¿Cuándo se va Trump?

17 de Agosto de 2026

¿Cuándo se va Trump?

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¿Se dan cuenta cómo en muchas situaciones parece que el tiempo vuela? En cambio, cuando se trata del “reinado” de terror de Trump y su nefasta influencia en el mundo, todo se detiene. Cuesta trabajo creer que su segundo mandato presidencial apenas empezó el año pasado. Será hasta el 20 de enero de 2029 cuando termine la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos y, la verdad, dan ganas de llorar porque en ese tiempo todavía se puede hacer mucho daño.

En este último período, la sociedad pasó de rechazar los contenidos que promueven el conservadurismo en los medios y en las artes, a no solamente normalizarlos, sino aceptarlos de buena gana. La infiltración de los valores de la ultraderecha en los medios de comunicación y en las historias que consumimos a diario, ya sea en el cine, la televisión o en las redes sociales, ha ido en aumento rápidamente.

En esta columna de opinión ya hemos tocado este tema en un par de ocasiones, sobre el avance de los medios conservadores en Estados Unidos con la ayuda de Trump y sus aliados. Por ejemplo, en 2024comentamos sobre el relanzamiento de los Globos de Oro y la sospechosa manera en que fueron comprados. En marzo de este año, retomamos el caso del empresario Jay Penske, uno de los nuevos dueños de este evento, hijo del magnate republicano Roger Penske, amigo cercano de Trump.

Pues bien, ahora se anunció que la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood, los anteriores organizadores de los Globos de Oro, demandaron a Jay Penske por 150 millones de dólares, alegando que la venta fue un engaño, y que Penske utilizó toda su influencia en los medios de comunicación para desprestigiar a la Asociación y forzarlos a salir.

Sorpresa para nadie. Como bien lo señaló el abogado e influencer Jarrod Jenkins en su momento, Jay Penske es dueño de varias ceremonias de premiación y también de la compañía que predice quién va a ganar los premios, las publicaciones que cubren esta industria, la empresa de datos que mide las estadísticas y, por si fuera poco, también es dueño de varias de las empresas que compiten y que ganan estos premios.

Tener el control de semejante aparato significa que todo lo que consumimos a través de estos medios empuja el mismo discurso conservador pero lo hace de manera silenciosa, no solamente influyendo en nosotros como público sino creando tendencias que también influyen en otros medios. Incluso, a través de las redes sociales, donde se han puesto de moda los influencers que promueven discursos antiderechos (como “limitar” el voto).

¿Por qué el énfasis en la ultraderecha? Porque artistas, creadores de contenido y gestores culturales de diversos países ya empiezan a denunciar la manera en que este discurso conservador afecta su trabajo y sus comunidades. Es increíble pensar que, incluso dentro de la comunidad drag, ya se hable de cómo los programas de concursos del tipo de RuPaul Drag Race ayudan a secuestrar esta expresión artística en favor de gobiernos que quieren criminalizar el transformismo, al despolitizar su contenido, enfocarse en la fama y el dinero, y normalizar que los artistas aparezcan públicamente fuera de personaje.

En la escena musical continúan cerrando foros de conciertos y hay operativos en contra de fiestas subterráneas. Pero estas acciones solamente afectan a los artistas independientes porque, al mismo tiempo, la música es un gran negocio para las corporaciones de entretenimiento. Al implementar leyes que persiguen específicamente a todos aquellos que trabajan fuera de las industrias, no solo se eliminan libertades sino que el dinero sigue regresando a manos de los mismos empresarios. El discurso conservador es el método.