Para unos es invasión; para otros, la promesa de una Venezuela libre tras 25 años. Para millones, es apenas la esperanza de volver a casa.
Hablar de Venezuela exige una responsabilidad mayor. Implica reconocer sin atajos, que el intervencionismo vulnera el Derecho Internacional, que el autoritarismo fue real, prolongado y devastador, y que entre ambas narrativas existe verdad y sobre todo un dolor profundo y medible: el de millones de venezolanos expulsados de su país. Reducir el debate a estar de un lado u otro no solo empobrece el análisis; traiciona la complejidad de lo ocurrido y, sobre todo, a las víctimas.
La detención de Nicolás Maduro irrumpió en la agenda global como un sismo político. Más allá de la polarización que provoca su figura, el episodio abrió una grieta entre la legalidad internacional y una realidad que no puede deslegitimar: el colapso social acumulado en familias venezolanas, tras más de una década de poder concentrado y autoritarismo absoluto.
Maduro gobernó Venezuela desde el 5 de marzo de 2013, tras la muerte de Hugo Chávez. Su tercer mandato estaba previsto hasta 2031, lo que implica casi 13 años en el poder, marcados por procesos electorales cuestionados, control institucional y aislamiento internacional. Durante ese periodo, al menos 8 millones de personas abandonaron el país, más del 25% de la población. La economía se contrajo más de 70% del PIB desde 2013 y la hiperinflación pulverizó salarios, servicios públicos y derechos humanos.
En su última conferencia pública, Maduro rechazó los señalamientos, calificó los hechos como una “agresión extranjera”, denunció un intento de golpe dirigido desde Estados Unidos y lanzó desafíos abiertos a Washington, siempre soberbio…
Desde la oposición, María Corina Machado afirmó que la detención marca el colapso de un sistema que “secuestró la voluntad popular”. Llamó a evitar venganzas,
exigió elecciones libres, verificables y con observación internacional, y subrayó que la transición debe estar en manos de los venezolanos, no de intereses externos, lo cierto es que Trump ya desestimó cualquier posibilidad de que ella encabece los trabajos políticos en venezuela…
Por otro lado, esta detención dejó, según medios internacionales al menos 40 personas fallecidas durante el operativo, ocurrido en aproximadamente 40 minutos, mientras fuentes oficiales estadounidenses hablaron de un procedimiento “controlado”.
Las reacciones globales ya delinearon el matiz del conflicto. Desde México, Claudia Sheinbaum insistió en el principio de no intervención; desde Europa, Emmanuel Macron pidió una transición institucional; y desde Estados Unidos, Donald Trump celebró el golpe político desde Mar-a-Lago y habló de “liberación”, una palabra que suele coincidir con petróleo, gas y minerales estratégicos.
México, Uruguay, Brasil, Chile, Colombia y España ya fijaron postura conjunta ante crisis en Venezuela, buscan una salida pacífica, diálogo y respeto a la soberanía.
En medio de estas tensiones diplomáticas, surgen preguntas inevitables: ¿quién traicionó a Maduro?, ¿quién asumirá el poder?, ¿qué papel juega una ONU cada vez más desdibujada? El artículo 233 de la Constitución venezolana establece que ante la falta absoluta del presidente, el presidente de la Asamblea Nacional debe asumir de forma interina y convocar elecciones. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Justicia ordenó que sea la vicepresidenta Delcy Rodríguez quien asuma la jefatura del Estado por “ausencia forzosa”, anticipando una disputa constitucional de alto riesgo, mientras que Trump, ya amenazó a Delcy con “hacer lo correcto”…
La salida de Maduro no es el final del problema: es el inicio del conflicto real. Estados Unidos no actúa por altruismo; busca reordenar el poder bajo una lógica de intereses estratégicos. ¿Vulnera esto el Derecho Internacional? Sí. ¿Puede ignorarse el carácter dictatorial del régimen y sus violaciones sistemáticas a los derechos humanos? No. Negarlo sería cínico.
La salida de Maduro abre una ventana de esperanza que no garantiza, por sí sola, el retorno a la democracia ni la reparación del daño social. Hoy la discusión es entre la invasión internacional, y el autoritarismo en medio del sufrimiento de millones de venezolanos, no hay héroes ni villanos: hay responsabilidades compartidas y víctimas reales.
Atención con lo que se viene para América Latina y el derecho internacional, las reacciones de sus aliados, el papel de Estados Unidos y las posibles consecuencias para la estabilidad regional.
Mientras muchos hablan de intervencionismo; otros observan el cierre de un ciclo de 25 años de autoritarismo. La pregunta no es ¿Cómo cayó el poder? sino, ¿Qué poder nace después?
Karen Torres Aguilar @KARENTORRES.MX Periodista | MKT Specialist