La UNAM enfrenta su examen de confianza

31 de Julio de 2026

La UNAM enfrenta su examen de confianza

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Annia Quiroz

Durante décadas, el examen de admisión de la Universidad Nacional Autónoma de México representó mucho más que un mecanismo para asignar lugares,quien ingresaba lo hacía bajo la convicción de haber competido en igualdad de condiciones y de que el mérito académico era el único criterio para acceder a una de las instituciones públicas más prestigiosas del país.

Actualmente presenta su mayor desafío.

Las sospechas sobre el posible uso de inteligencia artificial para alterar los resultados del primer examen de admisión completamente en línea, llevaron a la UNAM a suspender temporalmente las inscripciones, integrar una comisión técnica y revisar la validez del proceso. Miles de aspirantes permanecen en la incertidumbre mientras la universidad determina el alcance de las irregularidades detectadas.

No vamos a reducir este tema solo sobre la inteligencia artificial y sobre los alumnos que aprovecharon esta herramienta para hacer trampa. La inteligencia artificial no inventó el fraude. Lo que hizo fue evidenciar que nuestras instituciones están siendo obligadas a resolver problemas para los que sus reglas ya no fueron diseñadas.

La tecnología siempre va un paso adelante de las instituciones; no ocurrió solamente con la inteligencia artificial. Sucedió con internet, con las redes sociales y con la digitalización de prácticamente todos los procesos públicos. La diferencia es que ahora la velocidad del cambio obliga a replantear la manera en que se evalúa el conocimiento.

En el caso de la UNAM, lo que está en juego no es únicamente el ingreso de una generación de estudiantes, está en juego la credibilidad de un proceso que durante años fue considerado un referente de mérito académico.

La respuesta de la UNAM será determinante, no porque deba demostrar que es infalible, sino porque debe demostrar que es capaz de corregir sin perder legitimidad. Las instituciones no generan confianza porque nunca cometen errores; la generan cuando enfrentan esos errores con transparencia, rigor y decisiones que privilegian el interés público sobre la presión política o mediática.

Sin embargo, ya hay una lección que rebasa a la UNAM, y es que cada vez que una institución pierde credibilidad, el daño no se limita al procedimiento cuestionado. También se debilita la confianza de quienes sí cumplieron las reglas. En este caso, miles de jóvenes que dedicaron meses a prepararse y que hoy esperan la certeza de que su esfuerzo sigue teniendo valor.

Este no será el último desafío para los sistemas de evaluación de este tipo de instituciones. Insistir en proteger modelos diseñados para un mundo que ya cambió es un error. Lo urgente no es encontrar nuevas formas de vigilar a los estudiantes, sino construir nuevas formas de evaluar el conocimiento en una realidad donde la tecnología ya forma parte del proceso de aprendizaje.

Hoy no son los aspirantes quienes están a prueba. Es la UNAM la que debe demostrar que su mayor fortaleza sigue siendo la confianza que durante más de un siglo ha sabido construir.