Hacia una resolución histórica de condena al esclavismo

30 de Marzo de 2026

Hacia una resolución histórica de condena al esclavismo

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El embajador de Colombia en Etiopía se llama Yeison. Es pequeño de tamaño, pero de una energía insoslayable. Con él he dialogado intensamente sobre los puentes posibles entre América Latina y África. En sus manos estuvo impulsar el Foro de Alto Nivel entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión Africana. Parte de su ímpetu proviene de su compenetración con los ideales de la vicepresidenta de ese país, Francia Márquez. Ella es la primera mujer afrocolombiana en ocupar tal cargo, exminera y originaria de un entorno de población negra (la Cauca) donde inició como activista defendiendo su territorio frente a proyectos extractivos.

Este Foro se realizó en Bogotá del 18 al 21 de marzo durante la X Cumbre de la CELAC. El tema fue el fortalecimiento del diálogo y la cooperación Sur-Sur con África. Incluyó pilares de comercio, cooperación y reparaciones históricas, así como la articulación multilateral. Convocó a representantes de la sociedad civil, el sector privado y la academia. Algunos temas de consenso como la tecnología satelital, los asuntos ambientales del agua y el mejor entendimiento de los efectos del colonialismo fluyeron con notable interés.

No resultó cosa menor el involucramiento de, por ejemplo, la empresa Ethiopian Airlines o la presencia de ejecutivos de puertos como Tema, al este la capital ghanesa, y Cartagena, en el Caribe colombiano, para explorar intercambios sin pasar por Europa o Norteamérica. Si bien el Foro tuvo notable participación de delegados, dejó que desear respecto a la cantidad de lideres. Aun así, fue un paso cualitativamente diferente en la historia del diálogo entre América Latina y África. Superó iniciativas previas entre el ALBA y Africa o reuniones realizadas en otros años en el marco de la ONU. En palabras de la vicepresidenta Francia Márquez “las rutas que un día sirvieron para traficar seres humanos, hoy habrán de convertirse en rutas de libertad para dignificar la vida”.

En ese punto, el Foro tomó un giro especial cuando el presidente Lula de Brasil endosó la iniciativa que el presidente de un país pequeño como Ghana, John Dramani Mahama, había estado impulsando y que llevaría a votación, este 25 de marzo, a la Asamblea General de la ONU. Ahí se declara la trata transatlántica de esclavos y la esclavitud racializada como “el crimen más grave contra la humanidad”. Equipara así estos actos con el Holocausto o el Apartheid. Nos habíamos tardado.

Creció así el apoyo al Grupo Africano y se exhibió la necesidad de la unidad del sur global para enfrentar la herencia colonial y rechazar todas las formas de colonialismo, apartheid y trata que siguen existiendo. La esclavitud —aclaran los seguidores de la resolución— no solo fue crueldad individual, sino una “arquitectura institucionalizada” con consecuencias que persisten. Solo así se rinde tributo a quienes sufrieron esclavitud y a sus descendientes.

La resolución fue adoptada con una votación de 123 países a favor, con liderazgo africano, de CARICOM y de países como Brasil, Rusia, China, México y Uruguay. Tres países se opusieron y 52 se abstuvieron (principalmente europeos). No tenían oposición al espíritu de la resolución sino reservas en tanto que sus adjetivos resultan legalmente imprecisos. Consideraron que, igualmente, podría generar responsabilidades retroactivas e implicaciones por hechos ocurridos cuando las leyes de entonces no los sancionaban.

México ya ha reconocido con plenitud la tercera fuente de su identidad. Más de tres millones de mexicanos se asumen como afrodescendientes. No son las cifras de Brasil y de otros países americanos, pero son importantísimas. En 2019, México incorporó en su Constitución el reconocimiento de los afromexicanos, y en 2024 se aprobó una nueva reforma constitucional que fortaleció sus derechos como parte del compromiso con una sociedad más incluyente.

Habrá que trabajar aún mucho para que la resolución adoptada tenga genuino impacto. Pero la energía que viene desde esas posiciones que a veces se perciben pequeñas, discriminadas, pueden crecer notablemente. CELAC enseña posibilidades de colaboración desde un marco más igualitario y sobre la base de compartir desafíos similares. Con África al lado, se empiezan a abrir puertas de entendiendo y construcción de vasos comunicantes de otra naturaleza, hacia consensos que otorguen mayor independencia y desarrollo frente a actores globales.