La milonga

12 de Mayo de 2026

La milonga

Rubén Moreira Valdez

Rubén Moreira Valdez.

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EjeCentral

Como en otros temas, México no vive sus mejores días en materia de educación. La política en este rubro se armó bajo cuatro estigmas: 1. Las ideas de López Obrador y su pandilla de fanáticos; 2. El abandono de la calidad; 3. Una sostenida disminución de presupuestos, y 4. El desprecio a las exigencias de un mundo global.

El expresidente es un hombre de resabios, prejuicios e ideas inacabadas. Estacionado en creencias anacrónicas y en un contexto inexistente, es incapaz de entender que los paradigmas cambiaron y que la educación es esencial en un mundo de competencia.

Su torpeza dañó los espacios de ciencia y tecnología, al igual que las instituciones formadoras de técnicos, ingenieros y médicos. La postura del tabasqueño se representa en su respuesta al COVID: un “detente”. A su lado, armó una pandilla fundamentalista que se dedicó, y dedica, a materializar las fantasías de su adolescencia.

En Morena hay un evidente odio a la calidad, una extraña tendencia a lo mal hecho. En principio, la izquierda debe distinguirse por el aprecio a las respuestas desde la razón; sin embargo, al parecer, la nuestra, y me refiero a la que gobierna, se integra por una corriente de enemigos de la calidad y el espíritu crítico.

Es claro que, en buena medida, son carentes de un pensamiento universal y dan por sentado que se puede acudir a los viejos manuales marxistas del bachillerato para construir una política pública.

El líder del movimiento, en detrimento de las universidades de calidad, se dedicó a fundar, sin contar con estudios de factibilidad y pertinencia, instituciones de dudosa factura. Varias de ellas aún no tienen registro y no pueden titular a los egresados; otras carecen de infraestructura y varias son imposibles de encontrar.

Las obras faraónicas e inútiles del régimen reclaman cantidades enormes del presupuesto; solo el Tren Maya tiene pérdidas diarias por 10 millones de pesos y su costo excedió, en 450 mil millones, el del proyecto.

Para hacer frente a los requerimientos de todos los dispendios heredados por Obrador, el gobierno se endeuda y recorta presupuestos de donde puede; entre sus lugares favoritos están la educación y la cultura.

Hay un evidente desfase entre las prioridades que el mundo tiene y las que México asume. Mientras Corea o Japón invierten en su sistema educativo y generan ambientes de innovación, en nuestro país sucede lo contrario.

Bajo el discurso de una supuesta liberación, se desdeñan las matemáticas y otros conocimientos. La escuela se vuelve complaciente y no se estimulan actitudes como el esfuerzo, la aspiración, la calidad, la excelencia o la disciplina.

A los idílicos pedagogos del régimen se les olvida que en el mundo laboral siempre se compite y se exige responsabilidad, y que las naciones basan su prosperidad en su fuerza productiva y en la inteligencia para enfrentar los problemas.

Las evaluaciones son terribles, baste decir que el 66% de los estudiantes no alcanzan el nivel básico en matemáticas, según la prueba de PISA, y la mitad de los alumnos están por debajo del nivel mínimo de comprensión lectora. Dentro de los países de la OCDE, somos los peores en resultados.

Sin decir agua va, la SEP propone recortar el calendario escolar. Los motivos para sustentar la decisión son una tomadura de pelo. Más allá del irigote que suscitó la propuesta y en lo que vaya a terminar el debate, la actitud cuenta, y es patético que el sucesor de Vasconcelos y Torres Bodet salga con la idea de disminuir el tiempo que se dedica al proceso de enseñanza-aprendizaje. Más aún cuando millones de escolares resintieron la pandemia en sus ciclos escolares y el gobierno no evaluó los efectos de tal situación.

El nuevo grito de Morena será: “por una sociedad sin clases y el derecho a tirar la milonga”.