La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) acaba de publicar un extenso documento, intenso en datos e información, denominado “Panorama Social de América Latina y el Caribe 2025”, que vale la pena comentar y compartir, por los datos que aporta.
En esta primera entrega quisiera referirme a lo que destaca el Resumen Ejecutivo. Según la CEPAL, nuestro continente debe enfrentar tres trampas para el desarrollo, siendo la primera la que se vincula la baja capacidad que tenemos para crecer económicamente; la segunda se refiere a la alta, yo diría terrible, desigualdad, con baja movilidad social y una débil cohesión; y, por último, una gobernanza poco efectiva debido a las bajas capacidades institucionales.
Utiliza como referencia la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social organizada por las Naciones Unidas en Qatar a principios de noviembre del año pasado, recordando que la Primera Cumbre se celebró hace ya 30 años. Lo más destacado de esa reunión, tal como apunta el resumen, es que se utiliza el término de desarrollo social “inclusivo”, situando a las personas en el centro de la atención y exigiendo medidas institucionales robustas que permitan y garanticen a nuestras sociedades un sistema de protección social universal y sostenible.
La CEPAL plantea diez propuestas para alcanzar este desarrollo social inclusivo, que van desde la erradicación de la pobreza y el hambre, la reducción de la desigualdad, la inversión en educación y el fortalecimiento de los sistemas de pensiones, entre otros.
Son propuestas muy ambiciosas y, como bien menciona, serán necesarios múltiples esfuerzos de todos los gobiernos de nuestra América para cumplir con los compromisos firmados en la Segunda Cumbre de Qatar, porque, creo, se puede repetir la situación de otras Cumbres, como la de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que, según parece, pocos países van a poder alcanzarlos a cabalidad.
El resumen menciona que somos la región que, en los últimos diez años, presenta la desigualdad más alta de todas las regiones y además es la que profundiza las otras dos trampas mencionadas al inicio. Aunque se reconoce que hay una leve tendencia a la baja, el índice de Gini, que es el indicador de la desigualdad de ingresos, nos coloca como el más alto de todas las otras regiones del mundo, con la excepción del África Subsahariana.
Se destaca que el decil superior, el de los más ricos, concentra en promedio un tercio del ingreso nacional, mientras el decil más bajo, el de los más pobres, concentra apenas el 2% del ingreso nacional. Si bien varios países, entre ellos el nuestro, mejoraron su posición en cuanto a desigualdad, en términos generales, para los países que redujeron algo el fenómeno ello no ha implicado transformaciones estructurales, según la CEPAL.
En materia de empleo el gran obstáculo son las brechas que hay en la educación, que trataremos en el próximo artículo, y que la CEPAL indica que reproducen la desigualdad para poder obtener empleos de calidad y bien remunerados. Y, por supuesto, también son negativos los factores del bajo crecimiento económico, que crea muy pocos empleos formales.
Y hay un tema generalizado que es el de la situación de las mujeres, las cuales, según la CEPAL, son parte de los grupos históricamente excluidos del desarrollo: una de cada dos mujeres en América Latina y el Caribe no tiene acceso al mercado laboral formal, y las tasas de desocupación son mucho más altas entre ellas.
Yo considero que el documento de la CEPAL debe analizarse con cuidado, sobre todo por las autoridades gubernamentales, además de los académicos, porque parte de un compromiso firmado y da orientaciones sobre lo que se puede hacer para mejorar las condiciones de vida de millones de personas que lo necesitan urgentemente.