De tecnócratas, tecnoligarcas y tecnofeudalismos

30 de Junio de 2026

De tecnócratas, tecnoligarcas y tecnofeudalismos

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Un día cualquiera, miras la pantalla de tu teléfono inteligente, abres tus redes sociales y te encuentras con un video donde David Solomon, un hombre de 64 años y CEO del poderoso banco Goldman Sachs, da un discurso para los recién egresados de la Universidad de Wharton y, mientras los felicita, le pide a la inteligencia artificial de Suno que componga un himno para ellos. Comienza a sonar un tema bailable y Solomon explica: “le tomó 10 segundos crearlo. Eso no es el futuro, eso es ahora”.

Varios medios de comunicación han reportado que los MGM Studios, adquiridos por la empresa Amazon, propiedad del magnate Jeff Bezos, decidieron romper el convenio que tenían con el director de cine, Luca Guadagnino, para distribuir su nueva película, Artificial, una biografía sobre Sam Altman, director ejecutivo de la empresa OpenAI (creadores de herramientas como ChatGPT), pues hace unos meses Amazon anunció una inversión de 50 mil millones de dólares en dicha empresa.

Sam Altman ha hecho declaraciones muy polémicas para defender a las inteligencias artificiales, comparando el valor de estas tecnologías con el valor de las vidas humanas: “La gente habla de la cantidad de energía que se necesita para entrenar un modelo de IA, pero también se necesita mucha energía para entrenar a un ser humano”. Se rumora que la película biográfica lo presentaría de manera negativa, y es por ello que otras empresas como Warner, A24 y Netflix han preferido no comprarla.

Hablando del estudio A24, uno de los más populares de los últimos años y que recientemente tuvo un gran éxito con la película Backrooms, se sabe que tiene inversión de Thrive Capital, la firma fundada por el empresario Joshua Kushner que también invierte en OpenAI y que además tiene fuertes nexos con la familia Trump. La semana pasada, A24 anunció otra alianza, ahora con Deepmind, el laboratorio de inteligencia artificial de Google, y los fans no han tardado en mostrar su descontento.

Por si esto fuera poco, el célebre director Martin Scorsese ya dio su brazo a torcer con respecto al uso de la IA en el cine, uniéndose a voces como las de Reese Witherspoon, Sandra Bullock y Demi Moore. Él se ha asociado con la empresa Black Forest Labs, por lo que expertos en la materia han hecho notar el nexo que hay con BroadLight Capital, una firma de inversión que tiene entre sus clientes a diversos empresarios y creativos de la industria de la tecnología, el deporte y el entretenimiento en general.

Pero quizá la noticia más alarmante sea que, en Estados Unidos, la Oficina de Inteligencia y Contraterrorismo de Nueva York advirtió sobre una ola de manifestaciones como resistencia ante la adopción de la IA, describiéndola como una forma de “extremismo violento antitecnológico”, una nueva categoría que no se había utilizado oficialmente. La interpretación es que, bajo las directivas de la administración de Trump, cualquier sentimiento anticapitalista y, por ende, cualquier acto en contra de las nuevas tecnologías, ya puede ser considerado como terrorismo interno.

En 2026, el tema de las inteligencias artificiales se aceleró. Dejó de ser una plática de café y ahora está en vías de convertirse en dogma. Una columna de opinión como esta, mañana podría ser considerada una amenaza. Y mientras el mundo sigue entretenido con una pelota, es muy posible que al terminar la fiesta nos encontremos con nuevos estándares, nuevas leyes y una situación prácticamente irreversible. Algo así como un madruguete tecnológico.