De propietario a despojado

12 de Agosto de 2026

De propietario a despojado

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Yazmin Jalil

¿Y si mañana alguien se mete a tu casa? Hay algo profundamente inquietante en lo que está ocurriendo en la Ciudad de México: la posibilidad de que una familia pueda salir de su casa y, al regresar, encontrar que alguien más decidió ocuparla.

No es una película. Vecinos de la colonia Del Valle han denunciado presuntos despojos y un modus operandi que alarma: llegan personas con cerrajeros, cambian cerraduras, desactivan cámaras y, en algunos casos, sacan pertenencias en cuestión de minutos.
Lo más grave es que los vecinos aseguran que no se trata de hechos aislados. Han identificado como posibles objetivos casas desocupadas, propiedades con problemas sucesorios, adeudos o incluso viviendas de adultos mayores.

Y aquí aparece una pregunta que pone los pelos de punta: ¿qué pasa si alguien se mete a tu casa?

La respuesta no es tan sencilla como debería.

El despojo es un delito. Pero eso no significa que el propietario pueda llegar con un grupo de personas, romper una puerta, cambiar una cerradura y sacar a los ocupantes por su cuenta. Hay que denunciar, acreditar la propiedad o posesión y permitir que las autoridades determinen las acciones legales correspondientes.

Y mientras tanto, ¿qué hace el dueño?

Ahí está una de las mayores angustias. Porque una cosa es perder temporalmente el acceso a una propiedad y otra muy distinta sentir que alguien te arrebató un patrimonio que seguramente te tomó décadas construir.

Una casa no aparece de la nada. Se compra con años de trabajo, sacrificios, créditos, ahorros y muchas veces renunciando a cosas para poder tener un patrimonio. Para una familia puede significar décadas de esfuerzo, desvelos y decisiones difíciles.

Y hay un caso que particularmente debería indignarnos: el de los adultos mayores que trabajaron toda su vida, ahorraron lo que pudieron y compraron una o dos propiedades pensando que, al llegar a la vejez, podrían vivir de sus rentas. No es un lujo. Para muchos, es su única forma de tener independencia económica después de años de trabajo.
Por eso resulta todavía más indignante escuchar que alguien pueda pensar: “Como tiene una casa, se la puedo quitar”, o “como está vacía, puedo meterme y aprovechar los huecos legales”.

No. Tener una propiedad no convierte a nadie en responsable de solucionar las necesidades de vivienda de otra persona. Que una casa esté vacía unos días, meses o incluso años no significa que esté abandonada ni que cualquiera pueda ocuparla.
Y las cifras deberían quitarnos el sueño. Entre enero y junio de 2026 se denunciaron mil 966 casos de despojo en las distintas alcaldías de la Ciudad de México. Es decir, casi once denuncias cada día. Y entre enero de 2025 y abril de 2026 se acumularon alrededor de 5 mil denuncias, más de 300 casos cada mes.

Esto ya no puede tratarse como un asunto menor ni como un pleito entre particulares.
No a la invasión. No al despojo. No a la idea de que una propiedad vacía es una propiedad disponible.

El Estado tiene la obligación de garantizar el derecho a una vivienda, sí, pero también de proteger la propiedad privada y la posesión legítima. Una cosa no puede conseguirse atropellando la otra.

Porque detrás de cada puerta que alguien cambia hay una historia. Hay padres que trabajaron, abuelos que ahorraron, familias que pagaron una hipoteca durante años. Hay personas que quizá compraron un inmueble pensando precisamente en tener un ingreso para su vejez.

Nadie tiene derecho a apropiarse de ese esfuerzo. Una necesidad no convierte lo ajeno en propio. Una casa vacía no es una casa abandonada. Y ningún vacío legal puede convertirse en permiso para invadir.

La casa que alguien compró con el esfuerzo de toda una vida debe seguir siendo suya. No hay matices: no a la invasión, no al despojo y sí a una justicia que proteja, de verdad, a quien tiene algo tan básico como el derecho a conservar lo que legítimamente construyó.