“Es más fácil construir niños fuertes que reparar hombres rotos.”
Frederick Douglass
El 30 de abril se conmemora el Día de la niña y el niño en México, una fecha que debería ser de celebración y reflexión sobre el futuro de nuestra sociedad; sin embargo, en los últimos años se ha convertido en un recordatorio doloroso de las crecientes vulnerabilidades que enfrentan millones de niñas, niños y adolescentes.
La niñez mexicana enfrenta hoy un panorama sombrío marcado por el aumento del reclutamiento forzado por parte del narcoterrorismo y el crimen organizado, la deserción escolar, el abuso, el maltrato y la trata de personas, todo ello agravado por la ausencia del Estado, recortes presupuestales y la creciente dificultad de las familias para dedicar tiempo y atención a sus hijos.
Estimaciones de organizaciones como la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM) y Reinserta indican que los cárteles incorporan anualmente entre 35,000 y 45,000 niñas, niños y adolescentes, muchos de ellos a edades cada vez más tempranas, entre los 9 y 11 años. Estos menores son utilizados como sicarios, halcones, transportistas de droga o en actividades de explotación. Tan sólo en 2024-2025 datos del INEGI y reportes de la UNODC muestran un incremento en adolescentes privados de libertad por delitos asociados al crimen organizado.
La deserción escolar actúa como un factor de riesgo clave y es que miles de niños y jóvenes abandonan las aulas para incorporarse a las filas del narco, atraídos por promesas de dinero rápido, estatus o simplemente por la falta de alternativas. La deserción no solo limita sus oportunidades futuras, sino que los expone directamente a la violencia incluso estudios vinculan este abandono con consumo de drogas, problemas familiares y la cercanía a zonas de alta presencia criminal, tristemente la escuela, que debería ser un espacio protector, se vuelve insuficiente ante la ausencia de políticas integrales de retención y apoyo.
Por otro lado, de 2015 a 2025, miles de menores han sido víctimas de trata, las niñas son especialmente vulnerables a la explotación sexual, mientras que los niños enfrentan trabajo forzado o reclutamiento armado. Datos de UNICEF y SESNSP revelan que alrededor del 35% de las víctimas de trata reportadas son menores, y el 74% de ellas son mujeres.
Desafortunadamente, México no está cumpliendo con los objetivos emblemáticos de la UNESCO y la Agenda 2030, particularmente el ODS 4: “Garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad”; aunque se debe admitir que se ha avanzado en cobertura preescolar y primaria en décadas pasadas, persisten altas tasas de deserción en secundaria, bajos niveles de aprendizaje y brechas profundas en equidad.
El Estado está fallando en su trabajo; tan solo para 2025, el gasto en salud infantil se redujo drásticamente afectando vacunación, atención médica y programas preventivos, incluso en deporte y cultura física, recortes de más del 50% en programas de educación física de excelencia limitan el desarrollo integral y dejan a los niños sin alternativas sanas de esparcimiento.
Tristemente al escaso compromiso de las instituciones gubernamentales se le suma el hecho de que el aumento en el costo de la vida obliga a jornadas laborales extenuantes, migración o doble empleo; es así que padres y madres pasan menos tiempo con sus hijos, lo que erosiona los lazos afectivos, la supervisión y la transmisión de valores. Hogares con figuras ausentes pueden incrementar el riesgo de deserción, abuso y reclutamiento.
Frente a este panorama, el 30 de abril no puede ser solo una fecha de regalos y festejos o de ausencias y limitaciones, debe ser un llamado urgente a la acción, porque se requieren políticas integrales: mayor inversión en educación de calidad, salud y deporte; fortalecimiento de sistemas de protección contra la trata y el maltrato y medidas que faciliten la conciliación trabajo-familia.
La niñez no es el futuro, es el presente que estamos destruyendo. Si no actuamos con decisión estaremos condenando a toda una generación y, con ella, al porvenir de México.