Kenia pide atender desapariciones

26 de Junio de 2026

Kenia pide atender desapariciones

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Hay momentos en que la política, si tiene alma, se detiene frente al dolor. Y hay figuras públicas que, en medio del ruido y la agenda del día, deciden señalar lo que otros prefieren ignorar. Kenia López Rabadán, presidenta de la Cámara de Diputados, ha sido una de esas voces.

Mientras México vive la euforia del Mundial 2026, mientras los estadios se llenan de colores y cánticos, mientras el país intenta proyectar ante el mundo una imagen de fiesta y estabilidad, en las inmediaciones de los recintos deportivos ha ocurrido algo que debería detenernos a todos: madres y padres buscadores, con fotografías de sus hijos en las manos, se han plantado frente a las cámaras del mundo entero para gritar una verdad que su propio gobierno no ha querido escuchar con la urgencia que merece.

No llegaron a arruinar el partido. Llegaron porque no tienen otro momento, ni otro espacio, ni otra trinchera desde la cual hacerse visibles. Y eligieron el escenario más grande del planeta precisamente porque durante años han buscado en silencio, y el silencio no ha devuelto a sus hijos.

Frente a este cuadro, la presidenta de la Cámara de Diputados ha puesto el dedo en la llaga con una claridad que contrasta con la cautela o la evasión de otros representantes populares. El registro nacional de personas desaparecidas ya supera los 135 mil casos. Ciento treinta y cinco mil familias con una silla vacía en la mesa. Ciento treinta y cinco mil historias de búsqueda que, en demasiados casos, las propias familias y los colectivos de madres buscadoras han tenido que encabezar, asumiendo tareas que corresponden a las instituciones públicas.

A esa cifra se suma la crisis de más de 72 mil restos humanos sin identificar y las miles de fosas clandestinas que salpican el territorio nacional como una geografía del horror que el país no termina de asumir como propia.

La postura de López Rabadán ha sido consistente y valiente en varios frentes. Cuando el gobierno federal intentó minimizar el informe del Comité sobre Desaparición Forzada de Naciones Unidas, ella lo respaldó y señaló que es indispensable reconocer la crisis de desapariciones, y ver ese señalamiento internacional como una oportunidad para encontrar salida a través de mecanismos efectivos. Cuando se supo que habría una posible investigación sobre la forma en que se trasladan las madres buscadoras para manifestarse, la diputada pidió que no se las revictimice ni se las coloque como adversarias, sino que se las reconozca como víctimas que exigen verdad y justicia.

Y cuando el Mundial trajo reflectores al país y algunos vieron en las movilizaciones un problema de imagen, ella reconoció la gravedad de la crisis de desapariciones e identificación forense, y respaldó la participación de organismos internacionales para fortalecer las investigaciones.

El mensaje de fondo es poderoso y necesario: las instituciones tienen la responsabilidad de brindar respuestas oportunas, fortalecer las investigaciones, mejorar las capacidades forenses y garantizar verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. No se trata de retórica. Se trata de la deuda más profunda que tiene el Estado mexicano con su propio pueblo.

Que la presidenta de la Cámara de Diputados haya decidido colocar este tema en el centro de la conversación pública, una y otra vez, con argumentos concretos y sin ceder a la tentación de suavizar el diagnóstico, es un acto de responsabilidad política que merece reconocerse. No porque sea suficiente, sino porque es necesario.

Los mundiales pasan. Los goles se festejan y se olvidan. Las fotografías que las madres buscadoras llevan consigo, en cambio, no tienen fecha de caducidad. Esos rostros son la verdad más incómoda de México, y también la más urgente.
Atenderla no es una opción. Es una obligación.

@jlcamachov