¿Qué tienen en común países como Australia, Reino Unido, Francia, España, Portugal, Alemania, Dinamarca, Grecia, Indonesia, Malasia, Turquía y Brasil? Todos ellos han restringido el uso de redes sociales a menores de 16 años de edad, pues según estudios realizados por instituciones educativas, gobiernos y profesionales de la salud “ponen en peligro la seguridad y felicidad de este nicho poblacional, ya que han llegado a rebasar niveles de adicción mayores que las drogas y el alcohol en algunos casos”.
Cada día se añaden a la lista más naciones que están contemplando un deterioro mental entre jóvenes y adolescentes que usan las redes para socializar más que para otras tareas. Han visto además un incremento de suicidios, ansiedad, depresión, rompimientos sentimentales, desacato a la autoridad paternal y civil, abandono escolar y abusos sexuales entre los adictos a las plataformas virtuales que los enganchan hasta hacerlos parte de su grupo adictivo, según instituciones académicas.
Pueden pasar hasta 10 horas frente a una computadora, o un teléfono móvil abandonando familia, entorno social y educativo, deberes en el hogar y hasta la misma personalidad, según investigadores de universidades como Harvard, Cambridge, Complutense, entre otras, quienes aseguran que, a pesar de todas las bondades que las redes aportan, los menores de edad las han cambiado por el entorno social, la lectura física de libros, una pareja, una mascota e incluso para sustituir cuestiones espirituales… y sexuales.
Psicólogos y profesionales de la salud mental han visto una forma epidémica del uso de las redes en países como España, Francia y Alemania, donde los adolescentes han llegado al suicidio por el rompimiento sentimental de parejas que incluso nunca existieron: el caso de Anna es simbólico.
Ella radicaba en España y comenzó un romance a sus apenas 154 años de edad con quien dijo ser también madrileño radicado en Bélgica. Al cabo de dos meses se hicieron novios intercambiando sólo fotos, videos, textos y algunas conversaciones. Quien dijo llamarse Diego le comentó que había encontrado un nuevo amor en aquel país y ella se quitó la vida ese mismo día. Lo curioso del caso es que Diego nunca existió, según datos de la policía española.
A México ha llegado la epidemia adictiva de la interacción en redes de menores de edad, así que la UNAM, el Politécnico Nacional, la Metropolitana y otras universidades han trabajado en conjunto para mitigar el problema, aunque no con buenos resultados. Las nuevas tecnologías han dado paso también a engaños de parte de los jóvenes, como el caso del examen que acaban de presentar miles de alumnos para tener acceso a una carrera en la Máxima Casa de Estudios y que se las arreglaron para tratar de engañar a la inteligencia artificial.
El abuso sexual de menores es uno de los mayores problemas que enfrenta la Policía Cibernética aquí, mientras el gobierno apenas se está dando cuenta de que el problema es serio, pero no adopta medidas que eduquen a padres ni protejan a sus hijos.
PALABRA DE HONOR: El pasado sábado se dieron cita en el centro de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, cientos de cristianos para exigir al gobernador, Eduardo Ramírez Aguilar, derogue la reciente reforma aprobada en el Congreso local que permite el reconocimiento administrativo del cambio de género de las personas mayores de edad que así lo soliciten, concentración a la que asistió la diputada local morenista -integrante de una iglesia pentecostés-, María Isabel Rodríguez Jiménez, quien dijo estar presente “como madre y representante popular”. ¿En qué afectará esta reforma el credo religioso de este sector protestante chiapaneco?