Cuba

27 de Agosto de 2026

Cuba

Enrique Lazcano

Hace unos días se celebró el centenario del nacimiento de Fidel Castro Ruz. La conmemoración de los cien años del líder cubano llega, sin duda, en uno de los momentos más complejos y difíciles que ha enfrentado el régimen surgido de la Revolución.

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista huía de Cuba en la madrugada, mientras el país celebraba la llegada de un nuevo año y esperaba la inminente entrada de los integrantes del movimiento revolucionario a La Habana. Ese episodio se materializaría apenas una semana después.

Tras el triunfo de la Revolución, quienes encabezaban el movimiento se convirtieron rápidamente en símbolos de independencia, soberanía y dignidad para una generación que terminaría siendo icónica: la de los años sesenta. La extraordinaria habilidad discursiva de Fidel Castro y el carisma de otros dirigentes revolucionarios lograron posicionarlos en el imaginario colectivo como héroes, mártires y paladines de una causa que prometía sacar a la sociedad cubana de la postración, y conducirla hacia niveles de desarrollo social nunca antes experimentados.

El discurso cautivó a millones de jóvenes alrededor del mundo. Entre ellos destacó la figura del médico argentino Ernesto “Che” Guevara, quien, tras coincidir con los hermanos Castro en México, fue convencido de sumarse a la aventura revolucionaria. Tiempo después, un grupo de aquellos hombres partiría del puerto de Tuxpan, Veracruz, a bordo del pequeño y legendario yate Granma, embarcación que los llevaría a Cuba para iniciar la lucha guerrillera en la Sierra Maestra.

“Patria o muerte” fue el grito de guerra de aquella generación.

A casi siete décadas de esos acontecimientos, el mundo ha cambiado radicalmente. Entre otras cosas, desapareció la Unión Soviética, que durante décadas fue el principal sostén económico, político y militar del régimen cubano. Con la caída del bloque comunista de Europa del Este y de la propia URSS, Cuba comenzó a enfrentar una crisis tras otra, hasta que apareció un nuevo aliado en el horizonte: la Venezuela de Hugo Chávez.

La llegada del llamado socialismo bolivariano permitió al gobierno cubano encontrar una nueva fuente de respaldo. Sin embargo, el modelo impulsado por Chávez no se limitó a Venezuela. Diversos países de la región adoptaron variantes de esa propuesta política. Si se analizan con objetividad los resultados obtenidos, los números distan mucho de ser alentadores.

Hoy, Cuba enfrenta el desafío político, económico y social más importante desde la instauración de su sistema de gobierno. Otros países de la región, como Venezuela y Nicaragua, atraviesan circunstancias similares, aunque con matices distintos.

¿Qué le deben los cubanos a los gobiernos que los han dirigido desde el triunfo de la Revolución?

No sé si usted ha tenido la oportunidad de conocer Cuba. Yo sí. Y hay algo que llama poderosamente la atención: el deterioro de gran parte de las viviendas y edificios de La Habana. Durante años, muchos simpatizantes del régimen sostuvieron que las historias sobre carencias y limitaciones eran simples invenciones de la propaganda capitalista. Sin embargo, basta recorrer sus calles para encontrarse con una realidad difícil de ignorar.

No son pocos los cubanos que solicitan ayuda material a los visitantes extranjeros. Otros buscan una carta de invitación que les permita abandonar la isla y encontrar nuevas oportunidades fuera de ella.

Cuando se habla de celebrar la Revolución Cubana, resulta inevitable preguntarse hasta qué punto aquel movimiento social puede considerarse un éxito. Se trata de un país donde no existe una cultura democrática plena, donde no hay alternancia política, donde los medios de comunicación responden al Estado y donde los apagones forman parte de la vida cotidiana, afectando gravemente la calidad de vida de millones de personas.

Sería injusto ignorar algunos logros que el propio gobierno cubano suele reivindicar, como la atención a la niñez, el impulso al deporte y ciertos avances en materia de salud pública. Sin embargo, el debate de fondo trasciende esos aspectos.

La discusión central es la libertad.

Mientras el destino de la nación continúe concentrado en las decisiones de unos cuantos, será difícil hablar de una revolución plenamente triunfante. Porque el verdadero éxito de cualquier proyecto político no se mide únicamente por su permanencia en el poder, sino por su capacidad para ofrecer a sus ciudadanos oportunidades de desarrollo, bienestar y libertad.

Setenta años después, esa sigue siendo la gran deuda pendiente de la Revolución Cubana.