La Hidra de Lerna, una despiadada serpiente acuática de la mitología griega, era temida por su aspecto terrible: policéfala y, aparentemente, invencible. Por cada cabeza que perdía, dos nuevas brotaban en su lugar. Su sangre y aliento eran venenosos, capaces de matar a cualquiera que se le acercase.
El Cártel de los Soles, cual moderna Hidra, sigue pareciendo imbatible; le han cortado una poderosa cabeza, la de Nicolás Maduro, pero la organización continúa operando. El Cártel de los Soles es la denominación que se le da a un entramado criminal que entrelaza elementos de las más altas esferas militares (ejército, marina, fuerza aérea y guardia nacional), el crimen organizado y la élite política.
El chavismo lleva más de 25 años en el poder, desde la llegada de Hugo Chávez a la presidencia en 1999, seguido por Nicolás Maduro. Tiempo suficiente para que dos jayanes, de incomprensibles pantomimas y barullo (diría Hamlet en El Príncipe de Dinamarca), destrozaran el país.
Con su ascenso, llegaron el deterioro de las instituciones democráticas, el colapso económico, las violaciones sistemáticas a los derechos humanos, la concentración del poder, el cuestionamiento de la legitimidad electoral, la persecución política y una justicia sometida a los designios de la dictadura.
Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, enfrentan actualmente un juicio en Nueva York acusados de narcoterrorismo y de introducir cocaína en Estados Unidos. La polémica vicepresidenta Delcy Rodríguez, ha asumido la presidencia provisional del país; sin embargo, el régimen chavista aún mantiene una fuerte presencia en la estructura del poder y, seguramente, seguirá recurriendo al crimen organizado para sostenerse.
De esta manera, las poderosas Fuerzas Armadas permanecen bajo el control del ministro de Defensa, Vladimir Padrino, mientras que Diosdado Cabello ejerce control sobre los aparatos de policía e inteligencia. Además, Cabello mantiene influencia sobre los militares y los denominados “colectivos”, grupos de civiles armados utilizados para reprimir violentamente cualquier disidencia. Se presume que también tendría relación con grupos colombianos que operan en Venezuela, como las FARC y el ELN, en un entorno de delitos vinculados al tráfico de cocaína, la minería ilegal y la venta irregular de crudo venezolano, entre otros.
La oposición, liderada por María Corina Machado y Edmundo González, el presidente electo, ha quedado marginada. Parecería que en Washington han tomado conciencia de que, por el momento, es preferible mantener a un líder chavista al mando para evitar un mayor caos o un conflicto civil. Donald Trump anunció que administrará temporalmente Venezuela, y es probable que implemente una estrategia paulatina para ir cortando las cabezas de la Hidra de Lerna venezolana. Aunque la restauración de la democracia, el orden constitucional y el estado de derecho, así como la reconstrucción de la riqueza petrolera quebrantada, aún parecen lejanas.
Seguramente hoy, en el Palacio de Miraflores, sede del gobierno del Estado venezolano, nadie duerme tranquilo, debido a los temores, miedos, traiciones y contubernios, todos bajo la lupa y el asedio estadounidense. Bien podríamos recordar a Nicolás Maquiavelo, en El Príncipe, y la práctica de la “razón de Estado”, donde el poder prevalece sobre la moralidad y la democracia convencional. Podríamos aplicar la máxima maquiavélica de que el poder se conquista y se retiene a cualquier costo.
Según la plataforma de investigación Casla Institute, con sede en Praga, República Checa, Venezuela ha recibido del régimen cubano personal militar, de inteligencia y de seguridad, incluidas técnicas de represión, tortura y control social.
Mientras tanto, organizaciones de derechos humanos demandan la pronta y total liberación de los presos políticos y el cierre definitivo de la cárcel El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), considerada un centro de torturas. Es urgente que la Corte Penal Internacional actúe con celeridad contra representantes venezolanos por los crímenes de lesa humanidad, denunciados por organismos internacionales.