La revisión del T-MEC representa la negociación económica y comercial más importante para México en décadas. De ella dependen inversiones, empleos, cadenas productivas y la posibilidad de aprovechar, como parte de un bloque unido, la inserción de Norteamérica en la nueva dinámica comercial global.
Sin embargo, México llega a esta negociación en una posición de debilidad provocada por decisiones erróneas e irresponsables del narcogobierno de Morena. Durante años, Morena se ha dedicado a destruir la seguridad, la certeza jurídica, los contrapesos institucionales y el respeto al Estado de derecho, activos fundamentales que hicieron de nuestro país un socio confiable para América del Norte.
Hoy, las preocupaciones del gobierno de Estados Unidos ya no se limitan al comercio. La seguridad hemisférica, el combate al narcotráfico, el tráfico de personas, el tráfico de fentanilo y la creciente influencia del crimen organizado forman parte central de la relación bilateral.
Esto es consecuencia de una política de seguridad fallida que permitió la expansión territorial, económica y política de las organizaciones criminales, mientras el gobierno optaba por tejer redes de complicidad, tolerancia y protección para perfiles vinculados directamente con la operación de los cárteles.
El deterioro institucional agrava aún más la situación. Mientras nuestros socios comerciales exigen reglas claras y certidumbre para invertir, Morena impulsó una reforma judicial que genera dudas sobre la independencia de los tribunales, desapareció organismos autónomos y concentró el poder como no había ocurrido en décadas.
La confianza es un elemento indispensable en cualquier acuerdo económico. Confianza para invertir, para producir y para resolver controversias conforme a la ley. Y esa confianza ha sido erosionada por el propio oficialismo. La pregunta es inevitable: ¿cómo puede México aspirar a renegociar exitosamente el T-MEC cuando el gobierno ha debilitado precisamente las instituciones que le daban credibilidad ante el mundo?
La responsabilidad también alcanza a quienes hoy conducen la política exterior y la negociación comercial. Frente a uno de los momentos más importantes para el futuro económico del país, México ha mostrado improvisación donde se requiere estrategia, ideología donde se necesita pragmatismo y perfiles endebles, carentes de experiencia, donde deberían existir credenciales probadas para defender con firmeza los intereses nacionales.
Lo que hoy está en juego es el futuro de millones de familias mexicanas. Cada inversión que no llega, cada planta que se instala en otro país y cada empleo que se pierde por falta de confianza representan una oportunidad menos para las próximas generaciones.
México tiene todo para convertirse en una potencia económica mundial. Tiene una ubicación estratégica privilegiada, capacidad industrial, recursos, talento y una integración productiva que tomó décadas construir. Lo que falta es un gobierno capaz de generar confianza.
En el PRI sabemos que el desarrollo no surge de la improvisación ni de la confrontación permanente. Surge de instituciones fuertes, seguridad, legalidad y visión de largo plazo. Fuimos nosotros quienes construimos gran parte de las bases institucionales que permitieron la modernización económica de México y su integración exitosa con el mundo. Y estamos convencidos de que el país puede volver a crecer, atraer inversión, generar prosperidad y desarrollo.
México necesita recuperar el rumbo. Necesita volver a ser un país donde la ley se respeta, la inversión se protege y las oportunidades se multiplican. Necesita construir un nuevo milagro mexicano. Ese es el desafío de nuestra generación. Y también la alternativa que millones de mexicanas y mexicanos esperan para recuperar la confianza en el futuro.