El pasado 8 de junio, tuve el honor de participar en el Foro Internacional del Medio Ambiente de la Ciudad de México, un espacio de diálogo que confirmó algo que durante años hemos impulsado desde distintos frentes: el rescate de nuestros ríos urbanos ya no es una idea aislada ni una aspiración de unos cuantos, sino un proyecto que hoy cuenta con un amplio consenso entre la academia, los sectores económicos, especialistas, urbanistas, ambientalistas y la sociedad organizada. Durante este encuentro quedó claro que la recuperación de nuestros cuerpos de agua representa una oportunidad histórica para transformar la Ciudad de México.
No se trata únicamente de una política ambiental; hablamos de una estrategia de desarrollo urbano, de adaptación al cambio climático, de seguridad hídrica, de salud pública y de justicia social. Los ríos pueden volver a ser ejes de vida, espacios públicos de calidad y motores de regeneración para nuestras comunidades. Uno de los aspectos más relevantes del foro fue constatar el respaldo de los grandes especialistas e investigadores de nuestra máxima Casa de Estudios, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quienes, a través de años de investigación científica y propuestas técnicas, han demostrado que el rescate de nuestros ríos es completamente viable desde el punto de vista ambiental, hidráulico, urbano y financiero.
Contamos con el conocimiento, la tecnología y la experiencia para hacerlo realidad. En ese sentido, también quedó claro que el rescate del Río La Piedad no puede entenderse como una intervención aislada. Para recuperar este sistema hídrico es indispensable comenzar por sanear sus afluentes naturales, particularmente los ríos Becerra y Tacubaya, así como las barrancas que históricamente alimentan su cuenca.
La naturaleza nos marca el camino: el agua sigue las pendientes y el comportamiento de la cuenca debe ser el punto de partida para cualquier estrategia seria de restauración. Recuperar estos ecosistemas implica restablecer su funcionamiento hidrológico, controlar la contaminación desde el origen y favorecer la regeneración de la flora y la fauna que durante décadas han sido desplazadas por la expansión urbana.
En otras palabras, rescatar el Río La Piedad significa recuperar toda la red ambiental que le da vida. Los representantes de distintos sectores productivos coincidieron en que invertir en infraestructura verde y en la recuperación de estos ecosistemas también significa devolverles su riqueza biológica. La restauración debe privilegiar la reintroducción de flora nativa propia del poniente del Valle de México, con especies como el tepozán (Buddleja cordata), encino (Quercus rugosa), capulín (Prunus serotina), tejocote (Crataegus mexicana), madroño (Arbutus xalapensis), fresno mexicano (Fraxinus uhdei), colorín (Erythrina coralloides) y palo loco (Pittocaulon praecox), así como arbustos como jarilla, muitle, vara blanca, hierba del carbonero, perilla y lantana.
Estas especies no fueron elegidas por su valor ornamental, sino porque forman parte del ecosistema original del poniente del Valle de México y permiten restablecer las relaciones ecológicas entre la vegetación y la fauna silvestre. Las plantas nativas y la fauna local han evolucionado juntas durante miles de años; un ejemplo de ello es el colibrí berilo (Amazilia beryllina), cuyo pico está adaptado para alimentarse de flores específicas. Recuperar la vegetación original significa también favorecer el regreso de polinizadores, aves y otras especies indispensables para el equilibrio ambiental.Debemos abrirnos a las oportunidades que ofrecen los fondos internacionales destinados a proyectos ambientales y de resiliencia climática. Diversos organismos multilaterales y mecanismos de financiamiento verde buscan precisamente impulsar iniciativas como el rescate de ríos urbanos, la restauración de ecosistemas y la adaptación de las ciudades frente al cambio climático. México y, particularmente, la Ciudad de México, tienen la capacidad técnica para acceder a estos recursos, siempre que exista la decisión institucional de construir proyectos sólidos y de establecer alianzas con la comunidad internacional.