El orgullo encapsulado

2 de Julio de 2026

El orgullo encapsulado

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Emilio Antonio Calderón

Difícilmente volveremos a vivir la euforia que existe actualmente en las calles de la Ciudad de México. Y no es solo porque, por tercera vez, México es sede de la Copa del Mundo. Más bien, es por el desempeño que la selección tricolor, para sorpresa de todos, ha demostrado en la cancha.

Es curioso que la justa que arrancó con una de las aficiones menos expectantes en nuestra historia ahora apunta a ser una de nuestras mejores anécdotas deportivas en la historia. Y hay algo muy mágico en ello, en pasar de la total desconexión y la queja por la ambición de la FIFA y su presidente, Gianni Infantino, al “¿Y si sí?” como mantra colectivo.

Tal vez, por más que nuestros problemas no se resuelvan con otro partido, toda la alegría y unión que estamos viviendo estos días realmente nos hacía falta. No obstante, no todo es miel sobre hojuelas. Y es que, a la serie de actos deplorables que algunos hinchas han protagonizado, se le suma la intimidación que vivió la selección ecuatoriana la noche antes de nuestra última victoria, con decenas de aficionados haciendo escándalo fuera del hotel donde se hospedaban para mermar su descanso.

Tal parece que la euforia nos borró por un instante de nuevo la noción de la conducta deportiva, y eso es especialmente deplorable porque, después del partidazo que la selección dio por sí sola, y de demostrarnos que el desempeño del equipo que comanda Javier Aguirre no ha sido producto de la suerte o las coincidencias, habría sido maravilloso que la victoria se midiera únicamente por el mérito mexicano, no por nuestras peores versiones.

No importa, de cualquier manera, esta selección nos ha dejado tan orgullosos como pocas veces hemos sido.

Y hablando de orgullo…

Además de un debate sobre lo que es la comunidad y la presentación de artistas emergentes, como Antonio Fiero, quien estrenó su próximo sencillo, ‘Rizos’, al pie del Ángel de la Independencia, la celebración de la 48ª Marcha del Orgullo LGBT+ en la Ciudad de México dejó un hito inédito en su historia: un contingente de oficiales de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC), pertenecientes a la comunidad disidente, marchó sobre Paseo de la Reforma.

Si bien este acto sugiere un avance en la apertura interna de la corporación y un paso hacia una gestión con mayor sensibilidad, el panorama real es complejo. Lograr que el colectivo conecte con este grupo es demasiado difícil. Existe una deuda histórica que no se va a saldar con un simple ejercicio de rainbow washing o inclusión cosmética.

El desfile principal transitó con festividad hacia el concierto de Kenia Os, pero la realidad de la periferia evidenció las viejas fricciones que persisten con la autoridad. A unas cuadras del bloque oficial, el contingente radical de la Contramarcha avanzó con consignas anticapitalistas y reclamos contra el sesgo corporativo del evento. A la altura de Eje Central, la tensión estalló ante daños menores a comercios, lo que provocó que elementos policiales ejecutaran un cerco y encapsularan temporalmente al grupo. Este contraste divide las opiniones: mientras la institución resguarda la pasarela comercial del desfile principal, el bloque crítico experimenta de inmediato el rigor del escudo y el repliegue.

La deuda del prejuicio

La desconfianza del colectivo hacia la policía se sostiene sobre décadas de estigmatización y violencia de Estado. La memoria histórica no puede olvidar fácilmente las redadas de los años setenta en la Zona Rosa bajo el mando de Arturo “El Negro” Durazo, donde los arrestos arbitrarios funcionaban como un mecanismo de extorsión financiera. Tampoco queda lejos la cacería de brujas cometida durante la búsqueda de “La Mataviejitas” en 2004, cuando los investigadores, guiados por prejuicios tránsfobos, detuvieron, golpearon y exhibieron a decenas de mujeres trans bajo la premisa de que el asesino correspondía a su fisonomía. La criminalización de la disidencia sexual ha sido, por antonomasia, el sello de los cuerpos de seguridad.

La incorporación de policías de la diversidad y el despliegue vial del fin de semana pueden funcionar como el inicio de una nueva relación entre la autoridad y las disidencias. Sin embargo, la única manera de validar este esfuerzo institucional será al observar un seguimiento real a las solicitudes y necesidades de protección del colectivo más allá del festejo anual. De acuerdo con datos de la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS), los cuerpos policiales permanecen entre las instituciones que más vulneran los derechos de las poblaciones trans en la vía pública, utilizando las faltas administrativas como un cheque en blanco. La verdadera reconciliación no se logra con pintar patrullas con el arcoíris, llegará con la erradicación del prejuicio que ve en lo diferente un blanco de sospecha automática.