El otro día, de regreso de una prueba de manejo, varios colegas que cubren la fuente automotriz comenzamos una conversación que, sin proponérnoslo, terminó siendo más interesante que la propia presentación del vehículo.
Hablábamos de los eventos de las marcas, de quiénes son los invitados y, sobre todo, de cómo han cambiado las formas de presentar un automóvil nuevo.
La pregunta apareció casi de manera natural: ¿cómo serán los eventos de autos dentro de cuatro años? No tengo una bola de cristal, pero hay señales suficientes para imaginarlo
Durante décadas las presentaciones estuvieron dominadas por periodistas especializados. Éramos pocos, nos conocíamos entre nosotros y las marcas sabían perfectamente dónde aparecería publicada una prueba de manejo o una entrevista.
Hoy el escenario es completamente diferente. La llegada de los influencers modificó las reglas del juego. Y hay que reconocerlo: las marcas encontraron en ellos una capacidad de comunicación inmediata que los medios tradicionales ya no tienen.
Un influencer puede subirse a un auto, grabar un video, publicarlo desde el mismo lugar del evento y alcanzar en unas horas a cientos de miles de personas. Eso es una realidad y sería absurdo negarla. El problema aparece cuando cantidad de seguidores comienza a sustituir experiencia, conocimiento y credibilidad.
También ha cambiado el mercado. La llegada de las marcas chinas a México aceleró más esta transformación. Muchas de ellas llegaron con presupuestos, estrategias digitales y criterios de comunicación diferentes a los que conocíamos. Para algunas, el número de seguidores parece ser más importante que los años de trayectoria de quien está detrás de un micrófono o columna.
No todas piensan igual, por supuesto. Pero la tendencia está ahí. Entonces imaginemos 2030. Es posible que las presentaciones ya no sean como las conocemos. Quizá habrá menos escenarios, menos discursos corporativos y más experiencias diseñadas para generar contenido inmediato.
Tal vez el invitado ya no reciba un kit de prensa, sino un paquete digital diseñado para producir contenido en diferentes plataformas. Y probablemente habrá eventos con periodistas, influencers, creadores de contenido, especialistas tecnológicos y consumidores compartiendo el mismo espacio.
Eso no necesariamente es malo. Lo que sí sería preocupante es que la industria termine confundiendo audiencia con conocimiento. Un automóvil no es solamente una imagen bonita para Instagram. Hay que entenderlo y cuestionarlo.
Ahí seguirá existiendo un espacio para el periodismo especializado. Quizá dentro de cuatro años los eventos automotrices sean más pequeños, más digitales y mucho más orientados a generar contenido. Pero las marcas que entiendan que un periodista no solamente comunica, sino que también interpreta, contextualiza y construye memoria, tendrán algo que una métrica de redes sociales no siempre puede comprar: credibilidad. El futuro debería ser contenido contra contenido, experiencia contra experiencia y credibilidad contra credibilidad.
Porque al final, el consumidor seguirá teniendo la misma pregunta frente a un automóvil nuevo: ¿Realmente me conviene comprarlo? Y para responderla necesitaremos conocer el auto. Porque, como digo, no hay auto malo, hay mala elección.