El Super Bowl y la interactividad

4 de Febrero de 2026

Alejandro Estivill
Alejandro Estivill

El Super Bowl y la interactividad

Columna invitada_Redes

Soy de los aficionados viejitos. Puedo mencionar anécdotas setenteras de la NFL: mi disfrute cuando Jackie Smith soltó un pase de anotación en el Super Bowl XIII; nombrar defensivas de leyenda como la Cortina de Acero o los Purple People Eaters, a la par de apodos filosos que hoy escasean: el “Zapatos Blancos” Johnson, “Too-Tall” Jones o la “Víbora” Stabler”. Puedo explayarme con el mito del mariscal de campo Billy Kilmer, una suerte de antihéroe por borrachín, panzón y desarticulado, a quien le salían los resortes de las rodilleras a la mitad de los juegos. Nadie está para refutarme.

Ahora hay que aprender de las nuevas generaciones. Reinan hoy maneras diferentes de vivir el juego del fútbol americano que, si bien aún no mesuro, admiro: el Fantasy NFL es una de ellas. Llegó a mis manos el The International Journal of the History of Sport que afirma que los deportes fantasy atraen ya a millones de participantes: un crecimiento exponencial, semillero de un nuevo tipo de afición joven, participativa, informadísima e incluso obsesiva. Ha detonado un nuevo modelo de negocio cuya utilización e implicaciones apenas comprendemos.

La tecnología, favorecedora de interactividad entre amigos, plataformas y el propio juego, así como de flujos de información entre jugadores fantasy, está respondiendo a esta revolución. La NFL colabora con proveedores como Amazon Web Services hacia una comercialización que utiliza, inéditamente, datos y acciones de los aficionados. Su filial Next Gen Stats brinda marcos estadísticos que mejoran tanto el juego virtual como las experiencias reales. Fantasy ha personalizado mejor la experiencia deportiva, simbiosis exitosa, por encima de las cámaras en los cascos o en rincones especiales del estadio. Ha sido el vehículo para convertir al interesado en entrenador o dueño virtual. Ha aumentando la audiencia.

Fantasy empezó antes que el Super Bowl, en 1962, por mano de Wilfred “Bill” Winkenbach, socio de los entonces Oakland Raiders. Su idea pervive: estadísticas que nutren competencias virtuales. Tuvo una primera liga llamada Greater Profesional Pin Pronostic League que motivaba a sus participantes, poseedores de cartas físicas, a revisar denodadamente los periódicos del lunes. Hoy FanDuel es una plataforma de recomendaciones con 180 mil usuarios diarios; entrega 300 millones de consejos para modificar estrategias y competir.

Fantasy tiene una estacionalidad ineludible: no es lo mismo on-season que off-season, “época de juegos regulares” que playoffs virtuales. En su punto máximo, el aficionado le dedica de 30 a 60 minutos entre semana y 12 horas el domingo. 17% de sus participantes ya cumple criterios de adicción a internet, con 25% de sobreexposición a las transmisiones. La otra cara de la moneda es la forma seria y profunda como muchos participantes se informan sobre los jugadores, sus problemas y actuaciones. Si bien la mitad de los fantasy players participa en apuestas, la mayoría lo hace solo una vez al año y 75% gasta menos de cincuenta dólares. El gancho está en el entretenimiento.

La NFL se pregunta si el juego virtual merma el interés por un consumo tradicional (estadio, snacks, amigos, domingo de fútbol). Igual inquieta si individualiza el interés hacia la estrella abandonando el cariño al equipo, a su historia, a sus símbolos. La respuesta ha sido en sentido contrario. El aficionado es más complejo y maduro, por ejemplo, en el béisbol fantasy los participantes en modo “mánager” hacen lazos con la planificación a largo plazo, privilegiando conocimientos sofisticados que minimizan la participación pasiva.

La motivación es diversa y múltiple: desde el solaz hasta el lucro, pueden coexistir la lealtad al equipo y el domingo futbolero con el seguimiento perruno a todo lo que haga Christian McCaffrey, el más prolífico jugador en la realidad virtualizada, y los puntos fantasy que otorgue. Se puede categorizar a los aficionados en ocasionales, fieles a su equipo, aferrados a la fantasía o híbridos, variando incluso según circunstancias y temporadas. Como hallazgo final, los aficionados híbridos muestran las tasas más altas de consumo de medios. Los juegos interactivos amplifican, en lugar de reemplazar, al fanatismo tradicional. Fuera de algunas ligas muy individuales, el Fantasy concluyó en plataformas tradicionales, pero, a mis amigos fantasiosos, que seguirán afanosos las estadísticas de los Stefon Diggs o Smith-Njigba, les deseo “que gane el mejor”.