La casa de los morbosos

10 de Agosto de 2026

La casa de los morbosos

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Temporada tras temporada, el programa La casa de los famosos se ha caracterizado por reunir a un grupo de personajes que, por distintas razones, resultan problemáticos en el contexto de la actualidad, siguiendo la lógica de lo que hoy se conoce como rage bait, es decir, contenidos diseñados para incitar al odio, la indignación y la frustración.

Cada participante es un claro ejemplo de esto: hombres misóginos, influencers tóxicos, actores en decadencia, políticos acusados de corrupción y, ahora, en tiempos de supuesta inclusión, hasta el hombre gay y la mujer trans. La fauna que habita La casa de los famosos es una colección de clichés que produce comodidad en quien la mira. El público mexicano sabe que Televisa le está tomando el pelo, pero aún así elige sintonizar esta emisión, por morbo, y porque reafirma la manera en que entiende el mundo.

Tomemos de ejemplo a una personalidad como Aldo Rendón, que reúne tantos estereotipos que, más que un hombre gay, ya se transformó en una caricatura. Es alguien difícil de tomar en serio porque, incluso en la vida real, vive en personaje las 24 horas del día. Muy gracioso y lo que quieran, pero también muy inútil para la sociedad en general… aunque muy útil para el sistema que nos oprime a todos.

Aldo trabajó de la mano -y sigue siendo el mejor aliado- de empresas que promueven el lujo, pues inadvertidamente continúa alimentando esas fantasías entre las nuevas generaciones que lo escuchan (dentro y fuera de la casa) y que también aspiran a ese estilo de vida. En cambio, su participación debería servir para crear conciencia de que ese no es el México -ni el mundo- en el que hoy vivimos, y como una advertencia de lo que le pasa a las personas que no tienen responsabilidad financiera, cuando se dejan llevar por la inercia capitalista y el despilfarro, y no hacen un plan para el futuro.

Todos los amigos famosos de los que habla en sus anécdotas, hoy están anímicamente enfermos y siguen atrapados en una época dorada que ya no existe, consumidos por sus propios delirios de clase. Aldo es muy simpático, eso ni cómo negarlo, pero tiene a toda la casa anestesiada con cientos de historias de consumo exacerbado, falso glamour y nostalgia por aquel México “cuando se amarraba a los perros con chorizo”, diría mi padre.

Aldo Rendón es un tipo de hombre gay que no es representativo de todos los hombres gay,pero más que eso, Aldo es un tipo de persona. Porque hay millones de personas heterosexuales como él: desclasados, despolitizados y con muchos prejuicios. Es la tía que solamente ves en la comida familiar, el primo que se da aires de cosmopolita, la compañera de la escuela que se volvió antiderechos. Es exactamente igual a todas las personas que lo invitan a sus podcasts para sacarle alguna declaración incendiaria, como Patricia Armendáriz, Yordi Rosado o el “Apio” Quijano.

Por eso, aunque gente como Wendy Guevara, Karina Torres y, ahora, Aldo Rendón, son en apariencia muy ofensivos para los valores de la familia mexicana, en realidad son todo lo contrario. Se convierten en los mejores amigos del pensamiento conservador -figurativa y literalmente-, porque son personajes que encajan en el molde que se les asignó, se comportan como se espera de ellos y ayudan a reforzar los estereotipos más dañinos: chuscos, vulgares, ignorantes, irresponsables y cínicos. Y, por lo mismo, se vuelven asimilables e inofensivos. Porque la sociedad los prefiere así: predecibles.