El Imperio que aplaude

13 de Febrero de 2026

Jorge Carlos de María
Jorge Carlos de María

El Imperio que aplaude

Jorge Carlos de María-

Cuando conversaba con alguien sobre lo mucho que me había gustado el espectáculo que montó Benito en el medio tiempo, me respondió enviándome un meme, casi como reprimenda: “Si EU lo televisa, no es contra el sistema. Todo lo que aparece ahí ya fue filtrado, negociado, mercantilizado y domesticado. Incluso cuando parece crítico. El mensaje antiimperial solo pudo decirse porque el imperio lo permitió… y lo permitió porque ya no amenaza su estructura.”

La frase me hizo detenerme.

La idea incomoda porque toca una fibra real: el espectáculo no es ingenuo. El medio tiempo del Super Bowl no es una asamblea comunitaria; es el evento televisivo más rentable del planeta. Cada segundo está cronometrado, patrocinado y aprobado por abogados.

Cuando vimos a Bad Bunny cantar en español frente a millones, no ocurrió en el vacío. Ocurrió dentro de una industria que convierte rebeldías en mercancía y consignas en branding. El sistema tiene una habilidad extraordinaria para absorber lo que parece desafiarlo.

¿Significa eso que el mensaje fue falso? No necesariamente. Significa que vivimos en una época donde la crítica ya no se censura: se capitaliza.

El poder entendió algo hace tiempo: es más eficaz permitir ciertas expresiones que prohibirlas. Porque cuando la identidad se vuelve espectáculo, pierde filo político y gana patrocinadores. Lo subversivo, en prime time, se vuelve tendencia.

Pero el meme también corre el riesgo de caer en cinismo absoluto. Como si toda expresión cultural estuviera vacía por definición. Como si la representación no importara porque fue “permitida”.

Ahí está el matiz.

Que un mensaje pase por filtros corporativos no lo anula; lo contextualiza. El hecho de que algo sea rentable no lo convierte automáticamente en irrelevante. A veces el sistema permite porque no puede impedir: porque la realidad demográfica, cultural y económica ya cambió.

Estados Unidos no transmitió diversidad por generosidad ideológica. La transmitió porque es su mercado. Porque 60 millones de latinos no son una minoría simbólica; son una fuerza económica y cultural. El imperio no solo tolera lo que no amenaza su estructura: también se adapta para sobrevivir. La pregunta entonces no es si el sistema permitió el mensaje. La pregunta es qué hacemos nosotros con él.

Si lo reducimos a un # o a un meme, confirmamos la teoría de que todo fue domesticado. Si lo convertimos en conversación, organización y participación cívica, entonces el espectáculo fue puerta, no destino.

Tal vez el meme en cuestión tiene razón en algo: el poder rara vez se autodestruye en horario estelar. Pero también es cierto que las transformaciones profundas muchas veces comienzan en los márgenes culturales antes de llegar a las leyes.

El imperio aplaude lo que puede digerir. La ciudadanía decide si lo que vio fue solo entretenimiento… o un recordatorio de que la identidad no necesita permiso para existir.