Hace dos semanas publiqué en mi cuenta de X documentos internos que revelan la abultada nómina de pagos a medios y periodistas afines del gobierno de Sonora de Alfonso Durazo. Entre el alud de reacciones que desató, incluido un tardío presunto desmentido de la vocera de Durazo (“no es oficial”), me llamó la atención el cinismo de algunos de los aludidos. “Siempre va a existir el chayote”. “Está muy arraigado en la cultura de nuestro país”. Creer que los mexicanos nacemos con el ADN de la corrupción, es normalizar el famoso lema: el que no tranza, no avanza.
Lo cierto es que ha habido sexenios en los que se ha prescindido del chayote (Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox). Montado en la euforia de Tratado de Libre Comercio de América del Norte, Salinas consideró que el embute (sobornos en efectivo), no era apropiado en una presidencia “moderna” como la suya, escribe Andrew Paxman en su libro Mexican Watchdogs (University North Carolina Press 2025), relato de la historia del periodismo contemporáneo mexicano. Salinas ordenó no entregar embute a los reporteros de la fuente. Las secretarías siguieron su ejemplo, pero el Congreso y gobiernos estatales no dejaron de repartir dinero a algunos reporteros.
La prohibición no duró. Urgido de imponer su narrativa para maquillar la gravedad de la narcoviolencia, Felipe Calderón reanudó el embute. Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum siguieron sus pasos. La innovación que introdujo AMLO fue destinar el embute casi exclusivamente a lo que llamó “medios alternativos”, es decir, páginas web como Canal Red del extremista español Pablo Iglesias, y propagandistas en línea afines.
Los medios tradicionales, con escasas excepciones, dejaron de recibir embute. En agosto de 2024, Jesús Ramírez Cuevas convocó a 200 “voces alternativas” en Palacio Nacional con la apuesta de crear un ejército transexenal chayotero. La periodista rusa Inna Afinogenova de Canal Red, fue la figura principal del llamado “Primer Encuentro Continental de Comunicadores Independientes”, inaugurado por AMLO. La convicción de que una prensa libre es fundamental para una democracia funcional—creencia de raíces bastante superficiales en México, se vio “alarmantemente erosionada” bajo el sexenio de AMLO, señala Paxman.
Sheinbaum no ha disimulado sus intenciones. Recientemente afirmó que no pagará publicidad a medios que la cuestionan como si el dinero público fuera su propio peculio. “Es la institucionalización oficial del chayote”, me dice Javier Esteinou, profesor de comunicación e investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana, señalando que la subvención pública de youtuberos ha acabado con la necesidad de tener escuelas de comunicación. “Para ser un periodista o un comunicador, ya no necesitas pasar por las universidades, sino simplemente tener Internet en tu casa y empezar a las 8 de la mañana a transmitir tonterías. Tienen éxito porque no se les exige profesionalismo o preparación sino nada más que sean buenos movilizadores de emociones”.
Esteinou explica que se ha pasado de un cerebro analógico, el que funcionaba con los medios tradicionales, a un cerebro digital, “que todavía no ha terminado de entender todas la consecuencias y las modificaciones civilizatorias que ha introducido”. En este contexto, el especialista destaca la importancia del cuarto poder como único contrapeso restante en el México autocrático en el que la 4T conserva la hegemonía política y el control de todas las instituciones de poder.
En el fulgor de las temporadas electorales, los palmeros mediáticos del poder se cotizan más alto. A medida que se acerque 2027, mayor será el saqueo del erario para el pago del chayote maquillado de publicidad oficial. Más aún cuando los etiquetas como #narcogobierno, les están arrebatando el monopolio narrativo moralizador. Para Sergio Aguayo, investigador del COLMEX y columnista de Reforma, parte del problema es la actitud de silencio y tolerancia en el gremio hacia los chayoteros. “Preferimos ignorarlos, en lugar de confrontarlos”. Lamenta que la prensa chayotera se presenta como depositaría de la ética, cuando en realidad lo que está haciendo es vender sus textos a un patrón conocido o anónimo.
Frente a la erosión de la libertad de prensa, los medios y periodistas no chayoteros, los que aparecemos en las listas macartistas oficiales, seguiremos librando la guerra contra el cerco informativo; publicando investigaciones que incomoden al poder; denunciando a fantoches, corruptos y déspotas que compran mansiones en el extranjero y viajan por el mundo a cuestas del erario; exhibiendo a los que tienen poder para poder tener; derrumbando las mentiras de los que prometieron acabar con la corrupción de arriba abajo; desenmascarando el uso faccioso de la ley y documentando la relación clientelar con las huestes de youtuberos y plumas mercenarias adictas al chayote.
@DoliaEstevez