Entubar los ríos no es solucionar

25 de Septiembre de 2026

Entubar los ríos no es solucionar

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Miriam Saldaña Cháirez

Hay una pregunta incómoda que deberíamos hacernos cada vez que una lluvia intensa pone a la Ciudad de México de cabeza: ¿el problema es que llueve demasiado o que durante décadas construimos una ciudad que olvidó cómo convivir con el agua? Porque mientras seguimos pensando en el agua como algo que hay que conducir, entubar y sacar lo más rápido posible, en 2026 estamos viendo señales muy claras de que necesitamos cambiar de lógica.

Este año, el Gobierno de la Ciudad de México destinó 7 mil millones de pesos para 643 obras y acciones de agua, drenaje y saneamiento. De ellas, 318 corresponden a drenaje, 304 a agua potable y 21 a saneamiento. Estas últimas tendrán una inversión de 560 millones de pesos y permitirán modernizar plantas de tratamiento y ampliar su capacidad hasta 500 litros por segundo, equivalentes a alrededor de 4 mil 300 pipas diarias.

La pregunta es: ¿qué hacemos además de construir infraestructura para conducir el agua? Mi respuesta es clara: tenemos que recuperar los ecosistemas que durante décadas hemos tratado como obstáculos urbanos. Por eso presenté una iniciativa para reformar los artículos 9, 13 y 16 de la Constitución de la Ciudad de México, con el propósito de reconocer la protección, conservación, recuperación y restauración de ríos, barrancas, humedales, lagunas, canales y demás ecosistemas hídricos. Y 2026 nos está mostrando por qué esta discusión es urgente.

En junio de este año fue inaugurada la regeneración integral de los embarcaderos de Cuemanco y Nativitas, con una inversión de 174 millones de pesos. La intervención beneficia a más de 2 mil familias, a 216 trajineras y remeros y a más de 500 mil visitantes al año. Pero quizá lo más interesante no está en las cifras económicas: Cuemanco incorpora una torre hidrobotánica, jardines de lluvia, captación pluvial, energía solar y acciones de restauración ecológica. SEDEMA informó además que se convirtió en la primera obra pública del país con cero emisiones netas contaminantes certificadas. Esto demuestra que recuperar nuestros cuerpos de agua no significa regresar al pasado. Significa utilizar tecnología, infraestructura y planeación para volver a integrarlos a la ciudad.

También en 2026 se reforzó la protección del Bosque de Agua, con la participación coordinada de autoridades ambientales, de seguridad y procuración de justicia. SEDEMA informó que estas acciones buscan consolidar la vigilancia permanente contra la tala ilegal en esta región. Y aquí está el punto que conecta todas estas historias.

Un canal contaminado, un bosque degradado, una barranca alterada y un río entubado no son problemas aislados. Forman parte del mismo ciclo del agua. Por eso mi iniciativa propone reconocer constitucionalmente a los ecosistemas hídricos como patrimonio ambiental estratégico de la Ciudad de México y establecer un principio de no regresión hídrica, para que los avances alcanzados en la recuperación de un río, humedal o barranca no puedan ser revertidos arbitrariamente.

No se trata de impedir toda obra ni de ignorar las necesidades de una ciudad de millones de habitantes. La propia iniciativa contempla excepciones cuando exista una causa extraordinaria de interés público y se demuestre que no existe una alternativa técnica y ambientalmente menos perjudicial. La discusión, entonces, no es agua contra ciudad.

Es entender que una ciudad que destruye sus ecosistemas hídricos termina pagando la factura en inundaciones, contaminación, pérdida de biodiversidad y mayor presión sobre sus fuentes de abastecimiento. La Ciudad de México ya camina hacia una infraestructura más sustentable. Ahora nos toca dar el siguiente paso: dejar de ver nuestros ríos, humedales, barrancas y canales como territorios que hay que contener o someter, y empezar a reconocerlos como lo que siempre han sido, el tejido vivo que sostiene a la ciudad, que la hidrata, la refresca y le permite respirar.