1ER. TIEMPO: El mayordomo de los niños. Cuando se acercaba el momento en que Andrés Manuel López Obrador tomara protesta como presidente, se sacó de la chistera el nombre de Octavio Romero Oropeza como el próximo director de Pemex. Fue una enorme sorpresa. La empresa más importante del Estado mexicano necesitaba un técnico y un financiero para poder continuar con su rescate, no un ingeniero agrónomo, pero López Obrador no estaba en esa lógica; necesitaba colocar incondicionales de toda su confianza en puestos estratégicos. Ya se vería años después el por qué le había entregado a un político sin experiencia ni entrenamiento en ese campo el eje simbólico de lo que sería su gobierno. Romero Oropeza no era un político subordinado a los deseos de López Obrador, sino mucho más que ello. Fue uno de los tres tabasqueños que se mudaron con él a la Ciudad de México en los años 90 para iniciar la escalada a la Presidencia, despachó como oficial mayor en el gobierno capitalino que encabezó López Obrador, y administró en la sombra los recursos de la campaña presidencial donde enfrentó a Felipe Calderón en 2006. La relación de Romero Oropeza con López Obrador se remonta a los inicios del Partido de la Revolución Democrática en Tabasco, en 1989, pues ambos compartían el interés por las comunidades rurales, la religión y la política. No fue solo su compañero de viaje, sino también quien le dio sustento ideológico a López Obrador, y contribuyó a la polarización en la que entró Tabasco desde principio de los 90, con invasiones de ranchos e instalaciones de Pemex, de cuya enfermedad nunca más salió. La confianza en Romero Oropeza era tal, que López Obrador lo eligió como la persona que manejara sus recursos, tanto políticos como personales. Lo hizo oficial mayor del PRD cuando lo presidió y lo responsabilizó de los dineros en la Ciudad de México cuando fue jefe de gobierno López Obrador. Era también quien pagaba las escuelas de sus tres hijos mayores y les proporcionaba recursos cuando lo requerían, para sus doctores y sus medicinas, para emergencias y para la vida cotidiana. No era visto como uno más de los muy cercanos a López Obrador; era ‘el tío’.” Romero Oropeza duró todo el sexenio en Pemex y el aún presidente le pidió a la presidenta electa, Claudia Sheinbaum, que lo ratificara. Sheinbaum tenía otros planes para Pemex, pero no podía dejar a Romero Oropeza con la protección y acceso a recursos, que era lo que se encontraba detrás de la exigencia de López Obrador. Lo puso como director del Infonavit, la única institución además del sector Salud, que tendría dinero para invertir en sus programas. Cambió de dirección, y entre su equipaje llegaron al Infonavit las maletas de José Ramón, Andy y Gonzalo, los hijos de López Obrador, que seguían nutriéndose del mayordomo de la casa.
2DO. TIEMPO: Aquellos años del principio. En 1959 en Jalapa, cabecera del mismo nombre en la región de la sierra de Tabasco, no había más de 17 mil pobladores. Como muchas otras comunidades en el sur del país, padecía una pobreza estructural y estaba marginado del desarrollo. Ese año, en ese contexto, nació en el pueblo Octavio Romero Oropeza, que se vinculó en su etapa juvenil con la naciente Jornadas de Vida Cristina, un movimiento de jóvenes católicos con presencia en varios países del continente americano, especialmente en Argentina, Canadá y México. Inquieto, pronto se fue a Villahermosa, donde llegó a ser un líder juvenil que participaba activamente en el trabajo con las comunidades más pobres. Romero Oropeza escribía en los 60 un artículo editorial que Jesús Silbilla Oropeza, su primo, leía y actuaba en un popular programa en Telereportaje, una empresa periodística con casi 70 años de vida y propiedad de Silbilla Oropeza, que tenía una profunda influencia en las comunidades de Tabasco. Quienes recuerdan esos tiempos, cuentan cómo, en el campo, la palabra de Telereportaje era como una Biblia y un camino a seguir. Ahí, bajo el seudónimo de “Jodi”, Romero Oropeza mencionaba regularmente la díada ricos y pobres, nutriendo a distancia a Andrés Manuel López Obrador, que aunque nació en Macuspana, un municipio a unos 40 kilómetros de Jalapa, no lo conocía, sembrando en su cabeza un discurso público lleno de sofismas y silogismos con los que años después comenzó a cambiar el humor social en el campo tabasqueño. Los sketches políticos de Romero Oropeza llamaron la atención de López Obrador, que lo llevó a conocerlo. “Jodi” le decían antes de conocer al expresidente, quien le dijo que su apodo era la palabra corta de “jodidos”. Romero Oropeza fue su primer ideólogo y lo acompañó durante la transición del PRI al PRD en 1988, tras la victoria de Carlos Salinas en la elección presidencial. Con Romero Oropeza como su pilar, López Obrador comenzó una larga carrera como la figura más relevante de la izquierda social, cuya estampa más importante en aquellos años de fin de siglo, fue la toma de más de 600 pozos petroleros de Pemex, a lo que le siguió su gran marcha política, el Éxodo por la Democracia y la ocupación del Zócalo capitalino. Romero Oropeza, junto a Alberto Pérez Mendoza, otro soporte político del expresidente, que murió en 2013 y Javier May, actual gobernador de Tabasco, fueron sus eternos compañeros de travesías políticas. Pero fue “Jodi” el motor fundamental para moldear el pensamiento de López Obrador, con quien construyó lo que hoy tenemos, la división política, ideológica y emocional del país.
3ER. TIEMPO: Hipocresías y contradicciones. La biografía personal de Andrés Manuel López Obrador no puede escribirse sin incorporar capítulos sobre el papel que jugó Octavio Romero Oropeza en su larga caminata hacia la Presidencia, por el soporte personal que le dio cuando abandonaba a sus hijos para andar de campaña, que nunca cejó. Cuando López Obrador llegó al poder, Romero Oropeza y José Ramón, Andy y Gonzalo, llegaron al paraíso. El primero fue hecho director de Pemex, y Andy y Gonzalo cobraron fama y señalamientos de haber hecho del contrabando de combustible uno de los negocios más redituables en tan solo seis años. Las investigaciones sobre el huachicol fiscal de los hijos de López Obrador determinarán sus responsabilidades, pero no van disociados de Romero Oropeza, que cuando salió de Pemex y llegó al Infonavit, en su equipaje llevaba a Gonzalo, a quien también están investigando por contratos millonarios de construcción de vivienda de interés social. Aquellos años de pobreza y limitaciones, quedaron hace algunos años atrás. Los bolsillos de todos ellos se hincharon, aunque a “los niños” como les dicen peyorativamente en algunos círculos de Morena a los hijos de López Obrador, no les han encontrado, al menos públicamente, nada por lo cual puedan iniciarles investigaciones en México. Están blindados, como lo está Romero Oropeza dentro del gabinete legal ampliado de la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque últimamente anda volando en medio de fuertes turbulencias. Romero Oropeza, en lo que dice hoy que fue un error, envió su declaración patrimonial, como todo funcionario público, a la Secretaría Anticorrupción, sin aclarar, afirmó, que era para que se hiciera pública. Pocos deben de creerle, sobre todo luego que la prensa registró que se mantenía en secreto, obligando a la presidenta a pedirle que la transparentara. Romero Oropeza tuvo que abrir su fortuna, que suma casi 50 millones de pesos. Era producto de sus ahorros y de créditos, aunque no hay explicación del porqué, si hay una ley que impide comprar un inmueble en efectivo, si rebasa los 900 mil pesos, nada le pasó legalmente al haber pagado por dos propiedades poco más de 7 millones de pesos en cash. Nada la pasará. El blindaje López Obrador lo protege. Pero la sanción moral ha sido fuerte: ¿cómo “Jodi” se transformó de un luchador por las causas más necesitadas y que mantuvo un discurso de austeridad durante décadas, en un millonario a escondidas de millones de mexicanos que votaron por la idea de la honestidad valiente de López Obrador? Es una gran contradicción política y ética, pero no irá a ningún lado. Esa familia tabasqueña que aún está en la cima del poder, tiene una enorme cara dura que soporta estos y más vendavales… hasta que ya no los aguante.
rrivapalacio2024@gmail.com
X: @rivapa_oficial