Cerimedo: del discurso al acto

27 de Agosto de 2026

Cerimedo: del discurso al acto

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Emilio Antonio Calderón

La detención preventiva en Bolivia de Fernando Cerimedo, consultor político argentino y cerebro mediático de La Derecha Diario, marca el colapso de una narrativa edificada sobre la difamación y el chantaje, pero que, además, pinta de cuerpo entero el peso del discurso de odio que fue impulsando contra las mujeres. Imputado formalmente por el delito de tentativa de femicidio tras el ataque a balazos que sufrió su expareja, la abogada Nadia Beller, Cerimedo enfrenta también investigaciones de oficio por enriquecimiento ilícito y contratos irregulares con el Estado. La denunciante acusó al operador de ordenar su ejecución para acallar la revelación de redes de corrupción gubernamentales. El hecho expone la decadencia de una figura que convirtió la polarización digital en un negocio rentable y que hoy habita la celda que su propia soberbia construyó.

Y es que Cerimedo no es un actor improvisado en materia de polémicas. En Brasil, el ministro del Supremo Tribunal Federal, Alexandre de Moraes, lo imputó por integrar la organización criminal que orquestó la desestabilización democrática contra el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva tras la derrota de Jair Bolsonaro en 2022, mediante la difusión de informes falsos sobre las urnas electrónicas. En México, Claudia Sheinbaum lo señaló como pieza clave de redes internacionales enfocadas en interferir digitalmente en los procesos de la región. Aunque el mandatario argentino Javier Milei intentó marcar un veloz distanciamiento atribuyendo el arresto a una conspiración del “castrochavismo”, los registros oficiales de la Casa Rosada confirman al menos 13 ingresos del consultor durante la actual gestión libertaria, además de su estrecha colaboración en Bolivia con el gobierno de Rodrigo Paz.

La violencia como modelo de negocio

El caso Cerimedo desnuda el modus operandi de la radicalización digital en América Latina. A través de portales propagandísticos y granjas de trolls, este entramado transformó la mentira en un insumo de consumo masivo. De acuerdo con el Oxford Internet Institute, las redes de propaganda computacional de extrema derecha concentran más del 60% del contenido falso y polarizante en procesos electorales regionales. Figuras como Eduardo “El Presto” Prestofelippo —condenado en Argentina por hostigamiento digital y amenazas de muerte— demuestran que lejos del debate de ideas, el objetivo de estos espacios es la aniquilación reputacional del adversario a través de la violencia verbal.

Volviendo a las acusaciones que lo aquejan por parte de su expareja, resulta que el uso sistemático de la misoginia responde a una estrategia calculada. Datos de ONU Mujeres revelan que el 73% de las mujeres periodistas y figuras públicas en la región enfrentan acoso y agresiones en línea, orquestados en su mayoría por este ecosistema digital. Disfrazar el odio y la difamación bajo el discurso de la “libertad de expresión” permitió a estos operadores lucrar con el resentimiento social mientras operaban en la sombra de la política regional.

El encarcelamiento de Cerimedo en Bolivia demuestra cómo el discurso misógino y de odio, que en un principio funcionó como vehículo publicitario para proyectar una agenda ideológica, terminó por devorar por completo al propio operador. Aquella violencia verbal desbordada en el entorno digital cruzó la pantalla hasta convertirse en agresiones físicas en la vida real. Es ahí donde radica el peligro de que estas narrativas continúen ganando terreno en la política global: tarde o temprano la violencia retórica exige sangre. Cerimedo descubrió entre rejas que los algoritmos y las granjas de bots no frenan los expedientes judiciales y que el mundo real es muy distinto al ecosistema que han construido en el universo virtual.