De vuelta a los básicos

7 de Febrero de 2026

José Ángel Santiago Ábrego
José Ángel Santiago Ábrego
Licenciado en Derecho por el ITAM y socio de SAI, Derecho & Economía, especializado en litigio administrativo, competencia económica y sectores regulados. Ha sido reconocido por Chambers and Partners Latin America durante nueve años consecutivos y figura en la lista de “Leading individuals” de Legal 500 desde 2019. Es Presidente de la Asociación Nacional de Abogados de Empresa y consejero del Consejo General de la Abogacía Mexicana. Ha sido profesor de amparo en el ITAM. Esta columna refleja su opinión personal.

De vuelta a los básicos

José Ángel Santiago Ábrego

A inicios de diciembre, el periódico Reforma retomó y tradujo un artículo publicado en el Wall Street Journal llamado “Por la IA, dile adiós al pago por hora”. En él, la autora sostiene que la lógica de cobrar servicios legales por tiempo empleado (que, a su manera de ver las cosas, originalmente promovió una forma justa, transparente y eficiente de cobro, y que a la postre derivó en un sistema que motiva la acumulación de horas para maximizar ganancias y que constriñe a clientes a asumir costos de entrenamiento) cambiará con el uso de la Inteligencia Artificial (IA). Al revisar miles de contratos en minutos, redactar borradores de documentos complejos en segundos o generar análisis estratégicos instantáneamente, para la autora el componente del tiempo perderá toda relevancia.

Según el artículo, la IA hará el trabajo cognitivo rutinario, mientras que la contribución humana restante se desplazará al juicio, la creatividad y el manejo de relaciones, cuyo valor guarda poca relación con el tiempo. Por tanto, la autora sostiene que adoptar IA implicará un colapso en ingresos bajo el esquema de facturación por hora, incluso cuando se den resultados superiores con mayor eficiencia. A su juicio, esta discrepancia hará que el cobro se realice con base en el valor o resultado, con base en igualas o cualquier otro esquema donde se valoren la experiencia y conexión humanas, no horas.

No seré yo quien diga que el uso de la IA no tendrá un impacto en la relación con clientes o en la manera en la que los despachos actualmente trabajan. Sin embargo, creo que el artículo falla en identificar con precisión los problemas que pretende abordar y, por tanto, propone una discusión que en poco o nada contribuye a una mejor prestación de servicios legales en el nuevo entorno. En efecto, el artículo no atina a observar que el problema, más que radicar en los mecanismos de cobro, está en que se han dejado de lado consideraciones éticas básicas de la profesión, que podrían incluso exacerbarse con el uso de la IA, si no se tiene consciencia de ellas.

(1) El que los practicantes inflen horas para ganar más dinero y trasladen injustificadamente a sus clientes el costo de aprendizaje de empleados sin conocimiento o experiencia, más que un problema de tarifa horaria, es uno vinculado a los deberes de lealtad. Es una discusión que pasa por determinar si se ha engañado o no al cliente al cobrar servicios no prestados o que son innecesarios. No estar consciente de ello en un contexto de IA propiciará escenarios donde las eficiencias obtenidas no se trasladan al cliente, incluso en arreglos de tarifa horaria. Esto, más que un problema tecnológico, es uno de naturaleza ética.

(2) Afirmar, sin mayor matiz, que la IA hará el trabajo cognitivo rutinario deja de lado que la relación entre abogados y sus clientes tiene un carácter fiduciario, esto es, que se basa en la confianza personal. Así, por más que la IA ayude a optimizar procesos, incluso en trabajos rutinarios siempre habrá tramos que, desde una perspectiva ética, no deben soslayarse. La revisión por parte del profesional contratado y su equipo, tanto de insumos como de entregables, es ejemplo de ello, pues jamás la eficiencia debe sustituir a la confianza como principio rector de estas relaciones. Olvidar esto en un contexto de IA expondría indebidamente a los clientes a las inclemencias de la mala praxis.

(3) El colapso de ingresos como razón para optar por mecanismos de cobro diversos a la tarifa horaria es, a mi manera de ver las cosas, algo cuestionable. Si el valor percibido de un determinado tipo de trabajo está referenciado principalmente al tiempo que toma realizarlo, y nada más, lo apropiado sería repercutir las eficiencias obtenidas por el uso de IA en favor del cliente (y liberar recursos para atender otros asuntos).

¿Hay, en adición al tiempo invertido, factores que pueden incidir en el cobro de los servicios contratados? En algunos casos sí, como lo muestra la regla 1.5 de las Reglas Modelo de Conducta Profesional de la American Bar Association, pero esa es una discusión que existe desde antes de que la IA entrara en el panorama. Todo esto pone en evidencia, querido lector, que muchos de los problemas que se asocian a la innovación son, en realidad, problemas éticos básicos, por muy complejos que sean.