eventos relacionados con su trabajo de defensa de derechos humanos sin ninguna explicación”, denunció.

En lo que toca a Venezuela hace apenas un año la misión independiente de la ONU afirmó tener “motivos razonables para creer que las autoridades y las fuerzas de seguridad venezolanas han planificado y ejecutado desde 2014 graves violaciones a los derechos humanos, algunas de las cuales —incluidas las ejecuciones arbitrarias y el uso sistemático de la tortura— constituyen crímenes de lesa humanidad”.

Martha Valiñas, presidenta de la Misión remarcó: “lejos de ser actos aislados, estos crímenes se coordinaron y cometieron de conformidad con las políticas del Estado, con el conocimiento o el apoyo directo de los comandantes y los altos funcionarios del gobierno”.

Reveló que tenían identificados a 45 funcionarios que deben ser investigados y procesados, y en el informe publicado hace pocos días la Misión sostiene que “actores políticos venezolanos de alto nivel” han ejercido una influencia significativa sobre el sistema de justicia para reprimir a opositores.

“En razón de una presión política que se fue intensificando, jueces y fiscales han desempeñado, a través de sus actos y omisiones, un papel importante en graves violaciones de derechos humanos y crímenes cometidos por diversos actores en Venezuela contra la oposición”.

Denuncia desapariciones forzadas de corta duración, tortura, incluida la violencia sexual y ejecuciones extrajudiciales perpetradas por autoridades en total impunidad.

Y sobre Nicaragua, Bachelet advirtió que la violación de las garantías fundamentales bajo el régimen de Daniel Ortega “se ha agudizado de manera alarmante” y que más de 120 opositores están encarcelados cuando faltan menos de dos meses para las elecciones.

A la condena de Bachelet se sumaron 59 países recordando que la ONU registró 328 muertos, 3 desaparecidos, 130 encarcelados y 88 mil nicaragüenses que huyeron del país a raíz de la represión de las protestas en 2018.

AMLO le roba el festejo a los mexicanos e invita a Miguel Díaz-Canel a dar un discurso sin importarle que los cubanos se hunden en la represión, el autoritarismo y la miseria, en tanto que Nicolás Maduro, quien podría ser acusado de crímenes de lesa humanidad, presume que México lo recibió con amor “como a un hijo”. El presidente se desborda en atenciones para los dictadores y los pasea por Palacio Nacional. Fuera máscaras.

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