Acaba de publicarse un documento auspiciado por la ONU que, traducido libremente al español, es “Hoja de ruta para erradicar la pobreza más allá del crecimiento”, dirigido por el Sr. Olivier De Schutter, relator especial de las Naciones Unidas sobre la Extrema Pobreza y los Derechos Humanos.
El documento ha sido elaborado por más de 400 personas de diferentes áreas, que incluyen agencias de la ONU, sindicatos, académicos y sociedad civil.
Se trata de un texto muy extenso e interesante, y en esta primera aproximación presentaré algunas de las cosas que encuentro más relevantes en su introducción.
Inicia señalando que en un documento previo se demostraba que el crecimiento económico frecuentemente falla en la mejora de los derechos económicos, sociales y humanos de las personas, y que el crecimiento a toda costa exacerba la violación de los derechos humanos.
Señala que la búsqueda del crecimiento a toda costa ha provocado pérdida de biodiversidad, desperdicio y contaminación, a lo que se suma el incremento de las desigualdades y la concentración del ingreso -factores que no solo desestabilizan la economía, sino que representan una amenaza para la democracia.
El relator especial indica que la pregunta que se planteó a todos los participantes fue: ¿cómo podemos atender las emergencias de pobreza y desigualdad sin esperar a que el crecimiento económico sea la condición para mejorar dichas situaciones? Creo que es una pregunta muy interesante que está en la mente de miles de investigadores sobre el tema.
La hoja de ruta menciona que no es una propuesta para reformar la economía elaborada por expertos a puerta cerrada, sino que ha identificado una variedad de medidas que pueden adoptarse para concretar una visión de “Derechos Humanos y Economía” que se enviará a la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos y que, en sus propias palabras, busca estimular la acción política en los países.
El documento destaca cuatro características centrales. La primera es que la hoja de ruta puede adaptarse a las circunstancias de cada país, pues no todas las medidas son universalmente aplicables. En el caso de los países de bajo ingreso -o incluso de ingreso mediano- según la clasificación del Banco Mundial, el crecimiento económico sigue siendo urgente para satisfacer las necesidades básicas de la población y avanzar en la realización de los derechos humanos; sin embargo, se plantea la posibilidad de abandonar los modelos de crecimiento sustentados en la dependencia de exportaciones, la industria extractiva y los bajos salarios.
La segunda característica es que en las políticas diseñadas participan diferentes niveles de gobierno, lo que requiere coordinación. Se mencionan como acciones necesarias, entre las que considero fundamentales, la referida al problema de la deuda externa de muchos países que no pueden pagarla; hacen un llamado a cumplir con el acuerdo del G20 para el tratamiento de dichas deudas, más allá de la iniciativa de suspensión del pago del servicio de la deuda, así como las resoluciones de la Asamblea General de la ONU para la reestructuración de deudas.
Adicionalmente indica el necesario incremento de los impuestos a las utilidades de las corporaciones privadas, en el marco de la Convención de las Naciones Unidas en materia de Cooperación Fiscal, que pretende aplicar un impuesto global a las multinacionales.
La tercera característica indica que las medidas deben aplicarse gradualmente y a lo largo de varios años. La cuarta señala textualmente que la hoja de ruta es “en espíritu, experimentalista”.
En conjunto, el documento busca ser un antídoto a la visión pesimista que prevalece hoy en el mundo, alimentado por la obsesión con la competencia y la presión de la militarización sobre los presupuestos públicos. Con esa idea concluye la introducción.