Imagina ver a tu bebé por primera vez.
Enamorarte de ella en un segundo. Ponerle la ropita que preparaste durante nueve meses, esa que compraste con ilusión o quizá tejiste puntada por puntada. Bañarla. Amamantarla. Dormirla en tus brazos. Aprenderte sus gestos, sus sonidos, la forma en que respira mientras duerme. Grabarlo todo.
Tomarle mil fotografías. Desvelarte con ella. Cantarle. Consolarla cuando llora. Descubrir cada día algo nuevo de esa persona que acabas de conocer y que, sin embargo, sientes que amas desde siempre. Dar tu vida por ella. Literalmente. Convertirla en lo más importante para ti. Por sobre todas las cosas.
¿Ya? Bueno. Ahora imagina que, un mes después, alguien te dice:
“Nos equivocamos, perdón. Esa bebé no es tu hija. Pasa a entregarla y ven por la correcta”. Así sin más. Como si fuera un objeto de una tienda.
Y entonces se te viene el mundo encima. Te van a quitar a lo más importante para ti. Pero además, ahora aparece una pregunta más terrible:
¿Y la tuya?
¿Quién la cargó? ¿Quién la alimentó? ¿Quién la bañó? ¿Quién escuchó su llanto en la madrugada? ¿Quién la consoló cuando tuvo miedo? ¿Quién tomó esas primeras fotografías que tú no tienes?
Y, sobre todo: ¿Habrá estado bien?
Eso es lo que están viviendo dos familias en Mexicali, Baja California.
Las recién nacidas fueron entregadas por error a familias equivocadas en el Hospital de Gineco Pediatría con Medicina Familiar número 31 del IMSS.
Dos niñas que durante un mes fueron abrazadas, alimentadas, bañadas, arrulladas y amadas por familias que no eran las biológicas.
El propio IMSS reconoció el error y ofreció una disculpa. Anunció acompañamiento médico, psicológico y jurídico, además de una revisión de sus procedimientos de identificación durante la atención obstétrica y neonatal.
La explicación que ha trascendido es todavía más inquietante: una de las bebés habría perdido su pulsera de identificación y, al volver a colocarla, se habría producido la confusión.
Pero hay que ser precisos: hasta ahora, lo informado públicamente es que las pruebas de ADN confirmaron el intercambio. No se ha explicado con suficiente detalle qué hecho llevó a sospechar que algo no estaba bien y a solicitar esas pruebas.
Se realizará una segunda prueba genética para confirmar su identidad.
Pero este caso no es un hecho aislado en la historia mundial.
Existen casos documentados de bebés intercambiados accidentalmente en hospitales de países como España, Francia, Estados Unidos, Rusia, Sudáfrica, Argentina, Chile, República Checa, Bélgica, Filipinas y México, entre otros. Algunos se descubrieron días después; otros, semanas, meses o incluso décadas más tarde.
El problema es que no existe un registro mundial. Conocemos los casos descubiertos, denunciados o documentados, pero no cuántos errores pudieron no detectarse nunca.
Decir que existen miles de casos ocultos sería especulación. Lo responsable es reconocer que hay casos documentados y otros que podrían no haberse reportado.
Porque si un intercambio puede descubrirse un mes después, también cabe preguntar qué habría ocurrido si nadie hubiera sospechado nada.
Pero hay algo que ninguna prueba genética puede reparar. El tiempo.
Ese primer mes ya pasó. El amor entregado y recibido. Las anécdotas.
Y aquí aparece la parte más dolorosa de esta historia. Una madre no solamente recibe a una hija cuando sale del hospital. Empieza a construir un vínculo.
Por eso, cuando una familia descubre que la bebé que ha cuidado durante un mes no es biológicamente suya, no basta con decir: “Aquí está la correcta. Perdón”.
¿Perdón? ¿Cómo se corrige un vínculo?
¿Cómo se le explica a una madre que la niña que sostuvo durante semanas, la que aprendió a reconocer por su llanto, la que probablemente ya huele a casa, no es su hija biológica?
Por eso este caso no debería quedarse en una disculpa.
¿Qué pasará ahora con esas familias que tienen que entregar a lo que más aman en la vida y conocer un mes después a lo que más amarán en la vida? Hay errores que no se pueden corregir.
Y en una pregunta que ninguna madre debería tener que hacerse jamás:
“¿Quién cuidó a mi hija mientras yo cuidaba a la tuya?”