Es la época del sexenio donde mucho se habla de que las elecciones del 2027 -o intermedias- son un referéndum para Sheinbaum, sin embargo la real dicotomía es al interior de la 4T.
Una muestra de ello es el segundo informe de la Presidenta, pues se presentó como un desmarque de su antecesor -tanto en formas como en fondo-, además, marcó algo más que la mitad de un sexenio, sino que inaugura la carrera política hacia las elecciones intermedias de 2027 donde se medirán las fuerzas internas de Morena, entre los del pasado y quienes están con ella.
Aunado a lo político, Sheinbaum llega con activos importantes. La reducción de los homicidios, el incremento de los salarios, la expansión de los programas sociales, la inversión extranjera y el impulso al Plan México forman el núcleo de una narrativa de continuidad y resultados. El Gobierno también presume avances en vivienda, salud, educación e infraestructura.
Pero gobernar no es solamente administrar indicadores, pues la inseguridad continúa como la principal preocupación ciudadana; el crecimiento económico es insuficiente y la corrupción, las disputas internas y la relación con Estados Unidos siguen representando riesgos políticos. Nada nuevo.
Así, el verdadero examen de la presidenta comienza ahora. Sacudirse a “las herencias” -de personajes como de políticas- será el primer gran examen político para el 2027; posteriormente, con los que queden, Morena buscará conservar su mayoría legislativa y disputar 17 gubernaturas, mientras la oposición intentará convertir seguridad, economía y corrupción en el talón de Aquiles de la Cuarta Transformación. El informe puede cerrar un año, los comicios empezará a juzgar todo el sexenio.