Hidropelo: Agua limpia

13 de Febrero de 2026

Miriam Saldaña
Miriam Saldaña

Hidropelo: Agua limpia

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Miriam Saldaña

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EjeCentral

El agua es vida, pero también un espejo en el que se refleja el estado de nuestra conciencia: hoy vemos cuerpos de agua contaminados, ríos que pierden caudal, lagos que agonizan y acuíferos que se agotan. El acceso al agua potable y el saneamiento no son privilegios ni discursos de ocasión: son derechos humanos fundamentales básicos para la dignidad y la salud de las personas. Pero más allá del derecho, el agua es un recurso vivo que sostiene a nuestros ecosistemas, nuestra agricultura, nuestra vida cotidiana y nuestra seguridad hídrica.

La ONU, a través del Objetivo de Desarrollo Sostenible 6, llama a garantizar la disponibilidad y gestión sostenible del agua y el saneamiento para todas las personas. Para lograrlo, urge innovar; no solo invertir en infraestructura tradicional, sino imaginar nuevas formas de circularidad y recuperación ambiental que estén al alcance de comunidades, sectores productivos y, por supuesto, los gobiernos. En ese marco, propongo una iniciativa audaz para la Ciudad de México: que SEDEMA implemente un programa de recolección de cabello en estéticas y salones de belleza como un insumo ambiental estratégico para el saneamiento de nuestros cuerpos de agua y la protección de suelos urbanos y periurbanos.

¿Por qué cabello? Porque el cabello humano tiene propiedades naturales únicas: su estructura capta y retiene aceites, hidrocarburos y contaminantes presentes en el agua. Iniciativas globales como las promovidas por organizaciones civiles, salones de belleza y la organización internacional Matter of Trust han demostrado que, colocados en mallas o barreras, los cabellos recolectados pueden adsorber contaminantes antes de que estos se dispersen en cuerpos de agua.

A nivel internacional, proyectos similares han demostrado que un kilogramo de cabello humano puede absorber entre 5 y 9 litros de hidrocarburos, ofreciendo una herramienta de descontaminación de bajo costo y bajo impacto ambiental, que complementa nuestras estrategias tradicionales de limpieza.

Pero esta propuesta va más allá de la limpieza de agua: se trata de cerrar un ciclo ecológico y social. El cabello colectado no se convierte en desecho, sino en un recurso con propósito: capaz de ser transformado en fibras para protección de suelos, reteniendo humedad, reduciendo la erosión y favoreciendo la infiltración del agua en zonas verdes. Internacionalmente, se ha demostrado que el cabello también puede utilizarse como mulching o acolchado que retiene humedad y ayuda a conservar el agua del suelo en zonas agrícolas y periurbanas, reduciendo la evaporación y mejorando la calidad del suelo. En la Ciudad de México, SEDEMA tiene atribuciones para la protección, conservación y restauración del ciclo hidrológico y sus ecosistemas asociados.

La Gaceta Oficial de la capital establece la obligación de mantener la integridad de los elementos naturales que intervienen en la recarga de acuíferos y la protección de suelos y cursos de agua. Adicionalmente, SEGIAGUA, a través de sus protocolos operativos, atiende problemáticas de manejo hídrico y drenaje, promoviendo una gestión eficiente de la red urbana de agua —incluyendo la atención de condiciones que ponen en riesgo la infraestructura de drenaje— lo que indica la voluntad institucional de incorporar soluciones novedosas que mejoren la gestión integral del recurso hídrico.

Un programa de “Cabello por Agua Limpia” podría articular redes de acopio en salones de belleza, barberías y estéticas de toda la capital; SEDEMA y SEGIAGUA podrían certificar puntos de entrega, articular campañas de educación ambiental y coordinar la transformación de este material en dispositivos de filtración natural o fibras orgánicas para protección de suelos. Esta política pública encaja además con los principios de la economía circular, como lo promueve el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente: mantener recursos en uso y extraerles el máximo valor antes de su disposición final, reduciendo residuos y generando beneficios ambientales y sociales.

La Ciudad de México, que enfrenta desafíos de escasez de agua, de contaminación de cuerpos de agua y de degradación de suelos, puede liderar con valentía y creatividad. Recolectar el cabello que hoy se desecha y convertirlo en una herramienta para sanear el agua y proteger la tierra es una forma palpable de demostrar que la innovación ambiental puede surgir desde lo cotidiano, desde lo local y desde uno mismo.