Harnack: el regresar al Evangelio original

7 de Julio de 2026

Harnack: el regresar al Evangelio original

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Rubén Moreira

Hay errores que cuestan; a unos más que a otros, es cierto. Es el caso de Adolf von Harnack y su poco brillante idea de respaldar las decisiones del káiser Guillermo II. El teólogo echó por la borda una buena parte de su prestigio y se enemistó con su alumno Karl Barth, una de las mentes más brillantes del siglo XX.

Su pensamiento era el de un hombre de ciencia; su padre fue un teólogo afamado y su hermano, un famoso matemático. Nació en Tartu, en la actual Estonia, en un tiempo en que las fronteras eran inestables. Estudió en las universidades de Dorpat y Leipzig. Sus primeras investigaciones sobre el gnosticismo, el Apocalipsis y los Padres de la Iglesia llamaron la atención del mundo académico y le abrieron las puertas de una larga carrera en la ciencia que estudia a Dios y a la fe.

Jesús vino al mundo no solo en el lugar señalado por las profecías, sino en aquel en el que era imprescindible que ello sucediera. Con su encarnación daba sentido a la creación y disponía el nuevo mandato: el amor. El Hijo del Hombre nunca llegaría en la frivolidad de Roma ni en una residencia llena de lujos. El Evangelio se construye desde la narrativa de la preferencia por los pobres. Jesús se comporta como un humilde campesino y, para hablar y enseñar, utiliza los elementos de su contexto de vida. Así, los ejemplos son los de un siervo y no los de un rey, y menos aún los que argumenta el fariseo.

Para asumirse como cristiano, es necesario descubrir y conocer a profundidad los hechos del Nazareno. Harnack dedicó su trabajo a recuperar el mensaje original del Mesías, pues estaba convencido de que en la tradición se habían incorporado elementos doctrinales ajenos a ese mensaje primigenio. Aseguraba que el núcleo del Evangelio no residía en complejos sistemas dogmáticos, sino en la paternidad de Dios, la dignidad de la persona humana y el amor al prójimo. Sostenía que Jesús no fundó una religión de dogmas y liturgias complicadas, sino un mensaje ético y espiritual centrado en el Reino de Dios y en una conversión efectiva.

En 1914, noventa y tres intelectuales alemanes, entre ellos Max Planck, fundador de la teoría cuántica; Gerhart Hauptmann, premio Nobel de Literatura; Paul Ehrlich, Nobel de Medicina; Walther Nernst, Nobel de Química; y Harnack, firmaron un manifiesto para apoyar la política militar del káiser. La brutalidad de la guerra y la derrota de Alemania les cobraron la factura. En especial, al teólogo, que no entendió la soberanía de Dios ni la torpeza de justificar las ambiciones humanas.

No son pocos los que se deslumbran por el momento y se pierden en el juicio de la historia. Adolf la libró gracias a su enorme capacidad intelectual, pero eso no es común.