Alejandro Moreno (Alito) ha iniciado el 2026 con un tema sintomático en su agenda discursiva: la invitación al gobierno estadounidense a intervenir militarmente en México para combatir al “narcogobierno” de Morena.
En diversas entrevistas y conferencias de prensa, el actual dirigente del PRI ha señalado que en México manda el crimen organizado, que el tema de la violencia se ha vuelto cotidiano y “parte del paisaje”, y que hay que destruir a las organizaciones criminales con ayuda de otras naciones. Claramente, al referirse a “otras naciones”, el reflector cae directamente sobre Estados Unidos. Alito ha indicado que los estadounidenses poseen la mejor tecnología e inteligencia para combatir a dichas organizaciones y ha expresado que ve como necesario que vengan a México a “capacitar, a capacitarse o a colaborar” con tal de acabar con los grupos delictivos.
Alito ha acusado a la presidenta y a Morena de ser incongruentes por aceptar la colaboración internacional con Cuba para el sector salud, pero no querer aceptar ayuda en temas de seguridad con Estados Unidos por un simple discurso de soberanía nacional “que nadie entiende”. Resulta aún más incongruente que Alito Moreno tache al discurso de soberanía de ser un invento ideológico vacío, siendo presidente del PRI. El partido que creó el Nacionalismo Revolucionario, que institucionalizó la Doctrina Estrada y convirtió el tema del petróleo en un símbolo de nacionalismo y soberanía, es el mismo partido que hoy dirige Alito.
Morena no se inventó la narrativa de soberanía, la heredó del priismo. Los priistas hoy pueden criticar esas ideas por el mismo síntoma que he señalado en artículos anteriores: la falta de ideología en la política mexicana. El Nacionalismo Revolucionario es una idea pragmática y ajustable que puede significar lo que quiera que signifique quien manda. De igual manera, en el ámbito internacional, el principio de “no intervención” se utiliza a conveniencia y dependiendo de las circunstancias que lee quien gobierna. El PRI nacionalizó la industria petrolera en los años treinta, pero después hizo una reforma liberal que permitía la competencia extranjera en la década de 2010. La estructura de discursos vacíos, pragmáticos y arbitrarios no es invento de AMLO, ni herramienta exclusiva de Morena; es la principal característica de la política mexicana.
Ahora, Alito pide en todos lados que Estados Unidos intervenga en México para combatir al crimen organizado porque necesita atención, y porque el PRI hoy es un partido débil cuya identidad ha sido robada por el PAN y por Morena. El PAN le robó la derecha económica y Morena le robó el nacionalismo popular. Carecer de ideología vuelve muy difícil sentar una agenda distinta a la del régimen. No defender nada y tener que criticar al oficialismo es una tarea muy complicada. Y esta tarea se complica aún más cuando todo lo que debes criticar es aquello que tu partido inventó y utilizó durante décadas.
La idea de soberanía y nacionalismo es invento del PRI e incluso es parte de aquello que logró mantener al partido tantos años en el poder. El orgullo nacionalista y el sentimiento antiyanqui son ideas populares entre la ciudadanía mexicana, y el PRI hizo esos temas parte de su agenda. Invitar a otra nación a intervenir militarmente, sonando como simpatizante de Trump, no es una idea nada popular. Más bien es una idea suicida, que permite que el PRI se siga hundiendo cada elección.
El PRI va a desaparecer pronto como logotipo, nombre y marca; pero no se irán su discurso, su pragmatismo excesivo, ni su agenda política.