Pirámide de la Luna: ¿Cómo eran los sacrificios y la guerra en Teotihuacán?
Excavaciones arqueológicas realizadas hace poco más de 20 años demostraron detalles sobre cómo eran los sacrificios humanos en Teotihuacán
Imagen panorámica de la pirámide de la Luna
/Cuartoscuro
El ataque armado que se presentó este día en la pirámide de la Luna de Teotihuacán causó un impacto importante a nivel nacional como internacional, esto debido a la gravedad del hecho y a que había turistas de otros países en el lugar. Esto propició que dicha zona arqueológica y la civilización pasada que ahí vivió sea también tema de conversación. Por ejemplo, se ha hablado de los sacrificios humanos y los foráneos que llegaban a vivir cautivos en ese lugar.
A finales del siglo pasado e inicios del actual se hicieron una serie de excavaciones arqueológicas en la Pirámide de la Luna, las cuales revelaron una serie de entierros asociados a prácticas rituales y actividades militares que evidencian la relevancia del sacrificio humano en esta antigua ciudad mesoamericana.
Los trabajos, realizados entre 1998 y 2004 y dirigidos por los arqueólogos Rubén Cabrera y Saburo Sugiyama, identificaron cinco enterramientos correspondientes a distintas etapas constructivas del monumento. En estos contextos funerarios se localizaron restos de individuos que no eran originarios de la región, lo que apunta a que se trataba de cautivos de guerra, algunos con indicios de pertenecer a estratos sociales elevados.
¿Cómo eran los sacrificios y la guerra en Teotihuacán?
Los hallazgos incluyen no solo restos humanos, sino también ofrendas de animales vinculados con la guerra, como aves rapaces, pumas y serpientes de cascabel. Este conjunto refuerza la hipótesis de que Teotihuacán mantuvo una dinámica militar constante, similar a la registrada en ciudades del área maya durante el mismo periodo.
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Uno de los contextos más relevantes es el Entierro 3, fechado alrededor del año 300 d.C., donde se encontraron tres hombres colocados en posición de “flor de loto”, postura asociada en Mesoamérica con deidades y gobernantes. En el mismo espacio se hallaron 14 cráneos de lobo, tres de puma y uno posiblemente de jaguar, junto a cuatro individuos extranjeros, de entre 15 y 35 años, que presentaban signos de haber sido atados.
En el Entierro 6, los arqueólogos documentaron la presencia de cuchillos de obsidiana, material volcánico utilizado por sacerdotes en rituales de sacrificio. También se recuperó una figura de carácter ritual, elaborada con piezas de serpentina ensambladas originalmente sobre una base de madera.
Por su parte, el Entierro 4, fechado hacia el 350 d.C., contenía 17 cráneos humanos y una vértebra adicional. Los análisis indican que los individuos, menores de 35 años, fueron ejecutados mediante golpes contundentes en el cuello y posteriormente decapitados con herramientas de obsidiana. Algunos restos presentan deformación craneana y modificaciones dentales, prácticas poco comunes en Teotihuacán, lo que refuerza la hipótesis de su origen extranjero y posible estatus social alto.
El Entierro 5 aportó evidencia adicional sobre la diversidad cultural en la ciudad. En este caso, se localizaron tres individuos extranjeros, de entre 40 y 70 años, también en posición de “flor de loto”. Los objetos asociados, como pectorales y joyas con estilo maya, sugieren que estos personajes pudieron provenir de regiones con las que Teotihuacán mantenía relaciones políticas o diplomáticas.
En conjunto, estos descubrimientos consolidan la idea de que Teotihuacán no solo fue un centro urbano y ceremonial, sino también un espacio marcado por conflictos armados y prácticas rituales complejas. La presencia de cautivos, la diversidad de orígenes y el simbolismo de las ofrendas permiten reconstruir un escenario en el que la guerra y el sacrificio desempeñaron un papel central en la consolidación del poder político y religioso.
Con información de National Geographic