¿Avanza la liberalización comercial en el mundo?

21 de Septiembre de 2026

¿Avanza la liberalización comercial en el mundo?

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Alejandro Estivill

Hubo un tiempo en que la generación de acuerdos comerciales era sinónimo de buena gestión. Más allá de argumentos muy poderosos (especialización, productividad, acceso a insumos, transferencia de tecnología, impulso al capital humano…), quienes apoyan la liberalización emplean una evidencia contundente: el libre comercio contribuye al crecimiento.

El World Trade Report 2026 estima que fortalecer el sistema multilateral de comercio elevaría el PIB mundial un 3% hacia 2050. No hacerlo implicaría reducciones del 10%. Sin embargo, un gorila se metió en el cuarto. Las ganancias del libre comercio no se distribuyen uniformemente. Los perdedores son vocales; muestran casos concretos de afectación. Por el contrario, el argumento generalista sobre las ventajas para la sociedad tiene menos resonancia. Cabe preguntarse si estamos avanzando hoy hacia más liberalización o retrocediendo.

Según un recuento reciente, en 2025 se firmaron más de doce acuerdos bilaterales y regionales, el doble del promedio anual de 2020-2024. Buscan ampliar diversificación, cadenas cercanas de suministro y reducción de exposición a crisis. Pero hay noticias negativas: el proteccionismo, los subsidios, controles y represalias están proliferando indiscriminadamente. Detonan un grave síntoma: incertidumbre.

El libre comercio no desaparece, cambia de escala y lógica. La globalización con reglas hacia la eficiencia está siendo sustituida por la integración regional pragmática que demanda seguridad económica. El Barómetro sobre el Comercio de Mercancías de la OMC prevé que el crecimiento del comercio mundial se desacelere hasta el 1,9 % en 2026, frente al 4,6 % registrado en 2025. Los intercambios continúan, las reglas comunes se debilitan. UNCTAD señala que dos tercios del comercio responde ahora a cadenas que priorizan atender riesgos, antes que acceder al menor costo.

La Zona de Libre Comercio Continental Africana (AfCFTA) es ejemplo de esta nueva regionalización. Comenzó a aplicarse en 2021 con medio centenar de estados y un mercado de 1,300 millones de personas. 90% de sus líneas arancelarias debería liberalizarse prioritariamente. Su ritmo de ratificación ha sido extraordinario. Presumir que 49 países lo han ratificado contrasta con que solo 24 comercian bajo sus preferencias. Su utilización efectiva se concentra en diez países. Adolece de lentas negociaciones sobre anexos y mecanismos de regulaciones y promoción. Esas negociaciones están guiadas por una agenda de seguridad económica y política. Una cosa es ratificar y otra realizar operaciones preferenciales y cotidianas que involucran empresas y comunidades afectadas.

Las barreras decisivas ya no son solamente los aranceles: el asunto recae en controles fronterizos, documentación, sistemas de pago incipientes, normas técnicas divergentes y, sobre todo, falta de infraestructura. El comercio intraafricano representa 15% de su total; por debajo de grandes flujos con Europa y Asia, herederos del colonialismo y el neocolonialismo. La reducción arancelaria en estas condiciones no logra concretarse en cadenas regionales de valor más sólidas. Persiste el temor de las economías pequeñas a quedar expuestas a bienes importados más baratos.

El Banco Mundial estimó que la aplicación completa del AfCFTA podría elevar los ingresos regionales en 7% para 2035. Sacaría a 30 millones de personas de la pobreza. Generaría 450,000 millones de dólares adicionales. Una integración que incluyera fomento a la competitividad, comercio electrónico y protección de propiedad intelectual elevaría esos beneficios; ese comercio intraafricano crecería 52%. Pero los temas de tecnología, capacitación, apoyo a pequeñas empresas y retención del valor económico en África son preocupaciones centrales.

El sistema de pagos pervive al centro del debate. El Sistema Panafricano de Pagos y Liquidación impulsa operaciones en monedas locales sin intermediarios externos. Pero la incertidumbre afecta la iniciativa y amenaza con que todo termine en una promesa institucional con comercio limitado.

La pregunta sobre el futuro del libre comercio conlleva una respuesta: todo depende. No hay un retroceso en todas partes, ni en todos los sectores. Hay un desplazamiento hacia acuerdos regionales y entre países del Sur Global. Pero tal avance es aún defensivo, desigual e influido por las rivalidades entre bloques. Es más fácil firmar un acuerdo y hablar de sus virtudes que hacerlo funcionar. La perspectiva optimista requiere más sofisticación: tomar en cuenta la especificidad de cada corredor y las condiciones geopolíticas más complejas. Y culpar al comercio es la carta cómoda a esgrimir. El demonio está en los detalles y el trabajo a realizar en los matices profundos de la estructura comercial.