De baches, socavones y el yo no fui, fue Teté

7 de Agosto de 2026

De baches, socavones y el yo no fui, fue Teté

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Rodrigo Ponce de León Treviño

Todo por servir se acaba… o se agujera, se desfonda o ya de últimas se socava. Así, recuerdo hace nueve años la noticia de un desafortunado padre y su hijo que cayeron en un socavón que se abrió bajo el paso exprés de Cuernavaca, resultando en su terrible deceso. Hace dos meses, camino a Toluca, caí en un bache y me hizo pedazos una llanta. Perdí todo el día porque en el universo de ese modelo no se usa la llanta de refacción y los neumáticos tampoco vuelan en pedazos, y también porque una aseguradora de novena solo tardó nueve horas en mandarme una grúa. Y hace unos días encontré una cuenta en Instagram de nombre “Hola soy Lei” en la que un alegre ciudadano chino que, tocado por nuestra cultura mexicana, pasa sus días entre risas y posteos, tapando baches y regalando cosas por todos lados. Montado en una motocicleta de las que remolcan una pequeña batea de trabajo, va equipado con recursos propios, un apisonador metálico y unos bultos de asfalto -un gran invento para escapar del yo no fui, fue Teté para darle pronta solución al problema del bacheo-. A pesar de hacerle un bien a las calles, este hombre enfrenta amenazas legales y multas administrativas por “intervenir la vía pública”.

Mientras se habla insistentemente de la deficiente infraestructura vial que sufrimos en muchas de las ciudades del país, sigo sin entender como es posible que una erosión silenciosa que abre un socavón, un bache que provoca una llanta reventada y el fantasma legal que se cierne sobre una persona que solo busca hacer el bien a una sociedad que ha hecho suya, convivan dentro de la misma penosa envoltura de la negligencia. Nunca hay responsables directos y todas las autoridades juegan al yo no fui, fue Teté evadiendo toda responsabilidad.

El caso de Cuernavaca provocó que el estado --luego de siete años de ineficiencias administrativas y dudosos escapes judiciales--, ofreciera una tardía disculpa a los deudos de las dos víctimas y que la empresa constructora de la vía fuera penalizada con la anulación de sus contratos: nadie en la cárcel; mientras que el caso del neumático reventado provocado por una cinta asfáltica sin mantenimiento accionaron una serie de tonterías que retardaron la solución: tampoco nadie pagó por el tiempo ni el neumático. Y el hombre chino/mexicano provocó que una autoridad de moral elástica pretenda penalizarlo con el único fin de ocultar su propia ineptitud para resolver esos mismos deterioros del asfalto.

Todo esto no es más que el reflejo de una negligencia y una tremenda pobreza moral de autoridades y empresas. A esas autoridades y empresas les pregunto: ¿es gratuito el hacerse pendejos de tantas maneras para no asumir sus responsabilidades?, ¿nos van a seguir pasando la factura de su incompetencia? Y a la sociedad le pregunto: ¿hasta cuando vamos a permitir el yo no fui, fue Teté?