En 2025, Jalisco fue el octavo estado del país con más feminicidios y el segundo con mayor número de víctimas menores de edad. La ciudadanía todavía no se repone de casos recientes, como el asesinato de Kitzia Citlalli o el de Yajaira Yasmín y, sin embargo, al gobierno estatal, encabezado por Pablo Lemus, le pareció una excelente idea presentar con bombo y platillo el “Fearless Congress”, un encuentro que busca consolidarse como el más grande de Latinoamérica y que, bajo una estética de superación personal, invita a los hombres a vivir su masculinidad “sin miedo”.
El problema no es la introspección masculina, sino el financiamiento público de una agenda que, bajo el barniz de las “nuevas masculinidades”, esconde ese profundo conservadurismo que muchas veces ha sido clave para definir la violencia de género. Incluso pese a que los gobiernos estatales y municipales ya se deslindaron del evento, es un insulto a la inteligencia ciudadana que la Secretaría de Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres (SISEMH), a cargo de Fabiola Loya, haya siquiera contemplado destinar cerca de 400 mil pesos a un foro donde el protagonismo recae en voces que poco o nada tienen que ver con la perspectiva de género. Mientras los refugios para mujeres operan con presupuestos recortados y el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses sigue colapsado ante la crisis de desaparecidos, el erario se utiliza para que un grupo de hombres reflexione sobre su rol en la sociedad desde la comodidad de un estrado.
Y es que Pablo Lemus no estuvo solo en el camino. Fue respaldado de cerca Juan José Frangie, alcalde de Zapopan y Verónica Delgadillo, alcaldesa de Guadalajara; todos ellos, integrantes del Movimiento Ciudadano, ese partido cuya bandera en tiempos electorales es la del progresismo y la defensa de los derechos humanos. Lo más preocupante es que esta es, supuestamente, la alternativa humanitaria frente a una oposición cuyo respaldo reside en la ultraderecha del PAN.
Al observar la lista de ponentes que han desfilado por estos círculos o que validan este tipo de discursos, la máscara se cae. La inclusión de perfiles vinculados a visiones tradicionales, e incluso la cercanía con personajes como el activista Eduardo Verástegui —quien promueve activamente la agenda política de figuras como Donald Trump—, enciende las alarmas sobre los verdaderos intereses del partido naranja.
Movimiento Ciudadano ha perfeccionado el arte del marketing político, pero la realidad ya superó al eslogan. Que un gobierno que se dice “de avanzada” financie un “congreso de hombres” para hablar de igualdad, mientras las órdenes de protección para las víctimas no se ejecutan por falta de personal, es una simulación imperdonable. Es lo que podríamos llamar “justicia estética": el uso de recursos públicos para crear una narrativa de modernidad que no impacta en la seguridad de las jaliscienses. Esto sólo demuestra que para la administración actual, es más prioritario invertir en la reeducación teórica de los hombres que en la protección física de las mujeres.
La indignación de las colectivas feministas, que han convocado a un boicot del evento, es el resultado de años de promesas incumplidas. No se puede hablar de “progresismo” cuando se replican las estructuras de exclusión que el feminismo ha combatido por décadas. El “Fearless Congress” es un refugio para una masculinidad que se resiste a perder el centro de la conversación, validada por un partido que, en la práctica, gobierna con la misma agenda conservadora que dice combatir.
Jalisco no necesita más conferencias de influencers o académicos que “suavizan” el patriarcado sin cuestionar la distribución del poder. Necesita presupuestos que lleguen a las familias de los desaparecidos y a las víctimas de violencia sexual. Si Movimiento Ciudadano insiste en destinar el dinero de la igualdad a financiar el protagonismo masculino, habrá que empezar a llamarlos por lo que son: una versión naranja de esa derecha rancia que tanto critican.