Vivimos rodeados de ríos y sin agua

14 de Agosto de 2026

Vivimos rodeados de ríos y sin agua

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Miriam Saldaña Cháirez

Hay una paradoja que define a la Ciudad de México: vivimos rodeados de agua y, al mismo tiempo, padecemos pobreza hídrica. La ciudad fue construida sobre una antigua cuenca lacustre, conserva barrancas, humedales, canales, presas y vasos reguladores, y recibedurante la temporada de lluvias millones de metros cúbicos de agua.

En 2025 recibió más de mil 600 millones de metros cúbicos de lluvia y, en una sola jornada, llegaron a registrarse 17.3 millones de metros cúbicos de precipitación. En 2026, el reto es dejar de mirar esa agua exclusivamente como una amenaza y comenzar a gestionarla como infraestructura natural: infiltrarla, almacenarla y devolverla al acuífero. El problema, entonces, no es solamente cuánta agua tenemos, sino cómo la gobernamos.

La gobernanza del agua implica pasar de una visión limitada a abrir la llave y administrar tuberías a una gestión integral de la cuenca, donde gobierno, comunidades, academia y ciudadanía participen en las decisiones. El Programa Nacional Hídrico 2026-2030 coloca la gobernanza del agua como un objetivo nacional y plantea fortalecer la coordinación entre niveles de gobierno y actores comunitarios para garantizar progresivamente el derecho humano al agua, también hay que mirar hacia las barrancas, los ríos, los humedales, el suelo de conservación y el acuífero.

Las barrancas son infraestructura natural. Las presas y vasos reguladores también. La SEGIAGUA reporta que la Ciudad de México cuenta con 19 presas, con una capacidad conjunta superior a 3.2 millones de metros cúbicos, destinadas principalmente a retener las lluvias intensas y reducir inundaciones. Pero debemos ir un paso más allá: no basta con contener el agua; hay que recuperarla. La lluvia debe dejar de ser considerada únicamente una amenaza para convertirse en una fuente estratégica de abastecimiento y recarga del acuífero.

La estrategia de resiliencia hídrica de la SEDEMA plantea precisamente infraestructura verde y azul, captación pluvial y sistemas de cosecha de lluvia en viviendas con pobreza hídrica. Xochimilco y Tláhuac representan otra pieza fundamental. La zona lacustre de Xochimilco y San Gregorio Atlapulco comprende 2 mil 657 hectáreas y es un humedal de importancia internacional; el sistema Tláhuac-Xico suma otras 3 mil 587 hectáreas. Son territorios que regulan agua, conservan biodiversidad y sostienen producción agrícola.

El proyecto de Ciudad Lacustre plantea estudiar 184 kilómetros de canales y más de 2 mil 500 hectáreas, donde operan alrededor de 20 mil chinampas, con una inversión de 12 millones de pesos para anteproyectos de saneamiento, reúso, infraestructura verde y gestión de sequías e inundaciones. La dimensión social es imposible de ignorar. En 2025, únicamente 61.2% de la población analizada por Evalúa reportó recibir diariamente agua entubada dentro de la vivienda; 23.9% la recibía de manera inusual. Eso es pobreza hídrica: no necesariamente vivir sin una tubería, sino vivir sin certeza de que el agua llegará cuando se necesita.

Esta visión también debe alinearse con el Objetivo de Desarrollo Sostenible 6 (ODS 6): Agua limpia y saneamiento, que plantea garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, así como el saneamiento para todas las personas. Para la Ciudad de México, cumplir con este objetivo no significa únicamente ampliar redes o construir infraestructura: significa asegurar el acceso equitativo al agua, proteger las fuentes de abastecimiento, recuperar los ecosistemas hídricos, tratar y reutilizar el agua y fortalecer una gobernanza capaz de enfrentar sequías, inundaciones y desigualdad hídrica.

El ODS 6 nos recuerda que el agua no puede entenderse únicamente como un servicio público; es un elemento esencial para la vida, la salud, los ecosistemas y el desarrollo de las ciudades. Por ello, la política hídrica de la Ciudad de México debe vincular el derecho humano al agua con la restauración de barrancas, ríos, humedales, canales y acuíferos. Gobernar el agua implica, en última instancia, garantizar que cada gota tenga una función social, ambiental y territorial.Por eso, un Estado Ecosocial debe evaluar sus tecnologías no sólo por cuántos litros recuperan, sino por cuánto reducen desigualdad, cuánto protegen ecosistemas y cuánto fortalecen la autonomía hídrica. En 2026 se destinan 7 mil millones de pesos a 643 obras y acciones de agua, drenaje y saneamiento; además, se proyectan plantas de tratamiento capaces de ampliar su capacidad hasta 500 litros por segundo.

La pregunta de fondo es sencilla: ¿queremos seguir expulsando el agua de la ciudad o aprender a vivir con ella? La Ciudad de México no necesita solamente más tuberías. Necesita recuperar su identidad hídrica. Necesita convertir barrancas en infraestructura viva, vasos reguladores en espacios de captación y restauración, lluvia en reserva, canales en sistemas productivos y tecnología en una herramienta de justicia social.

Porque la verdadera crisis no es que la ciudad esté rodeada de agua.

La verdadera crisis es que todavía no hemos aprendido a gobernarla.