En los últimos años han crecido las tensiones existentes entre el factor deportivo y el factor económico en el deporte más popular del mundo. El negocio del futbol se trata de una industria global con una gran cantidad de participantes gracias a los cuales se ha desarrollado una actividad económica altamente compleja y rentable.
En este negocio lo mismo participan jugadores, que lo hacen ligas, federaciones, confederaciones, clubes, patrocinadores, televisoras gobiernos y, desde luego, aficionados. Es tal el impacto político, social y económico que tiene esta actividad, que de manera frecuente podemos observar cómo su órgano rector, que es la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA), logra imponerse incluso al poder de los países (basta observar las concesiones realizadas por los países anfitriones de la Copa Mundial).
Durante el Mundial 2026, pudimos ser testigos de que es cada vez más claro y creciente el interés que las élites políticas y económicas tienen en hacerse de una parte del futbol, pues el impacto mencionado se ha convertido en un gran incentivo para pretender participar de él. Aunado a ello, en la FIFA y en las distintas confederaciones y federaciones, se han presentado sucesos que han dejado claro que muchos de sus dirigentes han estado dispuestos a tener una interacción mayor con esas élites en la permanente persecución de satisfacer sus intereses personales o de grupo.
Un buen ejemplo de esto último ha sido la propuesta realizada por Gianni Infantino, actual presidente de la FIFA, de dar cabida para la celebración de la Copa Mundial y de algunos otros torneos, a capital privado.Ello a cambio de entregar cantidades extraordinarias de dinero a las federaciones que habrían de votar esta decisión.
Sin embargo, a la propuesta de Infantino siguió una extensa lista de posicionamientos por parte de distintas confederaciones, federaciones, así como actores individuales que generaron que, de manera casi inmediata, el presidente de la FIFA retirara dicha propuesta y comenzara a ejecutar una estrategia de control de daños.
A pesar de lo anterior, la credibilidad de Infantino quedó severamente dañada y hoy, desde diversos lugares, se comienza a exigir su salida de la presidencia de la FIFA a poco tiempo de que este personaje tiene planeado ser reelecto en el mes de marzo de 2027 por 4 años más.
Resulta inaudito que en una organización del tamaño y las capacidades de la FIFA, se presenten problemas característicos de otro tipo de organizaciones: concentración decisoria, conflictos de interés, opacidad, falta de controles y una muy evidente confusión entre los intereses que debe perseguir la FIFA y los intereses personales de su presidente.
La FIFA y las partes que lo integran, deben comenzar por reformarse de manera profunda para evitar casos parecidos en el futuro, pues proponer abiertamente algo muy parecido a extorsiones y utilizar el aparato institucional en beneficio propio, son prácticas que deben erradicarse de cualquier institución, y más de una de la trascendencia de la FIFA.
Esta crisis del gobierno corporativo y de compliance de la alta dirección de la FIFA solo podrá evitarse priorizando la deliberación en la toma de las grandes decisiones de este organismo rector a través de profundas reformas a sus reglas internas.
Por supuesto, antes de ello debe separarse del cargo a un personaje de este tipo.