Siete años después de su creación, la Guardia Nacional terminó por convertirse en una de las apuestas institucionales más importantes del gobierno del expresidente Andrés Manuel López Obrador.
El tiempo ha dado elementos para afirmar que la decisión de crear una nueva corporación nacional de seguridad no fue equivocada, sino una de las transformaciones más relevantes en la estrategia para recuperar la paz.
Los datos que acompañan este aniversario muestran una institución con mayor capacidad operativa, presencia territorial y reconocimiento ciudadano.
La más reciente Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI revela que siete de cada diez mexicanos confían en la Guardia Nacional, colocándola como una de las corporaciones de seguridad con mayor aprobación entre la población.
La evolución también puede medirse en su crecimiento. De poco más de 78 mil integrantes pasó a superar los 125 mil elementos desplegados en las 32 entidades del país, respaldados por 590 cuarteles distribuidos estratégicamente, lo que les permite responder con mayor rapidez a las necesidades de seguridad y mantener una presencia permanente en prácticamente todo el territorio nacional.
A diferencia de lo que ocurría con la extinta Policía Federal, cuyos elementos debían hospedarse durante días o incluso meses en hoteles cuando participaban en operativos de alto impacto, la Guardia Nacional dispone hoy de instalaciones propias en todo el país.
Esa infraestructura representa una ventaja logística que fortalece su capacidad de reacción, reduce costos operativos y brinda mejores condiciones para el desempeño de sus funciones.
Otro de los cambios relevantes ha sido la coordinación permanente con los gobiernos estatales y municipales.
La comunicación entre los tres órdenes de gobierno ha permitido construir estrategias conjuntas para combatir al crimen organizado, compartir labores de inteligencia y fortalecer la presencia institucional en regiones donde antes predominaban esfuerzos aislados.
Esa coordinación ya ofrece resultados en distintas entidades. En Puebla, el gobernador Alejandro Armenta ha reiterado que el trabajo conjunto con la Guardia Nacional, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina y las corporaciones estatales fortalece las acciones para preservar la paz y enfrentar a la delincuencia.
En Morelos, el presidente municipal de Cuernavaca, José Luis Urióstegui Salgado, también ha reconocido que la estrecha colaboración entre las instituciones de seguridad ha permitido mejorar la comunicación, fortalecer las estrategias operativas y avanzar en la recuperación de la tranquilidad para las familias.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha señalado que la Guardia Nacional constituye uno de los pilares de la Estrategia Nacional de Seguridad.
A la atención de las causas de la violencia se suman el fortalecimiento de la inteligencia, la investigación y la coordinación institucional, una fórmula que busca consolidar una política de seguridad con presencia territorial y capacidad operativa.
Los resultados también respaldan esa consolidación. El comandante de la Guardia Nacional, general de División de Estado Mayor Guillermo Briseño Lobera, informó que la corporación ha logrado la detención de más de 45 mil personas relacionadas con hechos delictivos, el aseguramiento de más de 23 mil armas de fuego, el decomiso de 213 toneladas de droga y el desmantelamiento de más de 2 mil laboratorios clandestinos para la elaboración de narcóticos.
A ello se suma el crecimiento estructural de la institución, que proyecta alcanzar 170 mil elementos al término de la presente administración.
Por supuesto, nadie puede afirmar que el problema de la inseguridad esté resuelto. México continúa enfrentando enormes desafíos en el combate a la delincuencia.
Pero también es cierto que la Guardia Nacional ha dejado de ser una promesa para convertirse en una institución sólida, disciplinada, con presencia nacional, infraestructura propia y una confianza ciudadana que la coloca entre las corporaciones de seguridad mejor evaluadas del país.
La historia suele poner cada decisión pública en su justa dimensión.
En el caso de la Guardia Nacional, el paso del tiempo parece confirmar que Andrés Manuel López Obrador acertó al impulsar una nueva corporación de seguridad.
Los resultados, la coordinación con los estados y municipios, la confianza de los mexicanos y su consolidación institucional terminan por hablar más fuerte que las descalificaciones que acompañaron su nacimiento hace siete años.
En Cortito: Nos cuentan que en un contexto donde la inseguridad no reconoce límites territoriales, Ecatepec y Tecámac decidieron enviar un mensaje que también tiene lectura política: la coordinación comienza a imponerse sobre la competencia entre gobiernos municipales.
El Operativo Interinstitucional Ecatepec-Tecámac, que moviliza cerca de 280 elementos y 73 unidades de los tres órdenes de gobierno, no sólo representa un despliegue de fuerza pública.
También evidencia que las alcaldesas Azucena Cisneros y Rosi Wong entienden que los delitos de alto impacto se desplazan con facilidad entre municipios y que enfrentarlos exige dejar atrás las fronteras administrativas.
La apuesta es clara: patrullajes coordinados en las colonias limítrofes para inhibir la incidencia delictiva y detectar a los generadores de violencia antes de que consoliden sus operaciones.
Azucena Cisneros sostiene que el modelo impulsado con el respaldo de la Marina ya arroja resultados en Ecatepec, con reducciones en delitos como extorsión, homicidio doloso y robo de vehículos.
Ahora el desafío será demostrar que esos avances pueden replicarse en una estrategia regional y no quedarse como cifras aisladas de un solo municipio.